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Perseo y Medusa

Cuatro generaciones antes del nacimiento de Hércules, reinaba en la ciudad de Argos el cruel Acrisio, hijo de Abante. Deseoso de engendrar un hijo varón que lo sucediera tras su muerte, el rey Acrisio consultó el oráculo de Delfos. Lo que la Pitia comunicó al monarca fue contrario a sus deseos: Acrisio jamás engendraría a un hijo varón. De hecho, su propio nieto acabaría con su vida y le arrebataría la corona.

Consternado por la profecía del oráculo, Acrisio regresó a Argos dispuesto a
 evitar el nacimiento de su nieto. Para ello, el rey ordenó encerrar a su única hija, la princesa Dánae, en una mazmorra subterránea o una torre. No obstante, Zeus observaba con deseo a Dánae desde lo alto del monte Olimpo. 

Mientras la joven languidecía atrapada en su prisión, el rey de los dioses se deslizó en el interior de la celda en forma de oro líquido y sedujo a Dánae. Nueve meses después de aquel encuentro nacería Perseo, uno de los primeros héroes y grandes reyes de  la Grecia heroica. 

Cuando Acrisio descubrió que su hija había dado a luz a Perseo, no creyó que Zeus la hubiera seducido. Furioso, alegando que la joven ya se hallaba encinta antes de su encarcelamiento, Acrisio introdujo a Dánae y a su nieto en una cesta o caja de madera que ordenó arrojar al mar. 

Las olas arrastraron el arcón mar adentro, pero ni Dánae ni Perseo murieron. Las
 aguas del mar los condujeron hasta la isla rocosa de Sérifos, donde fueron rescatados por un pescador llamado Dictis, el humilde hermano del rey de la isla, y su mujer Clímene. 

Educado por Dánae y el matrimonio de pescadores, Perseo creció en la isla de Sérifos, muy lejos del rey Acrisio y del trono de Argos, su verdadero hogar. 


Perseo y Medusa. Cerámica de figuras negras. 
Siglo VI a.C.
En la rocosa Sérifos, patria adoptiva de Perseo, reinaba Polidectes, el hermano de Dictis el pescador. En el pasado, Polidectes había expulsado a Dictis del trono en un alzamiento ilegítimo. Ahora, cuando Perseo ya era un joven fuerte y atlético, el monarca se enamoró de Dánae, la madre del héroe. Pero el rey no se atrevió a tomar a Dánae por la fuerza encontrándose Perseo, un vástago del propio Zeus, en la isla. Así pues, para que Perseo no pudiera proteger a su madre, el rey Polidectes tramó un engaño. 

Polidectes convocó a los hombres de la ciudad y les hizo creer que se disponía a reunir una gran dote para un fingido matrimonio con la doncella Hipodamía, hija de Enómao. Para deshacerse de Perseo en concreto, Polidectes ordenó al joven hacerse con un regalo único para la princesa Hipodamía: la cabeza de la Gorgona Medusa. El rey lo enviaba de esta forma a una muerte segura, ya que Medusa podía convertir en piedra a aquel que se atreviera a mirarla. El monstruo tenía una cabeza rodeada de serpientes, grandes colmillos como de jabalí, manos de bronce y alas de oro por medio de las cuales podía volar. 


Perseo y Medusa. Céramica de figuras rojas. 
Siglo V a.C.
En su búsqueda de Medusa, y ayudado por Atenea y Hermes, Perseo viajó en primer lugar hasta la morada de las Greas, hijas de Forcis y Ceto, llamadas Enio, Pefredo y Dino. Estas ancianas habitaban cerca del lago Tritónide, en las arenas de Libia, y compartían un solo ojo y un diente. Tras arrebatarles el ojo y el diente a las Greas, Perseo las obligó a revelarle el paradero de unas ninfas que poseían artefactos mágicos que lo ayudarían en su misión. Las Greas le indicaron el camino hacia las ninfas, quienes lo obsequiaron con un morral, unas sandalias aladas y el casco de Hades, que podía volver invisible a su portador. 

Habiendo superado su primera etapa del viaje, Perseo se echó el morral de las ninfas alrededor del cuello, se puso el yelmo en la cabeza y se ciñó las sandalias. Echó entonces a volar en dirección al Océano, donde se encontraba la guarida de las Gorgonas. El dios Hermes le entregó una hoz, con la cual habría de cortarle la cabeza a Medusa, la única Gorgona que podía morir. Al contrario que Medusa, sus hermanas eran inmortales; sus nombres eran Esteno y Euríale. 


Perseo decapita a una versión de Medusa distinta a la recogida
por las fuentes escritas. Relieve del siglo VII a.C.
Ya en el interior del antro de Medusa, oculto con el casco de Hades y empuñando la hoz de Hermes, Perseo se situó junto al lecho de las Gorgonas mientras dormían. Atenea guió la mano del héroe haciéndolo volverse y mirar el reflejo de Medusa en la superficie pulida de su escudo de bronce. Sólo así evitaría mirar a la criatura directamente a los ojos en caso de que despertara. Pero Medusa no despertó, y Perseo, que había cruzado el mundo conocido en busca de la cabeza del monstruo, la decapitó de un tajo certero.
De la herida abierta del monstruo emergieron el caballo Pegaso y también Crisaor, padre de Geriones, ambos hijos de Poseidón y Medusa. Perseo guardó entonces la cabeza de Medusa en el morral y se dispuso a abandonar la guarida de las Gorgonas. Las hermanas de Medusa despertaron de su sueño y comenzaron a perseguirlo, pero no pudieron atraparlo, ya que el casco de Hades lo hacía invisible.

Mientras volaba de regreso a Sérifos, al oeste del mundo Perseo se encontró con el titán Atlas, un antiguo dios de estatura gigantesca y enorme fuerza. Atlas, que era enemigo de Zeus y sus descendientes, impidió a Perseo descansar en sus tierras. Por eso Perseo lo convirtió en montaña enseñándole la cabeza de Medusa. Nacía así la cordillera del Atlas.

Más tarde, en su vuelo de regreso a Sérifos, Perseo convirtió en piedra a la monstruosa criatura marina Ceto, salvando así a la princesa etíope Andrómeda. Tras rescatar a la princesa, Perseo la tomó como esposa. Entonces Fineo, anterior pretendiente de la joven, reunió a sus hombres y se enfrentó al héroe. Pero Perseo salió victorioso de un combate a espada. Después de pasar un año en Etiopía y tener un hijo con Andrómeda, regresó al fin a Sérifos. 



Perseo y Andrómeda. Mosaico romano. 
Siglo II-III d.C. aprox.
En ausencia de Perseo, el rey Polidectes había tratado de raptar a Dánae. Ahora, la madre de Perseo se refugiaba en el altar de Zeus. Cuando Perseo acudió ante el rey Polidectes y le informó de que había conseguido la cabeza de Medusa, el rey lo acusó de estar mintiendo. Para castigar la maldad de Polidectes y burlarse de su incredulidad, Perseo le mostró a la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra, salvando así a su madre del cruel rey. Después, Perseo entregó el trono de Sérifos al pescador Dictis, quien lo había recogido del mar y criado cuando era un niño, y que era el legítimo rey. 

Tras derrocar a Polidectes en la rocosa Sérifos, Perseo viajó a la Grecia continental para tratar de reconciliarse con su abuelo. Pero el rey Acrisio se negó a verlo por temor a la vieja profecía del oráculo de Delfos. Más tarde, sin embargo, Perseo participó en una competición en la ciudad de Larisa. Sin saberlo, el rey Acrisio acudió como espectador. El anciano rey no podría escapar ya de su destino: lanzando un disco, Perseo alcanzó y mató accidentalmente a Acrisio. Se cumplía así la profecía del oráculo. 

Aunque Perseo se convirtió en el nuevo rey de Argos, avergonzado por la muerte de su abuelo, el héroe decidió cambiar su reino por el de su primo. Así, Perseo recibió la corona de Tirinto y fundó la ciudad de Micenas, futura patria de los grandes héroes Hércules y Agamenón. Allí, en la fastuosa Micenas, Perseo reinó hasta su muerte junto a su esposa, la prinecesa etíope Andrómeda.



Fuentes:
APOLODORO (2002): Biblioteca Mitológica. (Calderón, J., Ed.). Madrid. Akal. 
OVIDIO (2011), Metamorfosis. (Leonetty, E., Trad.). Barcelona. Espasa.
PAUSANIAS (1994): Descripción de Grecia. (Gómez, F.J. Trad.). Madrid. Gredos.
  

La Atlántida y los dioses del Olimpo según la historia universal de Diodoro de Sicilia

Los llamados atlantes habitaban una tierra próspera y con grandes ciudades situada en las regiones junto al Océano. Tras enfrentarse al pueblo de las Amazonas y perder a manos de éstas la ciudad atlante de Cerne, establecieron con ellas un tratado de amistad y, juntos, ambos pueblos combatieron a las tribus de los gorgones, que acechaban constantemente a los atlantes. 

Los atlantes destacaban por su cortesía y una gran devoción hacia los dioses, y afirmaban que el nacimiento de éstos tuvo lugar entre ellos, pues los dioses no eran seres inmortales, sino hombres célebres y grandes reyes atlantes del pasado honrados tras su muerte. 

Urano fue su primer rey. Descubrió el uso y almacenamiento de los frutos cultivables y distintos artificios de la civilización que alejarían a su pueblo de la vida salvaje. Ideó leyes con las que regir a sus súbditos y dominó una enorme extensión de la tierra habitada, especialmente las regiones de occidente y el norte de Europa. Como gran observador de los astros, enseñó al pueblo a contar los años, las estaciones y los meses, y por ello las masas, asombrándose de sus conocimientos, atribuyeron cierta naturaleza divina a su señor y le rindieron culto como el dios de los cielos tras su muerte.

 Representación moderna de la Atlántida a imagen de los
 anillos descritos por Platón. Diodoro no menciona los anillos,
utiliza la palabra "Atlántida" ni llega a describir las tierras de 
los atlantes como una isla. 

Urano tuvo cuarenta y cinco hijos de numerosas mujeres. Dieciocho de ellos fueron hijos de Titea y se llamaron por lo tanto Titanes. Dos de sus hijas fueron más brillantes que el resto. Se llamaban Basilea y Rea, esta última conocida también como Pandora. Basilea, que recibió de sus súbditos el nombre de Gran Madre, se casó con su hermano Hiperión, sucesor de Urano, y engendró a Helios y Selene. Sin embargo, celosos del poder de Hiperión, sus hermanos degollaron a su rey y ahogaron a Helios en el río Erídano. 

Tras la muerte de su hijo, Basilea creyó hablar en sueños con el espíritu de Helios. En su sueño, Helios le rogó que no llorara, pues en el futuro los Titanes habrían de ser castigados por su crimen, mientras que el sol y la luna serían conocidos desde entonces por los nombres de Helios y Selene, alcanzado éstos renombre universal. Cuando Basilea compartió el contenido de su sueño con su pueblo, los hombres llamaron Helios y Selene al sol y la luna y más tarde elegirían a Zeus como soberano en lugar de los Titanes.

Tras la muerte de Hiperión, en efecto, los hijos de Urano se repartieron el reino, aunque habrían de perderlo más adelante. Sus dos hijos más preclaros fueron Atlas y Cronos. Atlas recibió las zonas costeras junto al Océano y llamó atlantes a sus habitantes, además de dar su nombre a la montaña más alta del lugar. El rey Atlas era experto en la astrología y fue el primero en idear la noción de la esfera. Por esta razón se llegó a creer que el mundo entero descansaba sobre sus hombros. En una ocasión, cuando descendía por las laderas del monte Atlas tras observar los cielos, un fuerte viento lo derribó y acabó con su vida. Desde entonces, apiadándose de su desgracia, los hombres le rindieron culto.

Cordillera Atlas en el noroeste africano, bautizada así por 
el Titán Atlas, quien según la narración de Diodoro
moriría al descender por sus laderas.

Cronos, hermano de Atlas, especialmente sacrílego y engreído, desposó a Rea o Pandora. De su unión nació Zeus, quien llegaría a reinar sobre todos los pueblos de la tierra. Existió otro rey Zeus, hermano de Urano y rey de Creta, pero éste gozó de mucha menos fama y un poder menor que el hijo de Cronos. 

El rey Zeus hijo de Cronos llevó una vida totalmente opuesta a la de su despreciable padre. Se mostró favorable y humanitario con todos sus súbditos, por lo que pronto fue llamado padre por la multitud. Cuando Cronos y los demás Titanes le declararon la guerra, Zeus los derrotó y visitó todas las tierras del mundo conocido, convirtiéndose entonces en el señor de todo el mundo y benefactor de la estirpe humana. Durante su reinado, Zeus puso todo su ardor para castigar a los impíos y los malvados a la vez que demostró su buena intención hacia las masas. En agradecimiento, tras su muerte, los hombres de todo el mundo lo adoraron como al mayor de los dioses y fue llamado Zen, nombre que recordaba la buena vida que había brindado a la raza humana. 


Fuente:
Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica (Libro III).

La Atlántida según los diálogos de Platón

Solón, miembro de los Siete Sabios y abuelo de Critias, escuchó de boca de los egipcios que las inscripciones de la ciudad de Sais, en el delta del Nilo, hablaban del origen y hundimiento de la legendaria isla de la Atlántida. Según las crónicas de los egipcios, cuando, al principio, los dioses se repartieron las distintas partes del mundo, Poseidón recibió la isla de la Atlántida. La isla, situada más allá de las Columnas de Hércules, era mayor que Libia y Asia juntas, y a través de ella se podía acceder a otras islas, desde las cuales se podía acceder a su vez a otro continente. 

 Representación moderna de la Atlántida imagen de 
una antigua ciudad griega. La vela del barco muestra el 
símbolo encontrado en el yacimiento tartésico de Cancho 
Roano, que ha llegado a ser relacionado con la Atlántida 
debido a su parecido con los anillos del continente perdido.
También se ha relacionado la Atlántida con el yacimiento 
de Marroquíes Bajos en la ciudad de Jaén.

Hacia el mar, justo en el medio de la Atlántida, existía la más bella de todas las llanuras, con una montaña de poca altura situada en el medio. El dios de los mares dejó aislada la colina haciendo círculos alternos de agua y tierra a su alrededor: dos anillos de tierra y tres de mar. Una de las fuentes que manaban de su subsuelo tenía agua caliente, mientras que en la otra fluía agua fría. 

Con una mujer mortal, Poseidón engendró cinco generaciones de gemelos en la Atlántida. Éstos gobernarían las diez regiones de la isla, que recibiría su nombre del mayor de sus gobernantes, el rey Atlas. Gadiro, que reinaba cerca de las Columnas de Hércules, dio su nombre a la cercana región de Gadírica, situada frente a la península ibérica. 

Bajo la tutela de Poseidón, los atlantes pronto desarrollaron una próspera civilización y poseyeron más riquezas que ningún otro pueblo. En la Atlántida era abundante el oricalco, un preciado mineral únicamente superado en valor por el oro. También era muy numerosa en la isla la especie de los elefantes. 

Los habitantes de la Atlántida construyeron su palacio real en la colina rodeada por los anillos de agua. Tendieron numerosos puentes sobre los tres círculos de mar haciendo caminos que comunicaban la parte de fuera y la residencia real. A continuación, excavaron un canal desde el mar hasta el anillo exterior y construyeron allí un puerto. También abrieron un canal a través de los círculos de tierra, uniendo así las aguas de los anillos con las del mar exterior. 

Representación de una ciudad asomada al mar en un 
fresco del segundo siglo antes de Cristo hallado en Santorini. 
El archipiélago de Santorini ha sido relacionado también 
con la civilización minoica debido al cataclismo que sumergió 
su isla central en el mar durante la Edad del Bronce.  

Los atlantes rodearon la isla central con enormes murallas, torres y puertas, construidas con piedra blanca, negra y roja. También revistieron las murallas de los anillos de tierra con bronce, casiterita y oricalco, que resplandecía como el fuego. En la acrópolis, en el palacio real, levantaron templos, estatuas y altares de marfil, plata, oro y oricalco en honor al dios Poseidón. También había en la acrópolis un enorme hipódromo. En los anillos que rodeaban la residencia real, construyeron asimismo templos consagrados a distintos dioses y numerosos gimnasios.

A lo largo de muchas generaciones, los atlantes conservaron la naturaleza divina de Poseidón. Fueron justos y fuertes, no se dejaron torcer por la avaricia y albergaron pensamientos verdaderos y elevados. Después, sin embargo, desapareció en ellos la parte del dios, pues se había mezclado mucho con la del hombre. Les dominó entonces el temperamento humano y se volvieron vulgares, aunque se creían aún enormemente bellos debido a su gran arrogancia. 

Nueve mil años antes de la época de Platón, la Atlántida llegó a controlar toda Europa hasta Italia y el norte de África hasta Egipto. Toda esta potencia, tras concentrarse en una sola, intentó conquistar las tierras de Grecia y esclavizar a sus habitantes. Sin embargo, la ciudad de Atenas se alzó contra el ejército atlante y, liderando a las ciudades vecinas, resistió su invasión. A continuación, los atenienses combatieron a los atlantes e impidieron que los pueblos que aún quedaban en libertad fueran esclavizados

Las olas de un tsunami destruyen las costas de Creta. 
Ilustración de Roger Payne. El colapso de la civilización 
minoica, quizás por la erupción de Santorini, y la subsiguiente 
invasión micénica de la isla han sido relacionados 
también con el hundimiento de la Atlántida.

Los atenienses liberaron finalmente a todos los pueblos del interior de las Columnas de Hércules, expulsando a los atlantes de regreso a su isla. En el tiempo siguiente, sobrevinieron un violento seísmo y un cataclismo. Durante un día y una noche terribles, la isla de la Atlántida se hundió bajo las aguas del mar, quizás por designio de Zeus, el rey de los dioses, a quien irritaba el orgullo desmedido de los atlantes. También se hundió bajo la tierra la casta guerrera de los atenienses que combatieron contra la Atlántida, antepasados de los griegos.


Fuentes:
Platón, Timeo y Critias.

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Para leer una extraña crónica histórica acerca del pueblo de los atlantes, pincha aquí.
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martes, 2 de abril de 2019

Perseo y Medusa

Cuatro generaciones antes del nacimiento de Hércules, reinaba en la ciudad de Argos el cruel Acrisio, hijo de Abante. Deseoso de engendrar un hijo varón que lo sucediera tras su muerte, el rey Acrisio consultó el oráculo de Delfos. Lo que la Pitia comunicó al monarca fue contrario a sus deseos: Acrisio jamás engendraría a un hijo varón. De hecho, su propio nieto acabaría con su vida y le arrebataría la corona.

Consternado por la profecía del oráculo, Acrisio regresó a Argos dispuesto a
 evitar el nacimiento de su nieto. Para ello, el rey ordenó encerrar a su única hija, la princesa Dánae, en una mazmorra subterránea o una torre. No obstante, Zeus observaba con deseo a Dánae desde lo alto del monte Olimpo. 

Mientras la joven languidecía atrapada en su prisión, el rey de los dioses se deslizó en el interior de la celda en forma de oro líquido y sedujo a Dánae. Nueve meses después de aquel encuentro nacería Perseo, uno de los primeros héroes y grandes reyes de  la Grecia heroica. 

Cuando Acrisio descubrió que su hija había dado a luz a Perseo, no creyó que Zeus la hubiera seducido. Furioso, alegando que la joven ya se hallaba encinta antes de su encarcelamiento, Acrisio introdujo a Dánae y a su nieto en una cesta o caja de madera que ordenó arrojar al mar. 

Las olas arrastraron el arcón mar adentro, pero ni Dánae ni Perseo murieron. Las
 aguas del mar los condujeron hasta la isla rocosa de Sérifos, donde fueron rescatados por un pescador llamado Dictis, el humilde hermano del rey de la isla, y su mujer Clímene. 

Educado por Dánae y el matrimonio de pescadores, Perseo creció en la isla de Sérifos, muy lejos del rey Acrisio y del trono de Argos, su verdadero hogar. 


Perseo y Medusa. Cerámica de figuras negras. 
Siglo VI a.C.
En la rocosa Sérifos, patria adoptiva de Perseo, reinaba Polidectes, el hermano de Dictis el pescador. En el pasado, Polidectes había expulsado a Dictis del trono en un alzamiento ilegítimo. Ahora, cuando Perseo ya era un joven fuerte y atlético, el monarca se enamoró de Dánae, la madre del héroe. Pero el rey no se atrevió a tomar a Dánae por la fuerza encontrándose Perseo, un vástago del propio Zeus, en la isla. Así pues, para que Perseo no pudiera proteger a su madre, el rey Polidectes tramó un engaño. 

Polidectes convocó a los hombres de la ciudad y les hizo creer que se disponía a reunir una gran dote para un fingido matrimonio con la doncella Hipodamía, hija de Enómao. Para deshacerse de Perseo en concreto, Polidectes ordenó al joven hacerse con un regalo único para la princesa Hipodamía: la cabeza de la Gorgona Medusa. El rey lo enviaba de esta forma a una muerte segura, ya que Medusa podía convertir en piedra a aquel que se atreviera a mirarla. El monstruo tenía una cabeza rodeada de serpientes, grandes colmillos como de jabalí, manos de bronce y alas de oro por medio de las cuales podía volar. 


Perseo y Medusa. Céramica de figuras rojas. 
Siglo V a.C.
En su búsqueda de Medusa, y ayudado por Atenea y Hermes, Perseo viajó en primer lugar hasta la morada de las Greas, hijas de Forcis y Ceto, llamadas Enio, Pefredo y Dino. Estas ancianas habitaban cerca del lago Tritónide, en las arenas de Libia, y compartían un solo ojo y un diente. Tras arrebatarles el ojo y el diente a las Greas, Perseo las obligó a revelarle el paradero de unas ninfas que poseían artefactos mágicos que lo ayudarían en su misión. Las Greas le indicaron el camino hacia las ninfas, quienes lo obsequiaron con un morral, unas sandalias aladas y el casco de Hades, que podía volver invisible a su portador. 

Habiendo superado su primera etapa del viaje, Perseo se echó el morral de las ninfas alrededor del cuello, se puso el yelmo en la cabeza y se ciñó las sandalias. Echó entonces a volar en dirección al Océano, donde se encontraba la guarida de las Gorgonas. El dios Hermes le entregó una hoz, con la cual habría de cortarle la cabeza a Medusa, la única Gorgona que podía morir. Al contrario que Medusa, sus hermanas eran inmortales; sus nombres eran Esteno y Euríale. 


Perseo decapita a una versión de Medusa distinta a la recogida
por las fuentes escritas. Relieve del siglo VII a.C.
Ya en el interior del antro de Medusa, oculto con el casco de Hades y empuñando la hoz de Hermes, Perseo se situó junto al lecho de las Gorgonas mientras dormían. Atenea guió la mano del héroe haciéndolo volverse y mirar el reflejo de Medusa en la superficie pulida de su escudo de bronce. Sólo así evitaría mirar a la criatura directamente a los ojos en caso de que despertara. Pero Medusa no despertó, y Perseo, que había cruzado el mundo conocido en busca de la cabeza del monstruo, la decapitó de un tajo certero.
De la herida abierta del monstruo emergieron el caballo Pegaso y también Crisaor, padre de Geriones, ambos hijos de Poseidón y Medusa. Perseo guardó entonces la cabeza de Medusa en el morral y se dispuso a abandonar la guarida de las Gorgonas. Las hermanas de Medusa despertaron de su sueño y comenzaron a perseguirlo, pero no pudieron atraparlo, ya que el casco de Hades lo hacía invisible.

Mientras volaba de regreso a Sérifos, al oeste del mundo Perseo se encontró con el titán Atlas, un antiguo dios de estatura gigantesca y enorme fuerza. Atlas, que era enemigo de Zeus y sus descendientes, impidió a Perseo descansar en sus tierras. Por eso Perseo lo convirtió en montaña enseñándole la cabeza de Medusa. Nacía así la cordillera del Atlas.

Más tarde, en su vuelo de regreso a Sérifos, Perseo convirtió en piedra a la monstruosa criatura marina Ceto, salvando así a la princesa etíope Andrómeda. Tras rescatar a la princesa, Perseo la tomó como esposa. Entonces Fineo, anterior pretendiente de la joven, reunió a sus hombres y se enfrentó al héroe. Pero Perseo salió victorioso de un combate a espada. Después de pasar un año en Etiopía y tener un hijo con Andrómeda, regresó al fin a Sérifos. 



Perseo y Andrómeda. Mosaico romano. 
Siglo II-III d.C. aprox.
En ausencia de Perseo, el rey Polidectes había tratado de raptar a Dánae. Ahora, la madre de Perseo se refugiaba en el altar de Zeus. Cuando Perseo acudió ante el rey Polidectes y le informó de que había conseguido la cabeza de Medusa, el rey lo acusó de estar mintiendo. Para castigar la maldad de Polidectes y burlarse de su incredulidad, Perseo le mostró a la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra, salvando así a su madre del cruel rey. Después, Perseo entregó el trono de Sérifos al pescador Dictis, quien lo había recogido del mar y criado cuando era un niño, y que era el legítimo rey. 

Tras derrocar a Polidectes en la rocosa Sérifos, Perseo viajó a la Grecia continental para tratar de reconciliarse con su abuelo. Pero el rey Acrisio se negó a verlo por temor a la vieja profecía del oráculo de Delfos. Más tarde, sin embargo, Perseo participó en una competición en la ciudad de Larisa. Sin saberlo, el rey Acrisio acudió como espectador. El anciano rey no podría escapar ya de su destino: lanzando un disco, Perseo alcanzó y mató accidentalmente a Acrisio. Se cumplía así la profecía del oráculo. 

Aunque Perseo se convirtió en el nuevo rey de Argos, avergonzado por la muerte de su abuelo, el héroe decidió cambiar su reino por el de su primo. Así, Perseo recibió la corona de Tirinto y fundó la ciudad de Micenas, futura patria de los grandes héroes Hércules y Agamenón. Allí, en la fastuosa Micenas, Perseo reinó hasta su muerte junto a su esposa, la prinecesa etíope Andrómeda.



Fuentes:
APOLODORO (2002): Biblioteca Mitológica. (Calderón, J., Ed.). Madrid. Akal. 
OVIDIO (2011), Metamorfosis. (Leonetty, E., Trad.). Barcelona. Espasa.
PAUSANIAS (1994): Descripción de Grecia. (Gómez, F.J. Trad.). Madrid. Gredos.
  

martes, 25 de marzo de 2014

La Atlántida y los dioses del Olimpo según la historia universal de Diodoro de Sicilia

Los llamados atlantes habitaban una tierra próspera y con grandes ciudades situada en las regiones junto al Océano. Tras enfrentarse al pueblo de las Amazonas y perder a manos de éstas la ciudad atlante de Cerne, establecieron con ellas un tratado de amistad y, juntos, ambos pueblos combatieron a las tribus de los gorgones, que acechaban constantemente a los atlantes. 

Los atlantes destacaban por su cortesía y una gran devoción hacia los dioses, y afirmaban que el nacimiento de éstos tuvo lugar entre ellos, pues los dioses no eran seres inmortales, sino hombres célebres y grandes reyes atlantes del pasado honrados tras su muerte. 

Urano fue su primer rey. Descubrió el uso y almacenamiento de los frutos cultivables y distintos artificios de la civilización que alejarían a su pueblo de la vida salvaje. Ideó leyes con las que regir a sus súbditos y dominó una enorme extensión de la tierra habitada, especialmente las regiones de occidente y el norte de Europa. Como gran observador de los astros, enseñó al pueblo a contar los años, las estaciones y los meses, y por ello las masas, asombrándose de sus conocimientos, atribuyeron cierta naturaleza divina a su señor y le rindieron culto como el dios de los cielos tras su muerte.

 Representación moderna de la Atlántida a imagen de los
 anillos descritos por Platón. Diodoro no menciona los anillos,
utiliza la palabra "Atlántida" ni llega a describir las tierras de 
los atlantes como una isla. 

Urano tuvo cuarenta y cinco hijos de numerosas mujeres. Dieciocho de ellos fueron hijos de Titea y se llamaron por lo tanto Titanes. Dos de sus hijas fueron más brillantes que el resto. Se llamaban Basilea y Rea, esta última conocida también como Pandora. Basilea, que recibió de sus súbditos el nombre de Gran Madre, se casó con su hermano Hiperión, sucesor de Urano, y engendró a Helios y Selene. Sin embargo, celosos del poder de Hiperión, sus hermanos degollaron a su rey y ahogaron a Helios en el río Erídano. 

Tras la muerte de su hijo, Basilea creyó hablar en sueños con el espíritu de Helios. En su sueño, Helios le rogó que no llorara, pues en el futuro los Titanes habrían de ser castigados por su crimen, mientras que el sol y la luna serían conocidos desde entonces por los nombres de Helios y Selene, alcanzado éstos renombre universal. Cuando Basilea compartió el contenido de su sueño con su pueblo, los hombres llamaron Helios y Selene al sol y la luna y más tarde elegirían a Zeus como soberano en lugar de los Titanes.

Tras la muerte de Hiperión, en efecto, los hijos de Urano se repartieron el reino, aunque habrían de perderlo más adelante. Sus dos hijos más preclaros fueron Atlas y Cronos. Atlas recibió las zonas costeras junto al Océano y llamó atlantes a sus habitantes, además de dar su nombre a la montaña más alta del lugar. El rey Atlas era experto en la astrología y fue el primero en idear la noción de la esfera. Por esta razón se llegó a creer que el mundo entero descansaba sobre sus hombros. En una ocasión, cuando descendía por las laderas del monte Atlas tras observar los cielos, un fuerte viento lo derribó y acabó con su vida. Desde entonces, apiadándose de su desgracia, los hombres le rindieron culto.

Cordillera Atlas en el noroeste africano, bautizada así por 
el Titán Atlas, quien según la narración de Diodoro
moriría al descender por sus laderas.

Cronos, hermano de Atlas, especialmente sacrílego y engreído, desposó a Rea o Pandora. De su unión nació Zeus, quien llegaría a reinar sobre todos los pueblos de la tierra. Existió otro rey Zeus, hermano de Urano y rey de Creta, pero éste gozó de mucha menos fama y un poder menor que el hijo de Cronos. 

El rey Zeus hijo de Cronos llevó una vida totalmente opuesta a la de su despreciable padre. Se mostró favorable y humanitario con todos sus súbditos, por lo que pronto fue llamado padre por la multitud. Cuando Cronos y los demás Titanes le declararon la guerra, Zeus los derrotó y visitó todas las tierras del mundo conocido, convirtiéndose entonces en el señor de todo el mundo y benefactor de la estirpe humana. Durante su reinado, Zeus puso todo su ardor para castigar a los impíos y los malvados a la vez que demostró su buena intención hacia las masas. En agradecimiento, tras su muerte, los hombres de todo el mundo lo adoraron como al mayor de los dioses y fue llamado Zen, nombre que recordaba la buena vida que había brindado a la raza humana. 


Fuente:
Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica (Libro III).

La Atlántida según los diálogos de Platón

Solón, miembro de los Siete Sabios y abuelo de Critias, escuchó de boca de los egipcios que las inscripciones de la ciudad de Sais, en el delta del Nilo, hablaban del origen y hundimiento de la legendaria isla de la Atlántida. Según las crónicas de los egipcios, cuando, al principio, los dioses se repartieron las distintas partes del mundo, Poseidón recibió la isla de la Atlántida. La isla, situada más allá de las Columnas de Hércules, era mayor que Libia y Asia juntas, y a través de ella se podía acceder a otras islas, desde las cuales se podía acceder a su vez a otro continente. 

 Representación moderna de la Atlántida imagen de 
una antigua ciudad griega. La vela del barco muestra el 
símbolo encontrado en el yacimiento tartésico de Cancho 
Roano, que ha llegado a ser relacionado con la Atlántida 
debido a su parecido con los anillos del continente perdido.
También se ha relacionado la Atlántida con el yacimiento 
de Marroquíes Bajos en la ciudad de Jaén.

Hacia el mar, justo en el medio de la Atlántida, existía la más bella de todas las llanuras, con una montaña de poca altura situada en el medio. El dios de los mares dejó aislada la colina haciendo círculos alternos de agua y tierra a su alrededor: dos anillos de tierra y tres de mar. Una de las fuentes que manaban de su subsuelo tenía agua caliente, mientras que en la otra fluía agua fría. 

Con una mujer mortal, Poseidón engendró cinco generaciones de gemelos en la Atlántida. Éstos gobernarían las diez regiones de la isla, que recibiría su nombre del mayor de sus gobernantes, el rey Atlas. Gadiro, que reinaba cerca de las Columnas de Hércules, dio su nombre a la cercana región de Gadírica, situada frente a la península ibérica. 

Bajo la tutela de Poseidón, los atlantes pronto desarrollaron una próspera civilización y poseyeron más riquezas que ningún otro pueblo. En la Atlántida era abundante el oricalco, un preciado mineral únicamente superado en valor por el oro. También era muy numerosa en la isla la especie de los elefantes. 

Los habitantes de la Atlántida construyeron su palacio real en la colina rodeada por los anillos de agua. Tendieron numerosos puentes sobre los tres círculos de mar haciendo caminos que comunicaban la parte de fuera y la residencia real. A continuación, excavaron un canal desde el mar hasta el anillo exterior y construyeron allí un puerto. También abrieron un canal a través de los círculos de tierra, uniendo así las aguas de los anillos con las del mar exterior. 

Representación de una ciudad asomada al mar en un 
fresco del segundo siglo antes de Cristo hallado en Santorini. 
El archipiélago de Santorini ha sido relacionado también 
con la civilización minoica debido al cataclismo que sumergió 
su isla central en el mar durante la Edad del Bronce.  

Los atlantes rodearon la isla central con enormes murallas, torres y puertas, construidas con piedra blanca, negra y roja. También revistieron las murallas de los anillos de tierra con bronce, casiterita y oricalco, que resplandecía como el fuego. En la acrópolis, en el palacio real, levantaron templos, estatuas y altares de marfil, plata, oro y oricalco en honor al dios Poseidón. También había en la acrópolis un enorme hipódromo. En los anillos que rodeaban la residencia real, construyeron asimismo templos consagrados a distintos dioses y numerosos gimnasios.

A lo largo de muchas generaciones, los atlantes conservaron la naturaleza divina de Poseidón. Fueron justos y fuertes, no se dejaron torcer por la avaricia y albergaron pensamientos verdaderos y elevados. Después, sin embargo, desapareció en ellos la parte del dios, pues se había mezclado mucho con la del hombre. Les dominó entonces el temperamento humano y se volvieron vulgares, aunque se creían aún enormemente bellos debido a su gran arrogancia. 

Nueve mil años antes de la época de Platón, la Atlántida llegó a controlar toda Europa hasta Italia y el norte de África hasta Egipto. Toda esta potencia, tras concentrarse en una sola, intentó conquistar las tierras de Grecia y esclavizar a sus habitantes. Sin embargo, la ciudad de Atenas se alzó contra el ejército atlante y, liderando a las ciudades vecinas, resistió su invasión. A continuación, los atenienses combatieron a los atlantes e impidieron que los pueblos que aún quedaban en libertad fueran esclavizados

Las olas de un tsunami destruyen las costas de Creta. 
Ilustración de Roger Payne. El colapso de la civilización 
minoica, quizás por la erupción de Santorini, y la subsiguiente 
invasión micénica de la isla han sido relacionados 
también con el hundimiento de la Atlántida.

Los atenienses liberaron finalmente a todos los pueblos del interior de las Columnas de Hércules, expulsando a los atlantes de regreso a su isla. En el tiempo siguiente, sobrevinieron un violento seísmo y un cataclismo. Durante un día y una noche terribles, la isla de la Atlántida se hundió bajo las aguas del mar, quizás por designio de Zeus, el rey de los dioses, a quien irritaba el orgullo desmedido de los atlantes. También se hundió bajo la tierra la casta guerrera de los atenienses que combatieron contra la Atlántida, antepasados de los griegos.


Fuentes:
Platón, Timeo y Critias.

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