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Ragnarök, el destino de los dioses

En el fin de los tiempos, tres inviernos de grandes luchas se sucederán en todo el mundo. Los hombres se enfrentarán a sus propios hermanos movidos por la codicia y sobrevendrá entonces un terrible invierno sobre el mundo que durará tres años más. Soplará un frío gélido y, desde todos los confines, descenderán tormentas de nieve que oscurecerán el cielo. 

Los lobos devorarán el sol y la luna y las estrellas caerán del cielo. Toda la tierra se estremecerá: las montañas se derrumbarán y el mar se volcará sobre la tierra, agitado por la serpiente de Midgard, que se revolcará con violencia y corromperá el aire y las aguas con su ponzoñoso veneno. Se soltará el barco Naglfar, construido con las uñas de los muertos, y es por ello, para no aumentar el tamaño de Naglfar, que los hombres deben morir con las uñas cortadas. El gigante Hrym lo conducirá, y será libre también Fenrir, el lobo hijo de Loki, el cual, echando fuego por los ojos y las fauces, devorará cuanto encuentre a su paso. Se quebrará entonces el cielo y descenderán cabalgando de la brecha los hijos de Muspel, el mundo del fuego, liderados por Surt. Envuelto en llamas, éste blandirá su espada, más brillante que el sol, y destruirá junto a los demás el puente Bifrost, que conduce al reino de los dioses. 

El lobo Fenrir. Manuscrito islandés del siglo XVI.
Entonces acudirán al llano de Vigrid el lobo Fenrir, la serpiente de Midgard, los hijos de Muspel y los gigantes de la escarcha, liderados éstos por Hrym, y también Loki, a quien le seguirán todos los hombres del infierno. Cuando esto suceda, Heimdal el blanco tocará con fuerza el cuerno Giallarhorn, despertarán los dioses y éstos se reunirán para deliberar. En busca de respuestas, Odín cabalgará a la fuente de Mimir, quien aconsejará a los dioses. Éstos se pondrán sus arreos de combate y llamarán a los guerreros caídos de Valhalla y Vingolf. El fresno Yggdrasil se tambaleará, y comenzará en aquel momento la batalla final de los dioses

El dios Loki. Manuscrito islandés
del siglo XVII.
Odín cabalgará el primero hacia el enemigo, armado con su yelmo de oro, su brillante cota y la lanza Gungnir. Se enfrentará al lobo Fenrir, y Thor estará a su lado luchando con la serpiente de Midgard. Frey luchará contra Surt y mantendrá con él un terrible combate, pero morirá, pues no tendrá consigo la espada que le dio a Skirnir. Se soltará entonces el perro Garm, un monstruo terrible, que se enfrentará a Tyr. Ambos se destruirán mutuamente en la batalla. Thor logrará dar muerte a la serpiente de Midgard, pero, abatido por su veneno, caerá muerto a tierra tras dar nueve pasos. El lobo Fenrir devorará entonces a Odín. Vidar correrá a enfrentarse a la bestia y, pisando su mandíbula inferior, cogerá la superior y le abrirá la boca hasta desgarrársela y matarlo. En el pie con que pisará la mandíbula de Fenrir llevará un zapato hecho con los picos que los hombres recortan de sus sandalias para dejar al descubierto los dedos y el talón. Es por eso, para ayudar a los dioses en su batalla, que los hombres deben apartar esos picos. Loki se enfrantará a Heimdal y ambos se matarán el uno al otro. Nadie acabará con Surt, que lanzará su fuego sobre la tierra y abrasará el mundo entero. 

La batalla de los dioses, por Friedrich
Wilhelm Heine, 1882. 
Pero en el futuro la tierra emergerá de nuevo de entre las aguas, verde y hermosa, y el sol tendrá una hija, Alfrodul, quien traerá otra vez la luz al mundo. Vidar y Vali, que sobrevivieron a la batalla de los dioses, vivirán en el campo de Idi, donde antes estuvo Asgard. Llegarán allí los hijos de Thor, Modi y Magni, que blandirán su martillo, Mjiollnir, y Balder y Hod regresarán del infierno. El hombre volverá a poblar la tierra finalmente, pues en el bosque de Hoddmimir se ocultó del fuego de Surt una pareja de humanos, Lif y Liftrasir, quienes engendrarán a una numerosa descendencia. 


Fuente:
STÚRLUSON, S. (2012): Edda Menor. Lerate, L. (Trad.). Madrid. Alianza Editorial. 

Los poderes de Odín

El dios Odín, señor de la ciudad de Asaheim en Asgard, el reino de los dioses, podía cambiar de forma a su voluntad. Quedaba su cuerpo dormido y, en forma de animal, viajaba a países lejanos para atender sus asuntos o los de otros hombres. Lograba con sus palabras apagar el fuego, calmar el mar y dirigir los vientos en la dirección que deseara. Era dueño además del barco Skidbladnir, con el cual recorría los mares, y que podía ser enrollado como si se tratara de un pañuelo. 

Odín tenía consigo la cabeza del sabio Mimir, que le daba noticias de los otros mundos. Tenía además dos cuervos a los que había enseñado a hablar. Éstos volaban a lo ancho de la tierra y le contaban también muchas novedades. Por ello, Odín era extraordinariamente sabio. A veces, el dios levantaba a los muertos de la tierra y dominaba a los ahorcados, y era llamado por ello Señor de los Espectros o Señor de los Ahorcados. 

Odín, el caminante. Georg von Rosen, 1886.

Todas estas habilidades las enseñaba con encantamientos de runas, pues los Ases son llamados forjadores de encantos. En efecto, Odín practicaba la magia y por ello poseía un gran poder. Mediante sus conjuros, conocía el destino de los hombres y el futuro y era capaz de causar la muerte, la desgracia y el sufrimiento, así como de quitar la razón y la fuerza a unos para otorgársela a otros. 

Aunque Odín superaba en poder a todos los sacerdotes, los hombres también podían practicar sus artes. Sin embargo, si las cultivaban les acompañaba entonces un gran afeminamiento, y por ello sólo las sacerdotisas podían practicar magia. Odín también conocía todos los tesoros ocultos enterrados en la tierra y todos los conjuros que hacían que la tierra, las montañas y las rocas se abrieran a su voluntad, y podía encadenar con sus solas palabras a los que habitaban allí para entrar dentro y tomar cuanto deseaba. 


Fuentes:
STURLUSON, S. (2013). Saga de los Ynglingos. Ibáñez, S. (Ed.). Miraguano. 


El reino de los dioses y el fresno Yggdrasil

Una vez construido el Asgard en mitad del campo de Idi, Odín encomendó a los dioses que rigieran el destino de los hombres. Lo primero que hicieron fue levantar el colosal templo de Gladsheim, en cuyo interior se encuentran las doce sillas de los dioses además del trono de Odín, desde el cual el rey de los dioses observa todos los mundos y lo que en ellos hacen los hombres. Gladsheim es el mayor edificio de la tierra y brilla como el oro puro tanto por fuera como por dentro. A continuación, levantaron una casa muy hermosa, santuario para las diosas, a la que el hombre llama Vingolf. En Vingolf y en Valhalla son acogidos los einheriar, guerreros caídos en la guerra, quienes combaten y festejan en presencia de los dioses hasta el día de la batalla de Ragnarok. En otra casa, los dioses pusieron fraguas, martillos, tenazas y yunques y todo tipo de herramientas, y en ella trabajaron los metales, la piedra y la madera, revistiéndolo todo de oro. Aquella edad se llamó, por lo tanto, la edad de oro.

Ilustración moderna del fresno Yggdrasil en una 
traducción inglesa de la Edda Menor. 
Por Oluf Olufsen Bagge, 1847.

Los dioses se sentaron luego en sus sillas y celebraron consejo cada día. Su sede se halla junto al fresno Yggdrasil, el más grande de todos los árboles, cuyas ramas se extienden sobre todo el mundo y alcanzan el cielo. Yggdrasil se sustenta sobre tres raíces que abarcan todas las tierras: la primera está en Asgard, la segunda en los páramos de los gigantes de la escarcha en lo que en un principio fue el Ginnungagap, y la tercera está sobre el Niflheim, y bajo esta raíz están Hvergelmir y la serpiente Nidhogg, que la muerde con sus dientes. Bajo la raíz que toca la tierra de los gigantes se encuentra la fuente en la cual guarda el gigante Mimir el conocimiento y la inteligencia. Odín viajó hasta allí y dio su ojo a cambio de obtener la sabiduría de la fuente. Bajo la raíz que está en el cielo, hay otra fuente, la fuente de Urd. Allí se reúnen los dioses y cabalgan hasta ella cada día por el puente Bifrost, el arcoíris. Junto a la fuente, dentro de una hermosa sala, se encuentran las nornas, las diosas del destino: Urd, Verdandi y Skuld. Ellas hacen las vidas de los hombres, aunque hay muchas otras, que se encargan del nacimiento de todos los niños. Algunas son de la familia de los dioses, mientras que otras pertenecen a la raza de los elfos y de los enanos. 

Animales prodigiosos habitan las ramas del fresno Yggdrasil: un águila que sabe mucho, el azor Vedrfolnir, la ardilla Ratatosk, los ciervos Dain, Dvalin, Duneyr y Duratror, además de las serpientes que habitan junto a Nidhogg: Goin y Moin, Grabak, Grafvollud, Ofnir y Svafnir. En la fuente de Urd, además, hay una pareja de cisnes de los cuales proceden todos los cisnes que habitan la tierra. 

Yggdrasil y los animales que 
lo habitan. Siglo XVII.

También en el cielo se encuentra Alfheim, hogar de los elfos de luz, aunque los elfos negros viven bajo la tierra. Asimismo, existen Breidablik, el lugar más hermoso de la tierra. Y Glitnir, de oro rojo y plata. Himinbiorg se alza en el límite del cielo, junto al extremo del puente de Bifrost. En Valaskialf se encuentra Hlidskialf, el trono de Odín, y en el extremo sur del cielo se encuentra la sala más hermosa de todas, más brillante que el sol, llamada Gimle. Cuando Surt destruya el cielo y la tierra, Gimle permanecerá en pie y vivirán allí por siempre los hombres buenos y justos. También permanecerán en pie los cielos de Andlang y Vidblain, donde se cree que sólo viven los elfos.


Fuente: 
Snorri Sturluson, Edda Menor.

El origen del mundo y de los dioses según la mitología nórdica

Muchas generaciones antes de que los dioses crearan la tierra, existía ya el mundo llamado Muspel, situado al sur del enorme vacío primordial: Ginnungagap. Llamas abrasadoras arden en Muspel e impiden el acceso a aquellos que no son de allí. El guardián de aquellas tierras, llamado Surt, posee una espada de fuego y, cuando llegue el fin de los tiempos, atacará y dará muerte a todos los dioses y abrasará el mundo de los hombres con sus llamas. Cuando Surt blanda su resplandeciente espada, el cielo se partirá en dos, los riscos entrechocarán, las brujas rebullirán y todos descenderán al mismo infierno, el reino de Hel. 

Mientras el fuego ardía en el mundo de Muspel, al norte del vacío apareció al norte Niflheim, el mundo del frío y de la niebla. En su centro se encuentra la fuente Hvergelmir, origen de los ríos Svol, Gunntra, Fiorm, Fimbultul, Slid y Hrid, Sylg e Ylg, Leipt y Giol, el más cercano a las verjas del infierno. Antes de que aparecieran los hombres y se multiplicara el género humano, los ríos Elivagar se congelaron, y el vaho que su ponzoñosas aguas emanaba se heló en escarcha y cubrió el vacío. 

Hielo y escarcha, azotados por los vientos y cubiertos por la niebla, ocuparon el extremo norte del Ginnungagap, mientras que su extremo meridional se mantuvo caliente por las chispas y el calor que irradiaba Muspel. El centro del vacío permaneció calmo como un aire sin vientos. Sin embargo, el soplo cálido del sur llegó a derretir la escarcha venenosa del norte, que comenzó a gotear, y de las gotas que cayeron surgió vida, impulsada ésta por la fuerza que les dio el calor. De ellas nació el gigante Ymir, el primero de todos los maléficos gigantes de la escarcha.

Ymir se alimenta de la leche de la vaca Audumla
mientras ésta descongela a Buri. Por Nicolai 
Abraham Abildgaard, 1790.

Cuando la escarcha siguió goteando, se formó una vaca llamada Audumla. De sus ubres manaban cuatro ríos de leche, sustento de Ymir. La vaca, por su parte, se alimentaba lamiendo las piedras de escarcha, que estaban saladas. El primer día que lamió las piedras, salió de ellas la cabellera de un hombre. El segundo día, su cabeza. Finalmente, el tercer día apareció el hombre completo. Su nombre era Buri, y era hermoso, grande y fuerte. 

Buri tuvo un hijo llamado Bor, quien se casó con una mujer que se llamaba Bestla y era hija del gigante Boltorn. De esta unión nacieron tres hijos: Odín, Vili y Ve. Cuando crecieron, los tres hermanos se enfrentaron al enorme Ymir y lograron darle muerte. Tanta sangre manó de sus heridas que se ahogaron en ella todos los gigantes salvo uno, llamado Bergelmir por los miembros de su malvada raza. Éste se subió con su mujer al tarimón de un molino y se salvó así de la muerte. Engendraría después a otros gigantes, perpetuando así su especie.

Tras derrotar a Ymir, los tres dioses tomaron su cadáver y lo situaron en mitad del Ginnungagap. Construyeron el mundo con sus despojos: la tierra y las montañas fueron hechas con su carne y sus huesos, las nubes fueron moldeadas a partir de sus sesos, los peñascos y las piedras los hicieron con sus dientes y sus muelas y las astillas de sus huesos, mientras que los mares y los ríos fueron llenados con la sangre del gigante. Cuando enormes gusanos comenzaron a devorar la carne del gigante, los dioses los convirtieron en enanos otorgándoles aspecto humano, y desde entonces los enanos moraron en la tierra y en las rocas. Con el descomunal cráneo de Ymir, los dioses hicieron a continuación el cielo y lo pusieron sobre la tierra apoyándolo en cuatro esquinas. Bajo cada una emplazaron a un enano, los cuales darían su nombre a los cuatro puntos cardinales. Finalmente, los dioses tomaron las chispas que caían de Muspel y las situaron en el cielo, tanto por encima como por debajo del cráneo de Ymir, para que alumbraran el cielo y la tierra. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a contarse los días y los años. 


Nombre de Midgard en una inscripción en nórdico
antiguo en la piedra rúnica de Fyrby.

Los dioses habían dado forma circular a la tierra, alrededor de la cual se extiende el profundo mar. Tierra adentro, los dioses levantaron una empalizada con las pestañas de Ymir para mantener a los gigantes alejados, en las costas, y este recinto fue llamado Midgard, el espacio central. Cuando los hijos de Bor caminaban por la orilla del mar, encontraron dos troncos e hicieron con ellos al primer hombre y la primera mujer. El primero les insufló vida, el segundo les otorgó inteligencia y movimiento, mientras que el tercero les confirió apariencia humana, habla, oído y vista. Sus nombres fueron Ask y Embla, y de ellos desciende el género humano, al que le fue entregado Midgard para que habitara en él. Finalmente, los dioses construyeron para sí un reducto alzado en el centro mismo del mundo y lo llamaron Asgard.


Fuente:
Snorri Sturluson, Edda Menor.

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viernes, 20 de junio de 2014

Ragnarök, el destino de los dioses

En el fin de los tiempos, tres inviernos de grandes luchas se sucederán en todo el mundo. Los hombres se enfrentarán a sus propios hermanos movidos por la codicia y sobrevendrá entonces un terrible invierno sobre el mundo que durará tres años más. Soplará un frío gélido y, desde todos los confines, descenderán tormentas de nieve que oscurecerán el cielo. 

Los lobos devorarán el sol y la luna y las estrellas caerán del cielo. Toda la tierra se estremecerá: las montañas se derrumbarán y el mar se volcará sobre la tierra, agitado por la serpiente de Midgard, que se revolcará con violencia y corromperá el aire y las aguas con su ponzoñoso veneno. Se soltará el barco Naglfar, construido con las uñas de los muertos, y es por ello, para no aumentar el tamaño de Naglfar, que los hombres deben morir con las uñas cortadas. El gigante Hrym lo conducirá, y será libre también Fenrir, el lobo hijo de Loki, el cual, echando fuego por los ojos y las fauces, devorará cuanto encuentre a su paso. Se quebrará entonces el cielo y descenderán cabalgando de la brecha los hijos de Muspel, el mundo del fuego, liderados por Surt. Envuelto en llamas, éste blandirá su espada, más brillante que el sol, y destruirá junto a los demás el puente Bifrost, que conduce al reino de los dioses. 

El lobo Fenrir. Manuscrito islandés del siglo XVI.
Entonces acudirán al llano de Vigrid el lobo Fenrir, la serpiente de Midgard, los hijos de Muspel y los gigantes de la escarcha, liderados éstos por Hrym, y también Loki, a quien le seguirán todos los hombres del infierno. Cuando esto suceda, Heimdal el blanco tocará con fuerza el cuerno Giallarhorn, despertarán los dioses y éstos se reunirán para deliberar. En busca de respuestas, Odín cabalgará a la fuente de Mimir, quien aconsejará a los dioses. Éstos se pondrán sus arreos de combate y llamarán a los guerreros caídos de Valhalla y Vingolf. El fresno Yggdrasil se tambaleará, y comenzará en aquel momento la batalla final de los dioses

El dios Loki. Manuscrito islandés
del siglo XVII.
Odín cabalgará el primero hacia el enemigo, armado con su yelmo de oro, su brillante cota y la lanza Gungnir. Se enfrentará al lobo Fenrir, y Thor estará a su lado luchando con la serpiente de Midgard. Frey luchará contra Surt y mantendrá con él un terrible combate, pero morirá, pues no tendrá consigo la espada que le dio a Skirnir. Se soltará entonces el perro Garm, un monstruo terrible, que se enfrentará a Tyr. Ambos se destruirán mutuamente en la batalla. Thor logrará dar muerte a la serpiente de Midgard, pero, abatido por su veneno, caerá muerto a tierra tras dar nueve pasos. El lobo Fenrir devorará entonces a Odín. Vidar correrá a enfrentarse a la bestia y, pisando su mandíbula inferior, cogerá la superior y le abrirá la boca hasta desgarrársela y matarlo. En el pie con que pisará la mandíbula de Fenrir llevará un zapato hecho con los picos que los hombres recortan de sus sandalias para dejar al descubierto los dedos y el talón. Es por eso, para ayudar a los dioses en su batalla, que los hombres deben apartar esos picos. Loki se enfrantará a Heimdal y ambos se matarán el uno al otro. Nadie acabará con Surt, que lanzará su fuego sobre la tierra y abrasará el mundo entero. 

La batalla de los dioses, por Friedrich
Wilhelm Heine, 1882. 
Pero en el futuro la tierra emergerá de nuevo de entre las aguas, verde y hermosa, y el sol tendrá una hija, Alfrodul, quien traerá otra vez la luz al mundo. Vidar y Vali, que sobrevivieron a la batalla de los dioses, vivirán en el campo de Idi, donde antes estuvo Asgard. Llegarán allí los hijos de Thor, Modi y Magni, que blandirán su martillo, Mjiollnir, y Balder y Hod regresarán del infierno. El hombre volverá a poblar la tierra finalmente, pues en el bosque de Hoddmimir se ocultó del fuego de Surt una pareja de humanos, Lif y Liftrasir, quienes engendrarán a una numerosa descendencia. 


Fuente:
STÚRLUSON, S. (2012): Edda Menor. Lerate, L. (Trad.). Madrid. Alianza Editorial. 

viernes, 2 de mayo de 2014

Los poderes de Odín

El dios Odín, señor de la ciudad de Asaheim en Asgard, el reino de los dioses, podía cambiar de forma a su voluntad. Quedaba su cuerpo dormido y, en forma de animal, viajaba a países lejanos para atender sus asuntos o los de otros hombres. Lograba con sus palabras apagar el fuego, calmar el mar y dirigir los vientos en la dirección que deseara. Era dueño además del barco Skidbladnir, con el cual recorría los mares, y que podía ser enrollado como si se tratara de un pañuelo. 

Odín tenía consigo la cabeza del sabio Mimir, que le daba noticias de los otros mundos. Tenía además dos cuervos a los que había enseñado a hablar. Éstos volaban a lo ancho de la tierra y le contaban también muchas novedades. Por ello, Odín era extraordinariamente sabio. A veces, el dios levantaba a los muertos de la tierra y dominaba a los ahorcados, y era llamado por ello Señor de los Espectros o Señor de los Ahorcados. 

Odín, el caminante. Georg von Rosen, 1886.

Todas estas habilidades las enseñaba con encantamientos de runas, pues los Ases son llamados forjadores de encantos. En efecto, Odín practicaba la magia y por ello poseía un gran poder. Mediante sus conjuros, conocía el destino de los hombres y el futuro y era capaz de causar la muerte, la desgracia y el sufrimiento, así como de quitar la razón y la fuerza a unos para otorgársela a otros. 

Aunque Odín superaba en poder a todos los sacerdotes, los hombres también podían practicar sus artes. Sin embargo, si las cultivaban les acompañaba entonces un gran afeminamiento, y por ello sólo las sacerdotisas podían practicar magia. Odín también conocía todos los tesoros ocultos enterrados en la tierra y todos los conjuros que hacían que la tierra, las montañas y las rocas se abrieran a su voluntad, y podía encadenar con sus solas palabras a los que habitaban allí para entrar dentro y tomar cuanto deseaba. 


Fuentes:
STURLUSON, S. (2013). Saga de los Ynglingos. Ibáñez, S. (Ed.). Miraguano. 


domingo, 13 de abril de 2014

El reino de los dioses y el fresno Yggdrasil

Una vez construido el Asgard en mitad del campo de Idi, Odín encomendó a los dioses que rigieran el destino de los hombres. Lo primero que hicieron fue levantar el colosal templo de Gladsheim, en cuyo interior se encuentran las doce sillas de los dioses además del trono de Odín, desde el cual el rey de los dioses observa todos los mundos y lo que en ellos hacen los hombres. Gladsheim es el mayor edificio de la tierra y brilla como el oro puro tanto por fuera como por dentro. A continuación, levantaron una casa muy hermosa, santuario para las diosas, a la que el hombre llama Vingolf. En Vingolf y en Valhalla son acogidos los einheriar, guerreros caídos en la guerra, quienes combaten y festejan en presencia de los dioses hasta el día de la batalla de Ragnarok. En otra casa, los dioses pusieron fraguas, martillos, tenazas y yunques y todo tipo de herramientas, y en ella trabajaron los metales, la piedra y la madera, revistiéndolo todo de oro. Aquella edad se llamó, por lo tanto, la edad de oro.

Ilustración moderna del fresno Yggdrasil en una 
traducción inglesa de la Edda Menor. 
Por Oluf Olufsen Bagge, 1847.

Los dioses se sentaron luego en sus sillas y celebraron consejo cada día. Su sede se halla junto al fresno Yggdrasil, el más grande de todos los árboles, cuyas ramas se extienden sobre todo el mundo y alcanzan el cielo. Yggdrasil se sustenta sobre tres raíces que abarcan todas las tierras: la primera está en Asgard, la segunda en los páramos de los gigantes de la escarcha en lo que en un principio fue el Ginnungagap, y la tercera está sobre el Niflheim, y bajo esta raíz están Hvergelmir y la serpiente Nidhogg, que la muerde con sus dientes. Bajo la raíz que toca la tierra de los gigantes se encuentra la fuente en la cual guarda el gigante Mimir el conocimiento y la inteligencia. Odín viajó hasta allí y dio su ojo a cambio de obtener la sabiduría de la fuente. Bajo la raíz que está en el cielo, hay otra fuente, la fuente de Urd. Allí se reúnen los dioses y cabalgan hasta ella cada día por el puente Bifrost, el arcoíris. Junto a la fuente, dentro de una hermosa sala, se encuentran las nornas, las diosas del destino: Urd, Verdandi y Skuld. Ellas hacen las vidas de los hombres, aunque hay muchas otras, que se encargan del nacimiento de todos los niños. Algunas son de la familia de los dioses, mientras que otras pertenecen a la raza de los elfos y de los enanos. 

Animales prodigiosos habitan las ramas del fresno Yggdrasil: un águila que sabe mucho, el azor Vedrfolnir, la ardilla Ratatosk, los ciervos Dain, Dvalin, Duneyr y Duratror, además de las serpientes que habitan junto a Nidhogg: Goin y Moin, Grabak, Grafvollud, Ofnir y Svafnir. En la fuente de Urd, además, hay una pareja de cisnes de los cuales proceden todos los cisnes que habitan la tierra. 

Yggdrasil y los animales que 
lo habitan. Siglo XVII.

También en el cielo se encuentra Alfheim, hogar de los elfos de luz, aunque los elfos negros viven bajo la tierra. Asimismo, existen Breidablik, el lugar más hermoso de la tierra. Y Glitnir, de oro rojo y plata. Himinbiorg se alza en el límite del cielo, junto al extremo del puente de Bifrost. En Valaskialf se encuentra Hlidskialf, el trono de Odín, y en el extremo sur del cielo se encuentra la sala más hermosa de todas, más brillante que el sol, llamada Gimle. Cuando Surt destruya el cielo y la tierra, Gimle permanecerá en pie y vivirán allí por siempre los hombres buenos y justos. También permanecerán en pie los cielos de Andlang y Vidblain, donde se cree que sólo viven los elfos.


Fuente: 
Snorri Sturluson, Edda Menor.

viernes, 11 de abril de 2014

El origen del mundo y de los dioses según la mitología nórdica

Muchas generaciones antes de que los dioses crearan la tierra, existía ya el mundo llamado Muspel, situado al sur del enorme vacío primordial: Ginnungagap. Llamas abrasadoras arden en Muspel e impiden el acceso a aquellos que no son de allí. El guardián de aquellas tierras, llamado Surt, posee una espada de fuego y, cuando llegue el fin de los tiempos, atacará y dará muerte a todos los dioses y abrasará el mundo de los hombres con sus llamas. Cuando Surt blanda su resplandeciente espada, el cielo se partirá en dos, los riscos entrechocarán, las brujas rebullirán y todos descenderán al mismo infierno, el reino de Hel. 

Mientras el fuego ardía en el mundo de Muspel, al norte del vacío apareció al norte Niflheim, el mundo del frío y de la niebla. En su centro se encuentra la fuente Hvergelmir, origen de los ríos Svol, Gunntra, Fiorm, Fimbultul, Slid y Hrid, Sylg e Ylg, Leipt y Giol, el más cercano a las verjas del infierno. Antes de que aparecieran los hombres y se multiplicara el género humano, los ríos Elivagar se congelaron, y el vaho que su ponzoñosas aguas emanaba se heló en escarcha y cubrió el vacío. 

Hielo y escarcha, azotados por los vientos y cubiertos por la niebla, ocuparon el extremo norte del Ginnungagap, mientras que su extremo meridional se mantuvo caliente por las chispas y el calor que irradiaba Muspel. El centro del vacío permaneció calmo como un aire sin vientos. Sin embargo, el soplo cálido del sur llegó a derretir la escarcha venenosa del norte, que comenzó a gotear, y de las gotas que cayeron surgió vida, impulsada ésta por la fuerza que les dio el calor. De ellas nació el gigante Ymir, el primero de todos los maléficos gigantes de la escarcha.

Ymir se alimenta de la leche de la vaca Audumla
mientras ésta descongela a Buri. Por Nicolai 
Abraham Abildgaard, 1790.

Cuando la escarcha siguió goteando, se formó una vaca llamada Audumla. De sus ubres manaban cuatro ríos de leche, sustento de Ymir. La vaca, por su parte, se alimentaba lamiendo las piedras de escarcha, que estaban saladas. El primer día que lamió las piedras, salió de ellas la cabellera de un hombre. El segundo día, su cabeza. Finalmente, el tercer día apareció el hombre completo. Su nombre era Buri, y era hermoso, grande y fuerte. 

Buri tuvo un hijo llamado Bor, quien se casó con una mujer que se llamaba Bestla y era hija del gigante Boltorn. De esta unión nacieron tres hijos: Odín, Vili y Ve. Cuando crecieron, los tres hermanos se enfrentaron al enorme Ymir y lograron darle muerte. Tanta sangre manó de sus heridas que se ahogaron en ella todos los gigantes salvo uno, llamado Bergelmir por los miembros de su malvada raza. Éste se subió con su mujer al tarimón de un molino y se salvó así de la muerte. Engendraría después a otros gigantes, perpetuando así su especie.

Tras derrotar a Ymir, los tres dioses tomaron su cadáver y lo situaron en mitad del Ginnungagap. Construyeron el mundo con sus despojos: la tierra y las montañas fueron hechas con su carne y sus huesos, las nubes fueron moldeadas a partir de sus sesos, los peñascos y las piedras los hicieron con sus dientes y sus muelas y las astillas de sus huesos, mientras que los mares y los ríos fueron llenados con la sangre del gigante. Cuando enormes gusanos comenzaron a devorar la carne del gigante, los dioses los convirtieron en enanos otorgándoles aspecto humano, y desde entonces los enanos moraron en la tierra y en las rocas. Con el descomunal cráneo de Ymir, los dioses hicieron a continuación el cielo y lo pusieron sobre la tierra apoyándolo en cuatro esquinas. Bajo cada una emplazaron a un enano, los cuales darían su nombre a los cuatro puntos cardinales. Finalmente, los dioses tomaron las chispas que caían de Muspel y las situaron en el cielo, tanto por encima como por debajo del cráneo de Ymir, para que alumbraran el cielo y la tierra. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a contarse los días y los años. 


Nombre de Midgard en una inscripción en nórdico
antiguo en la piedra rúnica de Fyrby.

Los dioses habían dado forma circular a la tierra, alrededor de la cual se extiende el profundo mar. Tierra adentro, los dioses levantaron una empalizada con las pestañas de Ymir para mantener a los gigantes alejados, en las costas, y este recinto fue llamado Midgard, el espacio central. Cuando los hijos de Bor caminaban por la orilla del mar, encontraron dos troncos e hicieron con ellos al primer hombre y la primera mujer. El primero les insufló vida, el segundo les otorgó inteligencia y movimiento, mientras que el tercero les confirió apariencia humana, habla, oído y vista. Sus nombres fueron Ask y Embla, y de ellos desciende el género humano, al que le fue entregado Midgard para que habitara en él. Finalmente, los dioses construyeron para sí un reducto alzado en el centro mismo del mundo y lo llamaron Asgard.


Fuente:
Snorri Sturluson, Edda Menor.