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Perseo y Medusa

Cuatro generaciones antes del nacimiento de Hércules, reinaba en la ciudad de Argos el cruel Acrisio, hijo de Abante. Deseoso de engendrar un hijo varón que lo sucediera tras su muerte, el rey Acrisio consultó el oráculo de Delfos. Lo que la Pitia comunicó al monarca fue contrario a sus deseos: Acrisio jamás engendraría a un hijo varón. De hecho, su propio nieto acabaría con su vida y le arrebataría la corona.

Consternado por la profecía del oráculo, Acrisio regresó a Argos dispuesto a
 evitar el nacimiento de su nieto. Para ello, el rey ordenó encerrar a su única hija, la princesa Dánae, en una mazmorra subterránea o una torre. No obstante, Zeus observaba con deseo a Dánae desde lo alto del monte Olimpo. 

Mientras la joven languidecía atrapada en su prisión, el rey de los dioses se deslizó en el interior de la celda en forma de oro líquido y sedujo a Dánae. Nueve meses después de aquel encuentro nacería Perseo, uno de los primeros héroes y grandes reyes de  la Grecia heroica. 

Cuando Acrisio descubrió que su hija había dado a luz a Perseo, no creyó que Zeus la hubiera seducido. Furioso, alegando que la joven ya se hallaba encinta antes de su encarcelamiento, Acrisio introdujo a Dánae y a su nieto en una cesta o caja de madera que ordenó arrojar al mar. 

Las olas arrastraron el arcón mar adentro, pero ni Dánae ni Perseo murieron. Las
 aguas del mar los condujeron hasta la isla rocosa de Sérifos, donde fueron rescatados por un pescador llamado Dictis, el humilde hermano del rey de la isla, y su mujer Clímene. 

Educado por Dánae y el matrimonio de pescadores, Perseo creció en la isla de Sérifos, muy lejos del rey Acrisio y del trono de Argos, su verdadero hogar. 


Perseo y Medusa. Cerámica de figuras negras. 
Siglo VI a.C.
En la rocosa Sérifos, patria adoptiva de Perseo, reinaba Polidectes, el hermano de Dictis el pescador. En el pasado, Polidectes había expulsado a Dictis del trono en un alzamiento ilegítimo. Ahora, cuando Perseo ya era un joven fuerte y atlético, el monarca se enamoró de Dánae, la madre del héroe. Pero el rey no se atrevió a tomar a Dánae por la fuerza encontrándose Perseo, un vástago del propio Zeus, en la isla. Así pues, para que Perseo no pudiera proteger a su madre, el rey Polidectes tramó un engaño. 

Polidectes convocó a los hombres de la ciudad y les hizo creer que se disponía a reunir una gran dote para un fingido matrimonio con la doncella Hipodamía, hija de Enómao. Para deshacerse de Perseo en concreto, Polidectes ordenó al joven hacerse con un regalo único para la princesa Hipodamía: la cabeza de la Gorgona Medusa. El rey lo enviaba de esta forma a una muerte segura, ya que Medusa podía convertir en piedra a aquel que se atreviera a mirarla. El monstruo tenía una cabeza rodeada de serpientes, grandes colmillos como de jabalí, manos de bronce y alas de oro por medio de las cuales podía volar. 


Perseo y Medusa. Céramica de figuras rojas. 
Siglo V a.C.
En su búsqueda de Medusa, y ayudado por Atenea y Hermes, Perseo viajó en primer lugar hasta la morada de las Greas, hijas de Forcis y Ceto, llamadas Enio, Pefredo y Dino. Estas ancianas habitaban cerca del lago Tritónide, en las arenas de Libia, y compartían un solo ojo y un diente. Tras arrebatarles el ojo y el diente a las Greas, Perseo las obligó a revelarle el paradero de unas ninfas que poseían artefactos mágicos que lo ayudarían en su misión. Las Greas le indicaron el camino hacia las ninfas, quienes lo obsequiaron con un morral, unas sandalias aladas y el casco de Hades, que podía volver invisible a su portador. 

Habiendo superado su primera etapa del viaje, Perseo se echó el morral de las ninfas alrededor del cuello, se puso el yelmo en la cabeza y se ciñó las sandalias. Echó entonces a volar en dirección al Océano, donde se encontraba la guarida de las Gorgonas. El dios Hermes le entregó una hoz, con la cual habría de cortarle la cabeza a Medusa, la única Gorgona que podía morir. Al contrario que Medusa, sus hermanas eran inmortales; sus nombres eran Esteno y Euríale. 


Perseo decapita a una versión de Medusa distinta a la recogida
por las fuentes escritas. Relieve del siglo VII a.C.
Ya en el interior del antro de Medusa, oculto con el casco de Hades y empuñando la hoz de Hermes, Perseo se situó junto al lecho de las Gorgonas mientras dormían. Atenea guió la mano del héroe haciéndolo volverse y mirar el reflejo de Medusa en la superficie pulida de su escudo de bronce. Sólo así evitaría mirar a la criatura directamente a los ojos en caso de que despertara. Pero Medusa no despertó, y Perseo, que había cruzado el mundo conocido en busca de la cabeza del monstruo, la decapitó de un tajo certero.
De la herida abierta del monstruo emergieron el caballo Pegaso y también Crisaor, padre de Geriones, ambos hijos de Poseidón y Medusa. Perseo guardó entonces la cabeza de Medusa en el morral y se dispuso a abandonar la guarida de las Gorgonas. Las hermanas de Medusa despertaron de su sueño y comenzaron a perseguirlo, pero no pudieron atraparlo, ya que el casco de Hades lo hacía invisible.

Mientras volaba de regreso a Sérifos, al oeste del mundo Perseo se encontró con el titán Atlas, un antiguo dios de estatura gigantesca y enorme fuerza. Atlas, que era enemigo de Zeus y sus descendientes, impidió a Perseo descansar en sus tierras. Por eso Perseo lo convirtió en montaña enseñándole la cabeza de Medusa. Nacía así la cordillera del Atlas.

Más tarde, en su vuelo de regreso a Sérifos, Perseo convirtió en piedra a la monstruosa criatura marina Ceto, salvando así a la princesa etíope Andrómeda. Tras rescatar a la princesa, Perseo la tomó como esposa. Entonces Fineo, anterior pretendiente de la joven, reunió a sus hombres y se enfrentó al héroe. Pero Perseo salió victorioso de un combate a espada. Después de pasar un año en Etiopía y tener un hijo con Andrómeda, regresó al fin a Sérifos. 



Perseo y Andrómeda. Mosaico romano. 
Siglo II-III d.C. aprox.
En ausencia de Perseo, el rey Polidectes había tratado de raptar a Dánae. Ahora, la madre de Perseo se refugiaba en el altar de Zeus. Cuando Perseo acudió ante el rey Polidectes y le informó de que había conseguido la cabeza de Medusa, el rey lo acusó de estar mintiendo. Para castigar la maldad de Polidectes y burlarse de su incredulidad, Perseo le mostró a la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra, salvando así a su madre del cruel rey. Después, Perseo entregó el trono de Sérifos al pescador Dictis, quien lo había recogido del mar y criado cuando era un niño, y que era el legítimo rey. 

Tras derrocar a Polidectes en la rocosa Sérifos, Perseo viajó a la Grecia continental para tratar de reconciliarse con su abuelo. Pero el rey Acrisio se negó a verlo por temor a la vieja profecía del oráculo de Delfos. Más tarde, sin embargo, Perseo participó en una competición en la ciudad de Larisa. Sin saberlo, el rey Acrisio acudió como espectador. El anciano rey no podría escapar ya de su destino: lanzando un disco, Perseo alcanzó y mató accidentalmente a Acrisio. Se cumplía así la profecía del oráculo. 

Aunque Perseo se convirtió en el nuevo rey de Argos, avergonzado por la muerte de su abuelo, el héroe decidió cambiar su reino por el de su primo. Así, Perseo recibió la corona de Tirinto y fundó la ciudad de Micenas, futura patria de los grandes héroes Hércules y Agamenón. Allí, en la fastuosa Micenas, Perseo reinó hasta su muerte junto a su esposa, la prinecesa etíope Andrómeda.



Fuentes:
APOLODORO (2002): Biblioteca Mitológica. (Calderón, J., Ed.). Madrid. Akal. 
OVIDIO (2011), Metamorfosis. (Leonetty, E., Trad.). Barcelona. Espasa.
PAUSANIAS (1994): Descripción de Grecia. (Gómez, F.J. Trad.). Madrid. Gredos.
  

Prometeo, de Goethe

«Cubre tu cielo, Zeus,
con un velo de nubes,
y juega, tal muchacho
que descabeza cardos,
con encinas y montañas;
pero mi tierra
deja en paz
y mi cabaña,
que tú no has hecho,
y mi hogar,
por cuyo fuego
me envidias.

¡No conozco nada más miserable bajo el sol
que vosotros, dioses!
Pobremente sustentáis con sacrificios
y aliento de oraciones
vuestra majestad,
y moriríais
si pordioseros y niños
no enloqueciesen de esperanza.

¡Y, cuando era niño,
no sabía por qué volvía
al sol la mirada extraviada!
¡Como si en lo alto alguien hubiera
que oyese mi lamento,
o un corazón que, como el mío,
se apiadase del oprimido!

¿Quién me ayudó
contra la furia de los titanes?
¿Quién me salvó de la muerte
y de la esclavitud?
¿Acaso no lo hiciste tú todo,
sagrado y ardiente corazón?
¿Y te consumiste, joven y bueno,
engañado, esperando algo
del que duerme allá arriba?
¿Que te venere? ¿Para qué?
¿Has mitigado el dolor del ofendido?
¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?
¿Acaso no me hicieron hombre
el tiempo omnipotente
y el eterno destino,
mis señores y los tuyos?
¿Creíste tal vez
que odiar debía la vida
y huir al desierto
porque no todos los sueños maduraron?

Aquí estoy y me afianzo;
formo hombres
según mi idea;
un linaje semejante a mí,
que sufra, llore,
goce y se alegre,
¡y que no te respete,
como yo!»
Prometeo, Johann Wolfgang von Goethe 

Cadmo, el rapto de Europa y la fundación de Tebas

Agénor, hijo de Poseidón y hermano de Belo, rey de Egipto, levantó un próspero reino en las costas de Fenicia. Desposó a Telefasa y engendró a la bella Europa, Cadmo, Fénix, Cílix y Taso. Enamorado de Europa, Zeus descendió del Olimpo y, transformándose en un enorme toro manso, transportó a Europa sobre su lomo hasta Creta. Allí, Zeus y Europa engendraron a Sarpedón y Radamantis y al gran rey Minos, futuro esposo de Pasífae y padre del Minotauro. 

Zeus rapta a Europa. Cerámica del siglo IV a.C.

Afligido por la desaparición de la princesa, el rey Agénor ordenó a sus hijos partir en su busca y no regresar jamás sin ella. En su viaje, incapaces de encontrar a su hermana, los hijos de Agénor abandonaron su búsqueda y terminaron fundando distintas ciudades lejos de su hogar. Tras consultar el oráculo de Delfos, Cadmo comprendió que también él debía abandonar la búsqueda de Europa y fundar una nueva ciudad. El oráculo le dijo que siguiera a una vaca y levantara una ciudad en el lugar donde el animal cayera muerto de cansancio. Así pues, tras encontrar una vaca, el héroe la siguió. Cuando la vaca atravesaba las tierras de Beocia, cayó rendida de agotamiento y, siguiendo el consejo del oráculo, Cadmo decidió asentarse en aquel lugar. Con la intención de sacrificar la vaca a la diosa Atenea, el héroe envió a sus hombres a sacar agua de una fuente. Sin embargo, sus hombres murieron devorados por el dragón que la custodiaba, descendiente de Ares

Cadmo se enfrenta al dragón junto a la fuente. 
Cerámica del siglo IV a.C.

Cuando Cadmo descubrió su muerte, se enfrentó a la enorme serpiente y acabó con ella. Siguiendo los consejos de Atenea, Cadmo sembró los colmillos del dragón, y de la tierra brotaron hombres completamente armados. Los hombres armados, llamados Espartoi, combatieron entre sí hasta que sólo cinco quedaron con vida. Por haber dado muerte al dragón de Ares, Cadmo fue obligado a servir al dios de la guerra durante ocho años. Sin embargo, cuando fue liberado de su esclavitud, el héroe fundó la ciudad de Tebas, futuro hogar de Edipo y Hércules, y Zeus le entregó por esposa a Harmonía, la hermosa hija de Ares y Afrodita. Los guerreros Espartoi se convirtieron en los fundadores de las cinco primeras familias nobles tebanas.


Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

La ira del titán Prometeo en Prometeo Encadenado, de Esquilo


«No pienses jamás que yo, por temor a un decreto de Zeus, me voy a hacer de ánimo débil y voy a rogar con insistencia a ese ser al que tanto odio, con mis palmas levantadas, que me libere de estas cadenas.» 
«Que contra mí se precipite el rizo de doble filo de fuego, y que el éter se vea perturbado por el trueno y la furia de salvajes vientos, y que el viento remueva la tierra desde sus cimientos con sus propias raíces, que el oleaje del mar con ronco fragor confunda los caminos de los astros celestiales, que levante mi cuerpo y lo precipite al tenebroso Tártaro con los torbellinos crueles de Ananké. No podrá acabar conmigo en ningún caso.»
«Se cumplirá enteramente la maldición de su padre, Cronos, que profirió al ser derrocado de su antiguo trono. Un modo de evitar tales desgracias ninguno de los dioses, excepto yo, podría mostrarle con claridad. Yo esto lo sé, y de qué manera. Ante esto, y sin temor, que continúe sentado confiado en sus truenos allá en lo alto y blandiendo en sus manos el dardo que exhala fuego. Pues nada de eso le será suficiente para evitarle caer ignominiosamente con caída insufrible. Tal rival ahora se está preparando él contra sí, prodigio invencible, el cual hallará una llama más poderosa que el rayo y un fuerte estruendo que supere al trueno y una calamidad marina que sacuda la tierra, la cual hará añicos el tridente lanza de Poseidón. Cuando se estrelle contra esta desgracia aprenderá cuán distinto es mandar y ser esclavo.»


Esquilo, Prometeo Encadenado, siglo V a.C.

Los doce trabajos de Hércules, última parte: Los seis últimos trabajos de Hércules y su ascensión al monte Olimpo

Como séptimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevar el toro de Creta a las puertas de la ciudad. Esta bestia había surgido del mar por mandato de Poseidón para que el gran rey Minos la sacrificara en su honor. Pero cuando Minos contempló al toro, maravillado por su apariencia, decidió sacrificar otro animal. Como castigo, Poseidón volvió al toro salvaje y violento y, además, hizo que Pasífae, la esposa de Minos, cayera enamorada del animal y deseara unirse con él. Así pues, Pasífae encargó al inventor Dédalo crear una vaca de madera en la cual ella pudiera esconderse y atraer al toro. De la unión antinatural de Pasífae y el toro de Poseidón nació el terrible Minotauro, de nombre Asterión, una bestia mitad hombre, mitad toro. 

Cuando Hércules llegó a Creta, acudió al rey Minos en busca de ayuda para llevar a cabo su misión, pero éste se negó a escucharlo. Así pues, Hércules sometió al salvaje toro de Poseidón con sus propias manos, sin ayuda de nadie. Montado sobre su lomo, el héroe obligó a la bestia cruzar a nado el mar y, de regreso en Micenas, le mostró el toro al rey Euristeo. A continuación, Hércules liberó a la bestia, que se estableció en Maratón, donde años después moriría a manos de Teseo. 


 Hércules somete al toro de Creta. Cerámica del siglo V a.C.

Como octavo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las yeguas del rey Diomedes, hijo de Ares. El belicoso rey Diomedes alimentaba a sus yeguas con carne humana, por lo que éstas se habían vuelto extremadamente violentas. Para hacerse con las yeguas, Hércules reunió una tripulación y partió a Tracia junto a su compañero Abdero, hijo de Hermes. Allí, Hércules redujo a los guardias de los establos y capturó a los animales. Sin embargo, cuando el rey Diomedes descubrió el robo, reunió a sus hombres y acudió a los establos para enfrentarse a los ladrones. Hércules dejó a Abdero a cargo de las yeguas y, tras capturar a Diomedes, obligó a sus hombres a huir. Cuando Hércules regresó del combate, descubrió que Abdero había perdido el control de las yeguas y éstas lo habían destrozado. Afligido, el héroe enterró los restos de su compañero en aquel mismo lugar y fundó la ciudad de Abdera en su memoria. Tras hacerse con las yeguas, Hércules les dio de comer la carne del propio Diomedes, liberándolas así de su locura. Finalmente, antes de liberarlas, Hércules llevó a las yeguas ante el rey Euristeo. 


Hércules se hace con las yeguas de Diomedes.
Mosaico romano del siglo III a.C.

Como noveno trabajo, Euristeo ordenó a Hércules buscar el cinturón de guerra de Hipólita, la reina de las Amazonas. Las Amazonas, feroces guerreras, habitaban a orillas del río Termodonte. Según su costumbre, tan sólo criaban niñas, y se oprimían el pecho derecho para que no les impidiera disparar con el arco y las flechas. Tras reunir una tripulación, Hércules navegó hasta el puerto de Temiscira, la principal ciudad de las Amazonas. Allí, la reina Hipólita visitó el barco de Hércules con la intención de averiguar la razón de su visita, y. cuando Hércules le contó el motivo de su llegada, la reina prometió entregarle el cinturón, que había pertenecido al propio Ares. Sin embargo, la diosa Hera, haciéndose semejante a una de las Amazonas, convenció a las demás de que Hércules quería secuestrar a su reina. Así pues, las Amazonas tomaron sus armas y atacaron a caballo la nave del héroe. Cuando éste las vio armadas, creyendo que se trataba de una trampa, mató a Hipólita, le arrebató el cinturón y combatió con fiereza a las Amazonas. 


Hércules combate a las Amazonas, que tienen la piel 
clara correspondiente a las mujeres pero visten armadura 
y portan armas. Cerámica del siglo VI a.C.

De regreso a Micenas, Hércules se detuvo en la costa de Troya. Allí encontró abandonada a una muchacha llamada Hesíone. Ésta había sido expuesta por Laomedonte, su propio padre, como pasto para un monstruo marino enviado por Poseidón. Tras pedir a Laomedonte sus magníficas yeguas, regalo de Zeus, a cambio del rescate de su hija, Hércules mató al monstruo y salvó a Hesíone. Pero el rey no quiso pagar lo estipulado, y aunque Hércules regresó a Micenas con el cinturón de Hipólita, jamás olvidó aquella traición. 

Tiempo después de realizar el último de los trabajos de Euristeo, reunió un ejército y navegó hacia Troya con dieciocho naves. Una vez allí, dejó sus naves bajo la vigilancia de Oícles y partió contra la ciudad. Aprovechando su partida, Laomedonte ordenó a sus hombres prender fuego a las naves del héroe, pero los compañeros de Oícles los rechazaron. Junto con Telamón, padre de Áyax, Hércules abrió una brecha en la muralla de Troya y tomaron la ciudad. Una vez dentro, Hércules abatió con sus flechas a Laomedonte y a todos sus hijos salvo Príamo, futuro padre del gran héroe troyano Héctor. Entonces Hércules entregó como esposa a Hesíone a Telamón. 

Como décimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules hacerse con las vacas de Gerión, hijo del gigante Crisaor que vivía cerca del Océano en la isla de Eritia, llamada Gadira posteriormente. Gerión tenía la corpulencia de tres hombres juntos, fundidos en uno por la cintura pero separados en tres a partir de los flancos y muslos. Exterminando temibles fieras salvajes a su paso, Hércules cruzó Europa en busca de su ganado. A su paso por Tartessos, erigió dos columnas simétricas sobre los montes de Europa y Libia, y durante su viaje, abrasado por el sol, llegó a apuntar al dios Helios con su arco con la intención de abatirlo. Helios, admirado por su valor, le entregó la copa de oro en la que, cada noche, surcaba los mares de regreso a su palacio en el este. 

Montado en la copa de oro de Helios, Hércules navegó hasta Eritia. Ya en la isla, mató a mazazos al boyero Euritión y a Orto, un perro de dos cabezas, los cuales vigilaban el ganado de Gerión. Cuando el monstruoso Gerión fue alertado del suceso, se enfrentó a Hércules, pero el héroe logró darle muerte atravesándolo con sus flechas. A continuación, Hércules embarcó las vacas en la copa de Helios y navegó de regreso a Tartessos, donde devolvió la copa al dios. Hércules condujo el ganado de Gerión de regreso a Micenas. Sin embargo, Yalebión y Dercino, hijos de Poseidón, lograron robarle las vacas. Tras matar a los ladrones y recuperar el ganado, Hércules perdió a un toro que, cruzando Italia, llegó al llano del rey Érix. 


Hércules combate a Gerión, armado con tres escudos 
y tres yelmos. Cerámica del siglo VI a.C.

Después de confiar el resto del ganado al dios Hefesto, Hércules partió en busca de Érix, hijo de Poseidón, quien se negó a devolverle el toro si no era capaz de vencerlo en un combate. Así pues, Hércules se enfrentó a él a puñetazos y, tras derrotarlo tres veces seguidas, finalmente acabó con su vida. Habiendo recuperado el toro, Hércules guió el ganado hacia el mar Jonio, pero allí un tábano enviado por Hera hizo que las vacas se dispersaran. Hércules tan sólo pudo recuperar una parte del ganado y, después de entregarle las vacas restantes a Euristeo, el rey las sacrificó a Hera. 

Tras ocho años y un mes de interminables viajes y violentos combates, Hércules había realizado todos los trabajos del rey Euristeo. Sin embargo, Euristeo no aceptó el trabajo de los establos del rey Augias, ya que Hércules había pedido una recompensa a cambio de su labor. Tampoco reconoció el trabajo de la hidra puesto que Yolao había ayudado a Hércules a dar muerte a la serpiente. Así pues, el rey ordenó a Hércules dos nuevos trabajos. 

Como undécima labor, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, obsequio de la diosa Gea a Zeus como regalo de bodas. Las manzanas de oro estaban custodiadas por Ladón, un dragón inmortal de cien cabezas. También las vigilaban las las ninfas Hespérides, hijas de la antigua diosa Noche. Para averiguar la ubicación del jardín de las Hespérides, Hércules consultó a las ninfas del río Erídano, hijas de Zeus y Temis, quienes le aconsejaron que atrapara al anciano dios Nereo para sonsacarle el paradero del jardín de las Hespérides. Así pues, el héroe buscó y apresó al dios mientras dormía, y, a pesar de que éste adoptó todo tipo de formas para escaparse, logró inmovilizarlo y atarlo. Cuando averiguó dónde podría encontrar las manzanas, lo liberó y partió hacia Libia. 

Reinaba en Libia el corpulento Anteo, quien mataba a los extranjeros y utilizaba sus calaveras para techar el templo de su padre, Poseidón. Por ser también hijo de Gea, Anteo era invencible cuando tocaba la tierra. Viéndose obligado a pelear con Anteo, Hércules lo levantó en una presa y, reteniéndolo en el aire, lo aplastó hasta que murió. Después de Libia, Hércules atravesó Egipto, donde reinaba el rey Busiris, hijo de Poseidón. Para devolver la fertilidad a las tierras de su reino, el faraón Busiris sacrificaba a los extranjeros en el altar de Zeus. Aunque Hércules fue apresado y llevado a los altares, logró romper sus ataduras y mató a Busiris y a su hijo Anfidamante. Tras atravesar Arabia y matar a Ematión, hijo de Titono, amante de Eos, Hércules caminó a través de Libia hasta el mar Exterior. Allí, una vez más, Hércules recibió la copa de Helios, en la cual navegó hasta el gélido Cáucaso, donde se encontraba Prometeo. 


Hércules navega a bordo de la copa de Helios.
Cerámica del siglo IV a.C.

Un águila devoraba el hígado de Prometeo cada día desde que el titán fuera encadenado por entregar el fuego de los dioses a los hombres. Acercándose al titán, Hércules dio muerte al águila con sus flechas. Prometeo fue entonces liberado de su tormento, pues el centauro Quirón había renunciado a su inmortalidad a cambio de su libertad. En agradecimiento por la ayuda de Hércules, Prometeo le aconsejó que no tratara de coger las manzanas él mismo. En vez de ello, debería pedirle al titán Atlas, que sostenía la bóveda celeste cerca del jardín de las Hespérides, que lo hiciera por él. 

Así pues, cuando Hércules encontró a Atlas, se ofreció a sostener el cielo en su lugar hasta que el titán regresara con las manzanas. Cuando el titán volvió con las manzanas, no obstante, se negó a soportar la bóveda de nuevo. Pero Hércules logró engañar al titán diciéndole que deseaba colocarse una almohadilla en la cabeza para soportar mejor el peso del cielo. Oído aquello, Atlas dejó las manzanas en el suelo y recibió la bóveda celeste para permitir al héroe acomodarse. Entonces, Hércules recogió las manzanas y regresó a Micenas, donde se las enseñó a Euristeo. A continuación, Hércules entregó las manzanas a la diosa Atenea, quien las llevó de vuelta al jardín, el único lugar apropiado para ellas. 


Hércules en el jardín de las Hespérides. 
Mosaico romano del siglo III.

Como último trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer al temible Cerbero desde el inframundo. Cerbero, perro guardián de las puertas del Hades, tenía tres cabezas, cola de serpiente y multitud de cabezas también de serpiente a lo largo del lomo. Para descender al inframundo, Hércules se adentró en la cueva de Ténaro, en Lacedemonia. Tras un arduo descenso, Hércules se encontró con las almas de los muertos en la oscuridad. Cuando las almas vieron al héroe, huyeron de él, excepto las de Meleagro y la Gorgona Medusa. Desenvainando su espada, Hércules se lanzó contra la Gorgona, pero se detuvo cuando Hermes le indicó que se trataba tan sólo una forma vacía. 

Cuando se hallaba ya cerca de las puertas del Hades, Hércules encontró a Teseo y a Pirítoo, prisioneros del inframundo aun estando vivos. Junto con Teseo, Pirítoo había descendido al inframundo con la imprudente intención de pedir en matrimonio a Perséfone, la esposa del dios Hades. Ofendido ante tal atrevimiento, el dios de los muertos invitó a Teseo y a Pirítoo a sentarse en unas sillas, de donde ya no pudieron volver a levantarse. Hércules pudo separar a Teseo de su asiento tirando de él. Sin embargo, cuando intentó liberar a Pirítoo, la tierra comenzó a temblar, de modo que el héroe se vio obligado a abandonarlo. En su descenso al inframundo, Hércules liberó también a Ascálafo, quien había delatado a Perséfone cuando ésta se comió una semilla de granada y, por tanto, quedó ligada de por vida al mundo inferior.

Queriendo suministrar sangre a las almas de los muertos para que recuperaran su consciencia, Hércules degolló una de las vacas de Hades. Menetes, que apacentaba el ganado de Hades, desafió a Hércules a un combate, pero éste lo atrapó por la cintura y le quebrantó los flancos. Finalmente, el héroe se presentó ante Hades, dios del inframundo. Hades le permitió llevarse a Cerbero siempre y cuando lo redujera sin hacer uso de las armas que llevaba. Así pues, cuando Hércules encontró a Cerbero a las puertas del Aqueronte, se lanzó hacia él completamente desarmado. Echó las manos alrededor de las cabezas del perro y no lo soltó a pesar de resultar mordido por una de sus bocas de serpiente. Hércules estranguló a Cerbero hasta que éste cedió y, tras conducirlo hasta el mundo de los vivos, se lo mostró a Euristeo. 


Hércules lleva a Cerbero ante el asustado Euristeo, 
oculto en su tinaja de bronce. Cerámica del siglo VI a.C.

Tras llevar a cabo los doce trabajos que Euristeo le encomendó, Hércules quedó libre de su servicio al rey. Como premio por sus hazañas, los dioses otorgaron a Hércules el don de la inmortalidad, que habría de reclamar a su muerte, tras años de interminables conquistas y después de proteger el monte Olimpo de la invasión de los gigantes nacidos de Gea. Así, cuando Hércules murió, mientras su cuerpo se consumía en su pira funeraria, una nube de tormenta se puso debajo y, tronando, lo elevó hacia el cielo. Hércules se convirtió entonces en dios y, tras reconciliarse con Hera, se casó con su hija, la bella y jovial diosa Hebe. Desde entonces, habitó junto a los dioses en la cima del monte Olimpo, y los hombres levantaron numerosos templos en su honor.



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

Los doce trabajos de Hércules, segunda parte: Los seis primeros trabajos


Tras asesinar a sus propios hijos ofuscado por obra de la diosa Hera, Hércules acudió al palacio del rey Tespio, donde fue purificado tras haber cometido un crimen tan atroz. A continuación, partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. Allí, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto, tras los cuales ganaría la inmortalidad y renombre eterno. 


Ruinas de Micenas y Tirinto, ciudades de la región
 de la Argólide, donde reinaba Euristeo.

Cuando el héroe llegó a Tirinto, en primer lugar, el rey Euristeo le ordenó hacerse con la piel del temible león de Nemea, hijo del gigantesco monstruo Tifón. Para que el león no escapara por una de las dos bocas de la cueva, Hércules bloqueó una de las salidas y entró por la otra. Al enfrentarse a la bestia, el héroe descubrió que su piel era invulnerable a las flechas y las espadas. Así pues, aturdió al león golpeándolo con su garrote y después lo estranguló con sus propias manos. Tras dar muerte al monstruo, Hércules llevó su cadáver ante el rey Euristeo, el cual, asustado por la su horrendo aspecto, le ordenó que a partir de entonces exhibiera sus trofeos a las puertas de la ciudad. Antes de su siguiente trabajo, Hércules desolló al león con sus propias garras, ya que era invulnerable a cualquier otra arma, y se cubrió con la piel de la bestia utilizando la apertura de su boca como yelmo. Obtuvo así una protección impenetrable. 

Hércules estrangulando al león de Nemea.
Vaso de cerámica del siglo V a.C.

El segundo trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue matar a la hidra de Lerna, una serpiente de agua gigante con nueve cabezas. Montado en un carro de combate conducido por su sobrino Yolao, Hércules acudió a la madriguera de la hidra. Cuando la hidra abandonó su guarida, Hércules comenzó a aplastar sus cabezas golpeándolas con su garrote. Sin embargo, de cada cabeza aplastada nacían dos nuevas, por lo que el héroe pronto se vio rodeado por las múltiples bocas del dragón. Mientras intentaba defenderse de las cabezas de la hidra, además, la diosa Hera envió un enorme cangrejo contra él. El cangrejo le mordió en un pie, aunque el héroe logró aplastarlo. Entonces, Yolao le ayudó a derrotar a la hidra. Mientras Hércules aplastaba las cabezas de la hidra, su sobrino abrasaba con tizones las cabezas que renacían de las heridas. Así, finalmente, Hércules arrancó la última cabeza de la hidra, que era inmortal, y la enterró bajo una pierda junto a un camino. A continuación, abrió el cuerpo de la serpiente y envenenó la punta de sus flechas mojándolas en su bilis.


Hércules y Yolao combaten a la hidra. 
Cerámica del siglo VI a.C.

Como tercer trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules capturar y llevar a Micenas a la cierva de Cerinia. La cierva de Cerinia, que tenía los cuernos dorados, estaba consagrada a la diosa Artemisa y por esa razón no se le podía dar caza. Hércules, que no podía por tanto abatir al animal con sus flechas, corrió tras ella con la intención de atraparla, pero la cierva resultó ser mucho más veloz que él. No obstante, el héroe poseía una fuerza sobrehumana, de modo que corrió tras la cierva sin parar durante días y noches hasta que, rendido de agotamiento, el animal cayó exhausto. Hércules capturó a la cierva finalmente, pero al hacerlo ofendió a Artemisa, quien descendió del Olimpo junto con su hermano Apolo y le arrebató al animal de las manos. Sin embargo, Hércules apaciguó la cólera de Artemisa y recuperó a la cierva tras explicar a los dioses el motivo de su captura. Entonces, tras llevar a la cierva ante Euristeo, la dejó en libertad. 

Como cuarto trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer con vida al violento jabalí del monte Erimanto. En su búsqueda del jabalí, Hércules se hospedó con el centauro Folo, que vivía en una cueva situada al sur de la guarida de la bestia. El centauro ofreció de buen gusto carne asada a su invitado. Él, en cambio, como criatura salvaje, la comía cruda. Lo que Folo no le ofreció fue el vino de la tinaja común de los demás centauros, pues temía enfurecerlos. Sin embargo, Hércules terminó por convencer a su anfitrión, quien destapó la tinaja y le ofreció beber de su interior. Entonces, al percibir el aroma del vino, furiosos, los demás centauros irrumpieron en la cueva de Folo armados con pesadas piedras y blandiendo troncos de abeto. Hércules ahuyentó a los primeros centauros que entraron en la cueva lanzándoles brasas y, cuando los demás huyeron, los persiguió hasta Malea acosándolos con su arco y sus flechas. 

Los centauros acudieron a Quirón, hijo de Cronos y maestro de héroes, en busca de ayuda. Cuando el héroe los encontró, disparó una de sus flechas envenenadas contra uno de ellos, pero el proyectil atravesó el brazo del centauro y alcanzó a Quirón. Afligido, Hércules corrió hacia Quirón y le arrancó la flecha, pero la herida del centauro resultó ser incurable, pues el proyectil estaba envenenado con la sangre de la hidra de Lerna. Los demás centauros huyeron del lugar y, padeciendo terribles dolores, Quirón se retiró a su cueva. Aunque el maestro centauro deseaba morir para escapar del dolor, su vida jamás abandonaría sus miembros, pues era inmortal. Así pues, Quirón renunció a su inmortalidad ante Zeus a cambio de la liberación del titán Prometeo, logrando de ese modo escapar del dolor. Al regresar a la cueva del centauro Folo, Hércules descubrió que éste también había muerto, pues inspeccionando una de las flechas de Hércules, Folo se la había clavado accidentalmente, muriendo al instante. 


Hércules contra los centauros. 
Cerámica del siglo V a.C.

Tras enterrar a su amigo, Hércules continuó con la caza del jabalí. Lo hizo salir de la espesura aturdiéndolo con sus gritos y lo condujo después hacia la espesa nieve. Cuando el jabalí quedó atrapado en la nieve, Hércules lo apresó y lo llevó ante el rey Euristeo. Asustado, Euristeo, que aún recordaba el horrible aspecto del león de Nemea, recibió a Hércules escondido en una tinaja de bronce. 

Como quinto trabajo, Euristeo ordenó a Hércules limpiar los establos del rey Augias, hijo del dios Helios, en un solo día. Sin revelarle la orden de Euristeo, Hércules aseguró a Augias que limpiaría los establos a cambio de una décima parte de todos sus rebaños. Augias, que no creyó posible que el héroe fuera capaz de retirar todo el estiércol de los establos en un único día, accedió a su propuesta. Para llevar a cabo aquella labor imposible, Hércules recurrió a su ingenio. En vez de limpiar el estiércol a mano, Hércules desvió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo atravesar el interior de los establos. Pero cuando Augias se enteró de que Hércules había limpiado los establos por mandato de Euristeo, se negó a entregarle la recompensa acordada aduciendo que el héroe en realidad no tenía elección a la hora de limpiarlos. Augias incluso negó que hubiera prometido darle una compensación, y aunque Fileo, el propio hijo de Augias, testificó en favor de Hércules, el rey se negó a cumplir su parte del acuerdo. Finalmente, Augias expulsó a Hércules y a su propio hijo de sus tierras. 

Pero Hércules no olvidaría jamás la traición del rey y, años más tarde, tras realizar el último de sus trabajos, reunió un ejército para marchar contra su ciudad. Después de asesinar a los generales del ejército de Augias en una emboscada, tomó su ciudad y mató al rey y a todos sus hijos salvo Fileo. En agradecimiento a éste, quien había testificado en su favor, el héroe le entregó el trono del rey Augias. Además, para brindar prosperidad al reino de Fileo, Hércules fundó los primeros Juegos Olímpicos, que tendrían lugar cada cuatro años. 

El sexto trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue expulsar a las aves devoradoras de hombres del lago Estinfalo, que podían atravesar una armadura de bronce o hierro con sus afilados picos. Estas aves, que habitaban las boscosas orillas del lago, eran tan numerosas que Hércules no sabía cómo hacerlas salir a todas de la espesura. Sin embargo, la diosa Atenea acudió en su ayuda y le entregó unas castañuelas de bronce fabricadas por Hefesto, el dios herrero. Tocando los platillos de Hefesto entonces desde lo alto de una montaña que se alzaba junto a la laguna, el héroe logró a asustar a las aves. Cuando las aves abandonaron la espesura del bosque, las abatió una a una con su arco y sus flechas. 

 Para leer sobre los seis últimos trabajos de Hércules, haz click <aquí>.


Fuentes:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.
Teócrito, Idilio XXV.

Los doce trabajos de Hércules, primera parte: el nacimiento, la juventud y el matrimonio de Hércules

El dios Zeus, señor del Olimpo y rey de todos los dioses, decidió engendrar a un héroe que ganara gran renombre y combatiera junto a los dioses para poner fin a la guerra contra los gigantes. Así pues, habiendo ordenado a Helios detener su carro, Zeus se unió a la princesa Alcmena durante una noche de tres días de duración. De aquella unión nació Hércules, el mayor de todos los héroes, quien estaba destinado a llevar a cabo extraordinarias hazañas.

La diosa Hera, quien odiaba a Hércules por ser hijo de Zeus y una mortal, intentó causar la muerte del héroe desde un principio. Cuando Hércules tenía tan sólo diez meses, la reina de los dioses envió dos enormes serpientes a su cuna para que lo devoraran. Sin embargo, el bebé agarró a ambas serpientes por el cuello y, valiéndose de su fuerza sobrehumana, las asfixió hasta la muerte. 

Hércules Farnesio, siglo III. Copia 
romana en mármol del original griego 
en bronce del siglo IV a.C. 

En su juventud, Hércules fue educado por los mejores maestros de Grecia. Éurito, nieto de Apolo, el dios arquero, le enseñó el manejo del arco y las flechas. Autólico, el mejor de los ladrones, y Cástor, hijo de Zeus, lo instruyeron en el arte del combate cuerpo a cuerpo. Anfitrión, esposo de Alcmena, le enseñó a conducir carros de guerra. Y Lino, hermano del propio Orfeo, el mayor de los poetas, fue su profesor de música. 

Aunque tenía grandes aptitudes para el combate, a Hércules le costaba aprender a tocar la lira. En una ocasión, su maestro Lino, exasperado, llegó incluso a golpearlo. Entonces Hércules, en defensa propia, le devolvió el golpe con su cítara acabando sin quererlo con su vida. Aunque el joven había actuado en defensa propia, temiendo que volviera a ocurrir algo parecido, el rey Anfitrión envió a Hércules a cuidar bueyes. Así pues, Hércules llegó a la edad adulta atendiendo los rebaños de su familia. 

Siendo ya un hombre, por ser hijo de Zeus, Hércules aventajó a todos en fuerza y estatura, y sus ojos brillaban con el resplandor del fuego. Cuando un león procedente de la tierra de Citerón comenzó a devorar los ganados del rey Tespio y de la familia de Hércules, éste decidió darle caza. En los cincuenta días que duró su cacería, Hércules se hospedó en el palacio del rey Tespio. El rey, que deseaba que sus hijas tuvieran un hijo con Hércules, le entregó una cada noche para que se uniera con ellas. Y él, que pensaba que cada noche yacía con la misma joven, las dejó embarazadas. Finalmente, Hércules logró dar caza al león de Citerón, y, cuando regresaba de la cacería, se topó con los heraldos de la ciudad de Orcómeno.

Los heraldos se dirigían a Tebas, la ciudad de Hércules, para recaudar un desproporcionado tributo impuesto por la fuerza, pero Hércules les cortó la nariz y las orejas y se burló de ellos ordenándoles que se las llevaran como tributo a su rey en su lugar. Indignado por la burla de Hércules, Ergino, rey de Orcómeno, reunió a su ejército y marchó contra Tebas. Sin embargo, Hércules, tomando las armas de la diosa Atenea, logró matar a Ergino en la batalla y puso en fuga a sus soldados. El héroe obligó entonces a los habitantes de Orcómeno a pagar un tributo doble a la ciudad de Tebas. 

Ruinas de la fortaleza de Tebas, hogar de Hércules 
durante su infancia según la mitología.

Como recompensa por sus servicios, Creonte, rey de Tebas, entregó a Hércules a su hija Mégara por esposa, con quien fundaría una familia. Sin embargo, cuando la celosa diosa Hera infundió un terrible ataque de locura a Hércules, éste arrojó a sus hijos a una hoguera. Al recobrar la cordura, horrorizado por sus propias acciones, el héroe abandonó Tebas y se presentó ante el viejo rey Tespio, quien le había acogido durante la cacería del león. 

Tras ser purificado por el anciano, Hércules partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. En Delfos, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto. Asimismo, la Pitia le reveló que ganaría la inmortalidad como recompensa por dichas pruebas y le dio entonces por primera vez el nombre de Hércules, pues hasta aquel momento el héroe se había llamado Alcides, como su abuelo.

Para leer los doce trabajos de Hércules, pincha en los siguientes enlaces:



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

La Atlántida y los dioses del Olimpo según la historia universal de Diodoro de Sicilia

Los llamados atlantes habitaban una tierra próspera y con grandes ciudades situada en las regiones junto al Océano. Tras enfrentarse al pueblo de las Amazonas y perder a manos de éstas la ciudad atlante de Cerne, establecieron con ellas un tratado de amistad y, juntos, ambos pueblos combatieron a las tribus de los gorgones, que acechaban constantemente a los atlantes. 

Los atlantes destacaban por su cortesía y una gran devoción hacia los dioses, y afirmaban que el nacimiento de éstos tuvo lugar entre ellos, pues los dioses no eran seres inmortales, sino hombres célebres y grandes reyes atlantes del pasado honrados tras su muerte. 

Urano fue su primer rey. Descubrió el uso y almacenamiento de los frutos cultivables y distintos artificios de la civilización que alejarían a su pueblo de la vida salvaje. Ideó leyes con las que regir a sus súbditos y dominó una enorme extensión de la tierra habitada, especialmente las regiones de occidente y el norte de Europa. Como gran observador de los astros, enseñó al pueblo a contar los años, las estaciones y los meses, y por ello las masas, asombrándose de sus conocimientos, atribuyeron cierta naturaleza divina a su señor y le rindieron culto como el dios de los cielos tras su muerte.

 Representación moderna de la Atlántida a imagen de los
 anillos descritos por Platón. Diodoro no menciona los anillos,
utiliza la palabra "Atlántida" ni llega a describir las tierras de 
los atlantes como una isla. 

Urano tuvo cuarenta y cinco hijos de numerosas mujeres. Dieciocho de ellos fueron hijos de Titea y se llamaron por lo tanto Titanes. Dos de sus hijas fueron más brillantes que el resto. Se llamaban Basilea y Rea, esta última conocida también como Pandora. Basilea, que recibió de sus súbditos el nombre de Gran Madre, se casó con su hermano Hiperión, sucesor de Urano, y engendró a Helios y Selene. Sin embargo, celosos del poder de Hiperión, sus hermanos degollaron a su rey y ahogaron a Helios en el río Erídano. 

Tras la muerte de su hijo, Basilea creyó hablar en sueños con el espíritu de Helios. En su sueño, Helios le rogó que no llorara, pues en el futuro los Titanes habrían de ser castigados por su crimen, mientras que el sol y la luna serían conocidos desde entonces por los nombres de Helios y Selene, alcanzado éstos renombre universal. Cuando Basilea compartió el contenido de su sueño con su pueblo, los hombres llamaron Helios y Selene al sol y la luna y más tarde elegirían a Zeus como soberano en lugar de los Titanes.

Tras la muerte de Hiperión, en efecto, los hijos de Urano se repartieron el reino, aunque habrían de perderlo más adelante. Sus dos hijos más preclaros fueron Atlas y Cronos. Atlas recibió las zonas costeras junto al Océano y llamó atlantes a sus habitantes, además de dar su nombre a la montaña más alta del lugar. El rey Atlas era experto en la astrología y fue el primero en idear la noción de la esfera. Por esta razón se llegó a creer que el mundo entero descansaba sobre sus hombros. En una ocasión, cuando descendía por las laderas del monte Atlas tras observar los cielos, un fuerte viento lo derribó y acabó con su vida. Desde entonces, apiadándose de su desgracia, los hombres le rindieron culto.

Cordillera Atlas en el noroeste africano, bautizada así por 
el Titán Atlas, quien según la narración de Diodoro
moriría al descender por sus laderas.

Cronos, hermano de Atlas, especialmente sacrílego y engreído, desposó a Rea o Pandora. De su unión nació Zeus, quien llegaría a reinar sobre todos los pueblos de la tierra. Existió otro rey Zeus, hermano de Urano y rey de Creta, pero éste gozó de mucha menos fama y un poder menor que el hijo de Cronos. 

El rey Zeus hijo de Cronos llevó una vida totalmente opuesta a la de su despreciable padre. Se mostró favorable y humanitario con todos sus súbditos, por lo que pronto fue llamado padre por la multitud. Cuando Cronos y los demás Titanes le declararon la guerra, Zeus los derrotó y visitó todas las tierras del mundo conocido, convirtiéndose entonces en el señor de todo el mundo y benefactor de la estirpe humana. Durante su reinado, Zeus puso todo su ardor para castigar a los impíos y los malvados a la vez que demostró su buena intención hacia las masas. En agradecimiento, tras su muerte, los hombres de todo el mundo lo adoraron como al mayor de los dioses y fue llamado Zen, nombre que recordaba la buena vida que había brindado a la raza humana. 


Fuente:
Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica (Libro III).

La Atlántida según los diálogos de Platón

Solón, miembro de los Siete Sabios y abuelo de Critias, escuchó de boca de los egipcios que las inscripciones de la ciudad de Sais, en el delta del Nilo, hablaban del origen y hundimiento de la legendaria isla de la Atlántida. Según las crónicas de los egipcios, cuando, al principio, los dioses se repartieron las distintas partes del mundo, Poseidón recibió la isla de la Atlántida. La isla, situada más allá de las Columnas de Hércules, era mayor que Libia y Asia juntas, y a través de ella se podía acceder a otras islas, desde las cuales se podía acceder a su vez a otro continente. 

 Representación moderna de la Atlántida imagen de 
una antigua ciudad griega. La vela del barco muestra el 
símbolo encontrado en el yacimiento tartésico de Cancho 
Roano, que ha llegado a ser relacionado con la Atlántida 
debido a su parecido con los anillos del continente perdido.
También se ha relacionado la Atlántida con el yacimiento 
de Marroquíes Bajos en la ciudad de Jaén.

Hacia el mar, justo en el medio de la Atlántida, existía la más bella de todas las llanuras, con una montaña de poca altura situada en el medio. El dios de los mares dejó aislada la colina haciendo círculos alternos de agua y tierra a su alrededor: dos anillos de tierra y tres de mar. Una de las fuentes que manaban de su subsuelo tenía agua caliente, mientras que en la otra fluía agua fría. 

Con una mujer mortal, Poseidón engendró cinco generaciones de gemelos en la Atlántida. Éstos gobernarían las diez regiones de la isla, que recibiría su nombre del mayor de sus gobernantes, el rey Atlas. Gadiro, que reinaba cerca de las Columnas de Hércules, dio su nombre a la cercana región de Gadírica, situada frente a la península ibérica. 

Bajo la tutela de Poseidón, los atlantes pronto desarrollaron una próspera civilización y poseyeron más riquezas que ningún otro pueblo. En la Atlántida era abundante el oricalco, un preciado mineral únicamente superado en valor por el oro. También era muy numerosa en la isla la especie de los elefantes. 

Los habitantes de la Atlántida construyeron su palacio real en la colina rodeada por los anillos de agua. Tendieron numerosos puentes sobre los tres círculos de mar haciendo caminos que comunicaban la parte de fuera y la residencia real. A continuación, excavaron un canal desde el mar hasta el anillo exterior y construyeron allí un puerto. También abrieron un canal a través de los círculos de tierra, uniendo así las aguas de los anillos con las del mar exterior. 

Representación de una ciudad asomada al mar en un 
fresco del segundo siglo antes de Cristo hallado en Santorini. 
El archipiélago de Santorini ha sido relacionado también 
con la civilización minoica debido al cataclismo que sumergió 
su isla central en el mar durante la Edad del Bronce.  

Los atlantes rodearon la isla central con enormes murallas, torres y puertas, construidas con piedra blanca, negra y roja. También revistieron las murallas de los anillos de tierra con bronce, casiterita y oricalco, que resplandecía como el fuego. En la acrópolis, en el palacio real, levantaron templos, estatuas y altares de marfil, plata, oro y oricalco en honor al dios Poseidón. También había en la acrópolis un enorme hipódromo. En los anillos que rodeaban la residencia real, construyeron asimismo templos consagrados a distintos dioses y numerosos gimnasios.

A lo largo de muchas generaciones, los atlantes conservaron la naturaleza divina de Poseidón. Fueron justos y fuertes, no se dejaron torcer por la avaricia y albergaron pensamientos verdaderos y elevados. Después, sin embargo, desapareció en ellos la parte del dios, pues se había mezclado mucho con la del hombre. Les dominó entonces el temperamento humano y se volvieron vulgares, aunque se creían aún enormemente bellos debido a su gran arrogancia. 

Nueve mil años antes de la época de Platón, la Atlántida llegó a controlar toda Europa hasta Italia y el norte de África hasta Egipto. Toda esta potencia, tras concentrarse en una sola, intentó conquistar las tierras de Grecia y esclavizar a sus habitantes. Sin embargo, la ciudad de Atenas se alzó contra el ejército atlante y, liderando a las ciudades vecinas, resistió su invasión. A continuación, los atenienses combatieron a los atlantes e impidieron que los pueblos que aún quedaban en libertad fueran esclavizados

Las olas de un tsunami destruyen las costas de Creta. 
Ilustración de Roger Payne. El colapso de la civilización 
minoica, quizás por la erupción de Santorini, y la subsiguiente 
invasión micénica de la isla han sido relacionados 
también con el hundimiento de la Atlántida.

Los atenienses liberaron finalmente a todos los pueblos del interior de las Columnas de Hércules, expulsando a los atlantes de regreso a su isla. En el tiempo siguiente, sobrevinieron un violento seísmo y un cataclismo. Durante un día y una noche terribles, la isla de la Atlántida se hundió bajo las aguas del mar, quizás por designio de Zeus, el rey de los dioses, a quien irritaba el orgullo desmedido de los atlantes. También se hundió bajo la tierra la casta guerrera de los atenienses que combatieron contra la Atlántida, antepasados de los griegos.


Fuentes:
Platón, Timeo y Critias.

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Para leer una extraña crónica histórica acerca del pueblo de los atlantes, pincha aquí.
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martes, 2 de abril de 2019

Perseo y Medusa

Cuatro generaciones antes del nacimiento de Hércules, reinaba en la ciudad de Argos el cruel Acrisio, hijo de Abante. Deseoso de engendrar un hijo varón que lo sucediera tras su muerte, el rey Acrisio consultó el oráculo de Delfos. Lo que la Pitia comunicó al monarca fue contrario a sus deseos: Acrisio jamás engendraría a un hijo varón. De hecho, su propio nieto acabaría con su vida y le arrebataría la corona.

Consternado por la profecía del oráculo, Acrisio regresó a Argos dispuesto a
 evitar el nacimiento de su nieto. Para ello, el rey ordenó encerrar a su única hija, la princesa Dánae, en una mazmorra subterránea o una torre. No obstante, Zeus observaba con deseo a Dánae desde lo alto del monte Olimpo. 

Mientras la joven languidecía atrapada en su prisión, el rey de los dioses se deslizó en el interior de la celda en forma de oro líquido y sedujo a Dánae. Nueve meses después de aquel encuentro nacería Perseo, uno de los primeros héroes y grandes reyes de  la Grecia heroica. 

Cuando Acrisio descubrió que su hija había dado a luz a Perseo, no creyó que Zeus la hubiera seducido. Furioso, alegando que la joven ya se hallaba encinta antes de su encarcelamiento, Acrisio introdujo a Dánae y a su nieto en una cesta o caja de madera que ordenó arrojar al mar. 

Las olas arrastraron el arcón mar adentro, pero ni Dánae ni Perseo murieron. Las
 aguas del mar los condujeron hasta la isla rocosa de Sérifos, donde fueron rescatados por un pescador llamado Dictis, el humilde hermano del rey de la isla, y su mujer Clímene. 

Educado por Dánae y el matrimonio de pescadores, Perseo creció en la isla de Sérifos, muy lejos del rey Acrisio y del trono de Argos, su verdadero hogar. 


Perseo y Medusa. Cerámica de figuras negras. 
Siglo VI a.C.
En la rocosa Sérifos, patria adoptiva de Perseo, reinaba Polidectes, el hermano de Dictis el pescador. En el pasado, Polidectes había expulsado a Dictis del trono en un alzamiento ilegítimo. Ahora, cuando Perseo ya era un joven fuerte y atlético, el monarca se enamoró de Dánae, la madre del héroe. Pero el rey no se atrevió a tomar a Dánae por la fuerza encontrándose Perseo, un vástago del propio Zeus, en la isla. Así pues, para que Perseo no pudiera proteger a su madre, el rey Polidectes tramó un engaño. 

Polidectes convocó a los hombres de la ciudad y les hizo creer que se disponía a reunir una gran dote para un fingido matrimonio con la doncella Hipodamía, hija de Enómao. Para deshacerse de Perseo en concreto, Polidectes ordenó al joven hacerse con un regalo único para la princesa Hipodamía: la cabeza de la Gorgona Medusa. El rey lo enviaba de esta forma a una muerte segura, ya que Medusa podía convertir en piedra a aquel que se atreviera a mirarla. El monstruo tenía una cabeza rodeada de serpientes, grandes colmillos como de jabalí, manos de bronce y alas de oro por medio de las cuales podía volar. 


Perseo y Medusa. Céramica de figuras rojas. 
Siglo V a.C.
En su búsqueda de Medusa, y ayudado por Atenea y Hermes, Perseo viajó en primer lugar hasta la morada de las Greas, hijas de Forcis y Ceto, llamadas Enio, Pefredo y Dino. Estas ancianas habitaban cerca del lago Tritónide, en las arenas de Libia, y compartían un solo ojo y un diente. Tras arrebatarles el ojo y el diente a las Greas, Perseo las obligó a revelarle el paradero de unas ninfas que poseían artefactos mágicos que lo ayudarían en su misión. Las Greas le indicaron el camino hacia las ninfas, quienes lo obsequiaron con un morral, unas sandalias aladas y el casco de Hades, que podía volver invisible a su portador. 

Habiendo superado su primera etapa del viaje, Perseo se echó el morral de las ninfas alrededor del cuello, se puso el yelmo en la cabeza y se ciñó las sandalias. Echó entonces a volar en dirección al Océano, donde se encontraba la guarida de las Gorgonas. El dios Hermes le entregó una hoz, con la cual habría de cortarle la cabeza a Medusa, la única Gorgona que podía morir. Al contrario que Medusa, sus hermanas eran inmortales; sus nombres eran Esteno y Euríale. 


Perseo decapita a una versión de Medusa distinta a la recogida
por las fuentes escritas. Relieve del siglo VII a.C.
Ya en el interior del antro de Medusa, oculto con el casco de Hades y empuñando la hoz de Hermes, Perseo se situó junto al lecho de las Gorgonas mientras dormían. Atenea guió la mano del héroe haciéndolo volverse y mirar el reflejo de Medusa en la superficie pulida de su escudo de bronce. Sólo así evitaría mirar a la criatura directamente a los ojos en caso de que despertara. Pero Medusa no despertó, y Perseo, que había cruzado el mundo conocido en busca de la cabeza del monstruo, la decapitó de un tajo certero.
De la herida abierta del monstruo emergieron el caballo Pegaso y también Crisaor, padre de Geriones, ambos hijos de Poseidón y Medusa. Perseo guardó entonces la cabeza de Medusa en el morral y se dispuso a abandonar la guarida de las Gorgonas. Las hermanas de Medusa despertaron de su sueño y comenzaron a perseguirlo, pero no pudieron atraparlo, ya que el casco de Hades lo hacía invisible.

Mientras volaba de regreso a Sérifos, al oeste del mundo Perseo se encontró con el titán Atlas, un antiguo dios de estatura gigantesca y enorme fuerza. Atlas, que era enemigo de Zeus y sus descendientes, impidió a Perseo descansar en sus tierras. Por eso Perseo lo convirtió en montaña enseñándole la cabeza de Medusa. Nacía así la cordillera del Atlas.

Más tarde, en su vuelo de regreso a Sérifos, Perseo convirtió en piedra a la monstruosa criatura marina Ceto, salvando así a la princesa etíope Andrómeda. Tras rescatar a la princesa, Perseo la tomó como esposa. Entonces Fineo, anterior pretendiente de la joven, reunió a sus hombres y se enfrentó al héroe. Pero Perseo salió victorioso de un combate a espada. Después de pasar un año en Etiopía y tener un hijo con Andrómeda, regresó al fin a Sérifos. 



Perseo y Andrómeda. Mosaico romano. 
Siglo II-III d.C. aprox.
En ausencia de Perseo, el rey Polidectes había tratado de raptar a Dánae. Ahora, la madre de Perseo se refugiaba en el altar de Zeus. Cuando Perseo acudió ante el rey Polidectes y le informó de que había conseguido la cabeza de Medusa, el rey lo acusó de estar mintiendo. Para castigar la maldad de Polidectes y burlarse de su incredulidad, Perseo le mostró a la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra, salvando así a su madre del cruel rey. Después, Perseo entregó el trono de Sérifos al pescador Dictis, quien lo había recogido del mar y criado cuando era un niño, y que era el legítimo rey. 

Tras derrocar a Polidectes en la rocosa Sérifos, Perseo viajó a la Grecia continental para tratar de reconciliarse con su abuelo. Pero el rey Acrisio se negó a verlo por temor a la vieja profecía del oráculo de Delfos. Más tarde, sin embargo, Perseo participó en una competición en la ciudad de Larisa. Sin saberlo, el rey Acrisio acudió como espectador. El anciano rey no podría escapar ya de su destino: lanzando un disco, Perseo alcanzó y mató accidentalmente a Acrisio. Se cumplía así la profecía del oráculo. 

Aunque Perseo se convirtió en el nuevo rey de Argos, avergonzado por la muerte de su abuelo, el héroe decidió cambiar su reino por el de su primo. Así, Perseo recibió la corona de Tirinto y fundó la ciudad de Micenas, futura patria de los grandes héroes Hércules y Agamenón. Allí, en la fastuosa Micenas, Perseo reinó hasta su muerte junto a su esposa, la prinecesa etíope Andrómeda.



Fuentes:
APOLODORO (2002): Biblioteca Mitológica. (Calderón, J., Ed.). Madrid. Akal. 
OVIDIO (2011), Metamorfosis. (Leonetty, E., Trad.). Barcelona. Espasa.
PAUSANIAS (1994): Descripción de Grecia. (Gómez, F.J. Trad.). Madrid. Gredos.
  

viernes, 15 de abril de 2016

Prometeo, de Goethe

«Cubre tu cielo, Zeus,
con un velo de nubes,
y juega, tal muchacho
que descabeza cardos,
con encinas y montañas;
pero mi tierra
deja en paz
y mi cabaña,
que tú no has hecho,
y mi hogar,
por cuyo fuego
me envidias.

¡No conozco nada más miserable bajo el sol
que vosotros, dioses!
Pobremente sustentáis con sacrificios
y aliento de oraciones
vuestra majestad,
y moriríais
si pordioseros y niños
no enloqueciesen de esperanza.

¡Y, cuando era niño,
no sabía por qué volvía
al sol la mirada extraviada!
¡Como si en lo alto alguien hubiera
que oyese mi lamento,
o un corazón que, como el mío,
se apiadase del oprimido!

¿Quién me ayudó
contra la furia de los titanes?
¿Quién me salvó de la muerte
y de la esclavitud?
¿Acaso no lo hiciste tú todo,
sagrado y ardiente corazón?
¿Y te consumiste, joven y bueno,
engañado, esperando algo
del que duerme allá arriba?
¿Que te venere? ¿Para qué?
¿Has mitigado el dolor del ofendido?
¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?
¿Acaso no me hicieron hombre
el tiempo omnipotente
y el eterno destino,
mis señores y los tuyos?
¿Creíste tal vez
que odiar debía la vida
y huir al desierto
porque no todos los sueños maduraron?

Aquí estoy y me afianzo;
formo hombres
según mi idea;
un linaje semejante a mí,
que sufra, llore,
goce y se alegre,
¡y que no te respete,
como yo!»
Prometeo, Johann Wolfgang von Goethe 

martes, 1 de abril de 2014

Cadmo, el rapto de Europa y la fundación de Tebas

Agénor, hijo de Poseidón y hermano de Belo, rey de Egipto, levantó un próspero reino en las costas de Fenicia. Desposó a Telefasa y engendró a la bella Europa, Cadmo, Fénix, Cílix y Taso. Enamorado de Europa, Zeus descendió del Olimpo y, transformándose en un enorme toro manso, transportó a Europa sobre su lomo hasta Creta. Allí, Zeus y Europa engendraron a Sarpedón y Radamantis y al gran rey Minos, futuro esposo de Pasífae y padre del Minotauro. 

Zeus rapta a Europa. Cerámica del siglo IV a.C.

Afligido por la desaparición de la princesa, el rey Agénor ordenó a sus hijos partir en su busca y no regresar jamás sin ella. En su viaje, incapaces de encontrar a su hermana, los hijos de Agénor abandonaron su búsqueda y terminaron fundando distintas ciudades lejos de su hogar. Tras consultar el oráculo de Delfos, Cadmo comprendió que también él debía abandonar la búsqueda de Europa y fundar una nueva ciudad. El oráculo le dijo que siguiera a una vaca y levantara una ciudad en el lugar donde el animal cayera muerto de cansancio. Así pues, tras encontrar una vaca, el héroe la siguió. Cuando la vaca atravesaba las tierras de Beocia, cayó rendida de agotamiento y, siguiendo el consejo del oráculo, Cadmo decidió asentarse en aquel lugar. Con la intención de sacrificar la vaca a la diosa Atenea, el héroe envió a sus hombres a sacar agua de una fuente. Sin embargo, sus hombres murieron devorados por el dragón que la custodiaba, descendiente de Ares

Cadmo se enfrenta al dragón junto a la fuente. 
Cerámica del siglo IV a.C.

Cuando Cadmo descubrió su muerte, se enfrentó a la enorme serpiente y acabó con ella. Siguiendo los consejos de Atenea, Cadmo sembró los colmillos del dragón, y de la tierra brotaron hombres completamente armados. Los hombres armados, llamados Espartoi, combatieron entre sí hasta que sólo cinco quedaron con vida. Por haber dado muerte al dragón de Ares, Cadmo fue obligado a servir al dios de la guerra durante ocho años. Sin embargo, cuando fue liberado de su esclavitud, el héroe fundó la ciudad de Tebas, futuro hogar de Edipo y Hércules, y Zeus le entregó por esposa a Harmonía, la hermosa hija de Ares y Afrodita. Los guerreros Espartoi se convirtieron en los fundadores de las cinco primeras familias nobles tebanas.


Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

viernes, 28 de marzo de 2014

La ira del titán Prometeo en Prometeo Encadenado, de Esquilo


«No pienses jamás que yo, por temor a un decreto de Zeus, me voy a hacer de ánimo débil y voy a rogar con insistencia a ese ser al que tanto odio, con mis palmas levantadas, que me libere de estas cadenas.» 
«Que contra mí se precipite el rizo de doble filo de fuego, y que el éter se vea perturbado por el trueno y la furia de salvajes vientos, y que el viento remueva la tierra desde sus cimientos con sus propias raíces, que el oleaje del mar con ronco fragor confunda los caminos de los astros celestiales, que levante mi cuerpo y lo precipite al tenebroso Tártaro con los torbellinos crueles de Ananké. No podrá acabar conmigo en ningún caso.»
«Se cumplirá enteramente la maldición de su padre, Cronos, que profirió al ser derrocado de su antiguo trono. Un modo de evitar tales desgracias ninguno de los dioses, excepto yo, podría mostrarle con claridad. Yo esto lo sé, y de qué manera. Ante esto, y sin temor, que continúe sentado confiado en sus truenos allá en lo alto y blandiendo en sus manos el dardo que exhala fuego. Pues nada de eso le será suficiente para evitarle caer ignominiosamente con caída insufrible. Tal rival ahora se está preparando él contra sí, prodigio invencible, el cual hallará una llama más poderosa que el rayo y un fuerte estruendo que supere al trueno y una calamidad marina que sacuda la tierra, la cual hará añicos el tridente lanza de Poseidón. Cuando se estrelle contra esta desgracia aprenderá cuán distinto es mandar y ser esclavo.»


Esquilo, Prometeo Encadenado, siglo V a.C.

jueves, 27 de marzo de 2014

Los doce trabajos de Hércules, última parte: Los seis últimos trabajos de Hércules y su ascensión al monte Olimpo

Como séptimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevar el toro de Creta a las puertas de la ciudad. Esta bestia había surgido del mar por mandato de Poseidón para que el gran rey Minos la sacrificara en su honor. Pero cuando Minos contempló al toro, maravillado por su apariencia, decidió sacrificar otro animal. Como castigo, Poseidón volvió al toro salvaje y violento y, además, hizo que Pasífae, la esposa de Minos, cayera enamorada del animal y deseara unirse con él. Así pues, Pasífae encargó al inventor Dédalo crear una vaca de madera en la cual ella pudiera esconderse y atraer al toro. De la unión antinatural de Pasífae y el toro de Poseidón nació el terrible Minotauro, de nombre Asterión, una bestia mitad hombre, mitad toro. 

Cuando Hércules llegó a Creta, acudió al rey Minos en busca de ayuda para llevar a cabo su misión, pero éste se negó a escucharlo. Así pues, Hércules sometió al salvaje toro de Poseidón con sus propias manos, sin ayuda de nadie. Montado sobre su lomo, el héroe obligó a la bestia cruzar a nado el mar y, de regreso en Micenas, le mostró el toro al rey Euristeo. A continuación, Hércules liberó a la bestia, que se estableció en Maratón, donde años después moriría a manos de Teseo. 


 Hércules somete al toro de Creta. Cerámica del siglo V a.C.

Como octavo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las yeguas del rey Diomedes, hijo de Ares. El belicoso rey Diomedes alimentaba a sus yeguas con carne humana, por lo que éstas se habían vuelto extremadamente violentas. Para hacerse con las yeguas, Hércules reunió una tripulación y partió a Tracia junto a su compañero Abdero, hijo de Hermes. Allí, Hércules redujo a los guardias de los establos y capturó a los animales. Sin embargo, cuando el rey Diomedes descubrió el robo, reunió a sus hombres y acudió a los establos para enfrentarse a los ladrones. Hércules dejó a Abdero a cargo de las yeguas y, tras capturar a Diomedes, obligó a sus hombres a huir. Cuando Hércules regresó del combate, descubrió que Abdero había perdido el control de las yeguas y éstas lo habían destrozado. Afligido, el héroe enterró los restos de su compañero en aquel mismo lugar y fundó la ciudad de Abdera en su memoria. Tras hacerse con las yeguas, Hércules les dio de comer la carne del propio Diomedes, liberándolas así de su locura. Finalmente, antes de liberarlas, Hércules llevó a las yeguas ante el rey Euristeo. 


Hércules se hace con las yeguas de Diomedes.
Mosaico romano del siglo III a.C.

Como noveno trabajo, Euristeo ordenó a Hércules buscar el cinturón de guerra de Hipólita, la reina de las Amazonas. Las Amazonas, feroces guerreras, habitaban a orillas del río Termodonte. Según su costumbre, tan sólo criaban niñas, y se oprimían el pecho derecho para que no les impidiera disparar con el arco y las flechas. Tras reunir una tripulación, Hércules navegó hasta el puerto de Temiscira, la principal ciudad de las Amazonas. Allí, la reina Hipólita visitó el barco de Hércules con la intención de averiguar la razón de su visita, y. cuando Hércules le contó el motivo de su llegada, la reina prometió entregarle el cinturón, que había pertenecido al propio Ares. Sin embargo, la diosa Hera, haciéndose semejante a una de las Amazonas, convenció a las demás de que Hércules quería secuestrar a su reina. Así pues, las Amazonas tomaron sus armas y atacaron a caballo la nave del héroe. Cuando éste las vio armadas, creyendo que se trataba de una trampa, mató a Hipólita, le arrebató el cinturón y combatió con fiereza a las Amazonas. 


Hércules combate a las Amazonas, que tienen la piel 
clara correspondiente a las mujeres pero visten armadura 
y portan armas. Cerámica del siglo VI a.C.

De regreso a Micenas, Hércules se detuvo en la costa de Troya. Allí encontró abandonada a una muchacha llamada Hesíone. Ésta había sido expuesta por Laomedonte, su propio padre, como pasto para un monstruo marino enviado por Poseidón. Tras pedir a Laomedonte sus magníficas yeguas, regalo de Zeus, a cambio del rescate de su hija, Hércules mató al monstruo y salvó a Hesíone. Pero el rey no quiso pagar lo estipulado, y aunque Hércules regresó a Micenas con el cinturón de Hipólita, jamás olvidó aquella traición. 

Tiempo después de realizar el último de los trabajos de Euristeo, reunió un ejército y navegó hacia Troya con dieciocho naves. Una vez allí, dejó sus naves bajo la vigilancia de Oícles y partió contra la ciudad. Aprovechando su partida, Laomedonte ordenó a sus hombres prender fuego a las naves del héroe, pero los compañeros de Oícles los rechazaron. Junto con Telamón, padre de Áyax, Hércules abrió una brecha en la muralla de Troya y tomaron la ciudad. Una vez dentro, Hércules abatió con sus flechas a Laomedonte y a todos sus hijos salvo Príamo, futuro padre del gran héroe troyano Héctor. Entonces Hércules entregó como esposa a Hesíone a Telamón. 

Como décimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules hacerse con las vacas de Gerión, hijo del gigante Crisaor que vivía cerca del Océano en la isla de Eritia, llamada Gadira posteriormente. Gerión tenía la corpulencia de tres hombres juntos, fundidos en uno por la cintura pero separados en tres a partir de los flancos y muslos. Exterminando temibles fieras salvajes a su paso, Hércules cruzó Europa en busca de su ganado. A su paso por Tartessos, erigió dos columnas simétricas sobre los montes de Europa y Libia, y durante su viaje, abrasado por el sol, llegó a apuntar al dios Helios con su arco con la intención de abatirlo. Helios, admirado por su valor, le entregó la copa de oro en la que, cada noche, surcaba los mares de regreso a su palacio en el este. 

Montado en la copa de oro de Helios, Hércules navegó hasta Eritia. Ya en la isla, mató a mazazos al boyero Euritión y a Orto, un perro de dos cabezas, los cuales vigilaban el ganado de Gerión. Cuando el monstruoso Gerión fue alertado del suceso, se enfrentó a Hércules, pero el héroe logró darle muerte atravesándolo con sus flechas. A continuación, Hércules embarcó las vacas en la copa de Helios y navegó de regreso a Tartessos, donde devolvió la copa al dios. Hércules condujo el ganado de Gerión de regreso a Micenas. Sin embargo, Yalebión y Dercino, hijos de Poseidón, lograron robarle las vacas. Tras matar a los ladrones y recuperar el ganado, Hércules perdió a un toro que, cruzando Italia, llegó al llano del rey Érix. 


Hércules combate a Gerión, armado con tres escudos 
y tres yelmos. Cerámica del siglo VI a.C.

Después de confiar el resto del ganado al dios Hefesto, Hércules partió en busca de Érix, hijo de Poseidón, quien se negó a devolverle el toro si no era capaz de vencerlo en un combate. Así pues, Hércules se enfrentó a él a puñetazos y, tras derrotarlo tres veces seguidas, finalmente acabó con su vida. Habiendo recuperado el toro, Hércules guió el ganado hacia el mar Jonio, pero allí un tábano enviado por Hera hizo que las vacas se dispersaran. Hércules tan sólo pudo recuperar una parte del ganado y, después de entregarle las vacas restantes a Euristeo, el rey las sacrificó a Hera. 

Tras ocho años y un mes de interminables viajes y violentos combates, Hércules había realizado todos los trabajos del rey Euristeo. Sin embargo, Euristeo no aceptó el trabajo de los establos del rey Augias, ya que Hércules había pedido una recompensa a cambio de su labor. Tampoco reconoció el trabajo de la hidra puesto que Yolao había ayudado a Hércules a dar muerte a la serpiente. Así pues, el rey ordenó a Hércules dos nuevos trabajos. 

Como undécima labor, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, obsequio de la diosa Gea a Zeus como regalo de bodas. Las manzanas de oro estaban custodiadas por Ladón, un dragón inmortal de cien cabezas. También las vigilaban las las ninfas Hespérides, hijas de la antigua diosa Noche. Para averiguar la ubicación del jardín de las Hespérides, Hércules consultó a las ninfas del río Erídano, hijas de Zeus y Temis, quienes le aconsejaron que atrapara al anciano dios Nereo para sonsacarle el paradero del jardín de las Hespérides. Así pues, el héroe buscó y apresó al dios mientras dormía, y, a pesar de que éste adoptó todo tipo de formas para escaparse, logró inmovilizarlo y atarlo. Cuando averiguó dónde podría encontrar las manzanas, lo liberó y partió hacia Libia. 

Reinaba en Libia el corpulento Anteo, quien mataba a los extranjeros y utilizaba sus calaveras para techar el templo de su padre, Poseidón. Por ser también hijo de Gea, Anteo era invencible cuando tocaba la tierra. Viéndose obligado a pelear con Anteo, Hércules lo levantó en una presa y, reteniéndolo en el aire, lo aplastó hasta que murió. Después de Libia, Hércules atravesó Egipto, donde reinaba el rey Busiris, hijo de Poseidón. Para devolver la fertilidad a las tierras de su reino, el faraón Busiris sacrificaba a los extranjeros en el altar de Zeus. Aunque Hércules fue apresado y llevado a los altares, logró romper sus ataduras y mató a Busiris y a su hijo Anfidamante. Tras atravesar Arabia y matar a Ematión, hijo de Titono, amante de Eos, Hércules caminó a través de Libia hasta el mar Exterior. Allí, una vez más, Hércules recibió la copa de Helios, en la cual navegó hasta el gélido Cáucaso, donde se encontraba Prometeo. 


Hércules navega a bordo de la copa de Helios.
Cerámica del siglo IV a.C.

Un águila devoraba el hígado de Prometeo cada día desde que el titán fuera encadenado por entregar el fuego de los dioses a los hombres. Acercándose al titán, Hércules dio muerte al águila con sus flechas. Prometeo fue entonces liberado de su tormento, pues el centauro Quirón había renunciado a su inmortalidad a cambio de su libertad. En agradecimiento por la ayuda de Hércules, Prometeo le aconsejó que no tratara de coger las manzanas él mismo. En vez de ello, debería pedirle al titán Atlas, que sostenía la bóveda celeste cerca del jardín de las Hespérides, que lo hiciera por él. 

Así pues, cuando Hércules encontró a Atlas, se ofreció a sostener el cielo en su lugar hasta que el titán regresara con las manzanas. Cuando el titán volvió con las manzanas, no obstante, se negó a soportar la bóveda de nuevo. Pero Hércules logró engañar al titán diciéndole que deseaba colocarse una almohadilla en la cabeza para soportar mejor el peso del cielo. Oído aquello, Atlas dejó las manzanas en el suelo y recibió la bóveda celeste para permitir al héroe acomodarse. Entonces, Hércules recogió las manzanas y regresó a Micenas, donde se las enseñó a Euristeo. A continuación, Hércules entregó las manzanas a la diosa Atenea, quien las llevó de vuelta al jardín, el único lugar apropiado para ellas. 


Hércules en el jardín de las Hespérides. 
Mosaico romano del siglo III.

Como último trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer al temible Cerbero desde el inframundo. Cerbero, perro guardián de las puertas del Hades, tenía tres cabezas, cola de serpiente y multitud de cabezas también de serpiente a lo largo del lomo. Para descender al inframundo, Hércules se adentró en la cueva de Ténaro, en Lacedemonia. Tras un arduo descenso, Hércules se encontró con las almas de los muertos en la oscuridad. Cuando las almas vieron al héroe, huyeron de él, excepto las de Meleagro y la Gorgona Medusa. Desenvainando su espada, Hércules se lanzó contra la Gorgona, pero se detuvo cuando Hermes le indicó que se trataba tan sólo una forma vacía. 

Cuando se hallaba ya cerca de las puertas del Hades, Hércules encontró a Teseo y a Pirítoo, prisioneros del inframundo aun estando vivos. Junto con Teseo, Pirítoo había descendido al inframundo con la imprudente intención de pedir en matrimonio a Perséfone, la esposa del dios Hades. Ofendido ante tal atrevimiento, el dios de los muertos invitó a Teseo y a Pirítoo a sentarse en unas sillas, de donde ya no pudieron volver a levantarse. Hércules pudo separar a Teseo de su asiento tirando de él. Sin embargo, cuando intentó liberar a Pirítoo, la tierra comenzó a temblar, de modo que el héroe se vio obligado a abandonarlo. En su descenso al inframundo, Hércules liberó también a Ascálafo, quien había delatado a Perséfone cuando ésta se comió una semilla de granada y, por tanto, quedó ligada de por vida al mundo inferior.

Queriendo suministrar sangre a las almas de los muertos para que recuperaran su consciencia, Hércules degolló una de las vacas de Hades. Menetes, que apacentaba el ganado de Hades, desafió a Hércules a un combate, pero éste lo atrapó por la cintura y le quebrantó los flancos. Finalmente, el héroe se presentó ante Hades, dios del inframundo. Hades le permitió llevarse a Cerbero siempre y cuando lo redujera sin hacer uso de las armas que llevaba. Así pues, cuando Hércules encontró a Cerbero a las puertas del Aqueronte, se lanzó hacia él completamente desarmado. Echó las manos alrededor de las cabezas del perro y no lo soltó a pesar de resultar mordido por una de sus bocas de serpiente. Hércules estranguló a Cerbero hasta que éste cedió y, tras conducirlo hasta el mundo de los vivos, se lo mostró a Euristeo. 


Hércules lleva a Cerbero ante el asustado Euristeo, 
oculto en su tinaja de bronce. Cerámica del siglo VI a.C.

Tras llevar a cabo los doce trabajos que Euristeo le encomendó, Hércules quedó libre de su servicio al rey. Como premio por sus hazañas, los dioses otorgaron a Hércules el don de la inmortalidad, que habría de reclamar a su muerte, tras años de interminables conquistas y después de proteger el monte Olimpo de la invasión de los gigantes nacidos de Gea. Así, cuando Hércules murió, mientras su cuerpo se consumía en su pira funeraria, una nube de tormenta se puso debajo y, tronando, lo elevó hacia el cielo. Hércules se convirtió entonces en dios y, tras reconciliarse con Hera, se casó con su hija, la bella y jovial diosa Hebe. Desde entonces, habitó junto a los dioses en la cima del monte Olimpo, y los hombres levantaron numerosos templos en su honor.



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

Los doce trabajos de Hércules, segunda parte: Los seis primeros trabajos


Tras asesinar a sus propios hijos ofuscado por obra de la diosa Hera, Hércules acudió al palacio del rey Tespio, donde fue purificado tras haber cometido un crimen tan atroz. A continuación, partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. Allí, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto, tras los cuales ganaría la inmortalidad y renombre eterno. 


Ruinas de Micenas y Tirinto, ciudades de la región
 de la Argólide, donde reinaba Euristeo.

Cuando el héroe llegó a Tirinto, en primer lugar, el rey Euristeo le ordenó hacerse con la piel del temible león de Nemea, hijo del gigantesco monstruo Tifón. Para que el león no escapara por una de las dos bocas de la cueva, Hércules bloqueó una de las salidas y entró por la otra. Al enfrentarse a la bestia, el héroe descubrió que su piel era invulnerable a las flechas y las espadas. Así pues, aturdió al león golpeándolo con su garrote y después lo estranguló con sus propias manos. Tras dar muerte al monstruo, Hércules llevó su cadáver ante el rey Euristeo, el cual, asustado por la su horrendo aspecto, le ordenó que a partir de entonces exhibiera sus trofeos a las puertas de la ciudad. Antes de su siguiente trabajo, Hércules desolló al león con sus propias garras, ya que era invulnerable a cualquier otra arma, y se cubrió con la piel de la bestia utilizando la apertura de su boca como yelmo. Obtuvo así una protección impenetrable. 

Hércules estrangulando al león de Nemea.
Vaso de cerámica del siglo V a.C.

El segundo trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue matar a la hidra de Lerna, una serpiente de agua gigante con nueve cabezas. Montado en un carro de combate conducido por su sobrino Yolao, Hércules acudió a la madriguera de la hidra. Cuando la hidra abandonó su guarida, Hércules comenzó a aplastar sus cabezas golpeándolas con su garrote. Sin embargo, de cada cabeza aplastada nacían dos nuevas, por lo que el héroe pronto se vio rodeado por las múltiples bocas del dragón. Mientras intentaba defenderse de las cabezas de la hidra, además, la diosa Hera envió un enorme cangrejo contra él. El cangrejo le mordió en un pie, aunque el héroe logró aplastarlo. Entonces, Yolao le ayudó a derrotar a la hidra. Mientras Hércules aplastaba las cabezas de la hidra, su sobrino abrasaba con tizones las cabezas que renacían de las heridas. Así, finalmente, Hércules arrancó la última cabeza de la hidra, que era inmortal, y la enterró bajo una pierda junto a un camino. A continuación, abrió el cuerpo de la serpiente y envenenó la punta de sus flechas mojándolas en su bilis.


Hércules y Yolao combaten a la hidra. 
Cerámica del siglo VI a.C.

Como tercer trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules capturar y llevar a Micenas a la cierva de Cerinia. La cierva de Cerinia, que tenía los cuernos dorados, estaba consagrada a la diosa Artemisa y por esa razón no se le podía dar caza. Hércules, que no podía por tanto abatir al animal con sus flechas, corrió tras ella con la intención de atraparla, pero la cierva resultó ser mucho más veloz que él. No obstante, el héroe poseía una fuerza sobrehumana, de modo que corrió tras la cierva sin parar durante días y noches hasta que, rendido de agotamiento, el animal cayó exhausto. Hércules capturó a la cierva finalmente, pero al hacerlo ofendió a Artemisa, quien descendió del Olimpo junto con su hermano Apolo y le arrebató al animal de las manos. Sin embargo, Hércules apaciguó la cólera de Artemisa y recuperó a la cierva tras explicar a los dioses el motivo de su captura. Entonces, tras llevar a la cierva ante Euristeo, la dejó en libertad. 

Como cuarto trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer con vida al violento jabalí del monte Erimanto. En su búsqueda del jabalí, Hércules se hospedó con el centauro Folo, que vivía en una cueva situada al sur de la guarida de la bestia. El centauro ofreció de buen gusto carne asada a su invitado. Él, en cambio, como criatura salvaje, la comía cruda. Lo que Folo no le ofreció fue el vino de la tinaja común de los demás centauros, pues temía enfurecerlos. Sin embargo, Hércules terminó por convencer a su anfitrión, quien destapó la tinaja y le ofreció beber de su interior. Entonces, al percibir el aroma del vino, furiosos, los demás centauros irrumpieron en la cueva de Folo armados con pesadas piedras y blandiendo troncos de abeto. Hércules ahuyentó a los primeros centauros que entraron en la cueva lanzándoles brasas y, cuando los demás huyeron, los persiguió hasta Malea acosándolos con su arco y sus flechas. 

Los centauros acudieron a Quirón, hijo de Cronos y maestro de héroes, en busca de ayuda. Cuando el héroe los encontró, disparó una de sus flechas envenenadas contra uno de ellos, pero el proyectil atravesó el brazo del centauro y alcanzó a Quirón. Afligido, Hércules corrió hacia Quirón y le arrancó la flecha, pero la herida del centauro resultó ser incurable, pues el proyectil estaba envenenado con la sangre de la hidra de Lerna. Los demás centauros huyeron del lugar y, padeciendo terribles dolores, Quirón se retiró a su cueva. Aunque el maestro centauro deseaba morir para escapar del dolor, su vida jamás abandonaría sus miembros, pues era inmortal. Así pues, Quirón renunció a su inmortalidad ante Zeus a cambio de la liberación del titán Prometeo, logrando de ese modo escapar del dolor. Al regresar a la cueva del centauro Folo, Hércules descubrió que éste también había muerto, pues inspeccionando una de las flechas de Hércules, Folo se la había clavado accidentalmente, muriendo al instante. 


Hércules contra los centauros. 
Cerámica del siglo V a.C.

Tras enterrar a su amigo, Hércules continuó con la caza del jabalí. Lo hizo salir de la espesura aturdiéndolo con sus gritos y lo condujo después hacia la espesa nieve. Cuando el jabalí quedó atrapado en la nieve, Hércules lo apresó y lo llevó ante el rey Euristeo. Asustado, Euristeo, que aún recordaba el horrible aspecto del león de Nemea, recibió a Hércules escondido en una tinaja de bronce. 

Como quinto trabajo, Euristeo ordenó a Hércules limpiar los establos del rey Augias, hijo del dios Helios, en un solo día. Sin revelarle la orden de Euristeo, Hércules aseguró a Augias que limpiaría los establos a cambio de una décima parte de todos sus rebaños. Augias, que no creyó posible que el héroe fuera capaz de retirar todo el estiércol de los establos en un único día, accedió a su propuesta. Para llevar a cabo aquella labor imposible, Hércules recurrió a su ingenio. En vez de limpiar el estiércol a mano, Hércules desvió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo atravesar el interior de los establos. Pero cuando Augias se enteró de que Hércules había limpiado los establos por mandato de Euristeo, se negó a entregarle la recompensa acordada aduciendo que el héroe en realidad no tenía elección a la hora de limpiarlos. Augias incluso negó que hubiera prometido darle una compensación, y aunque Fileo, el propio hijo de Augias, testificó en favor de Hércules, el rey se negó a cumplir su parte del acuerdo. Finalmente, Augias expulsó a Hércules y a su propio hijo de sus tierras. 

Pero Hércules no olvidaría jamás la traición del rey y, años más tarde, tras realizar el último de sus trabajos, reunió un ejército para marchar contra su ciudad. Después de asesinar a los generales del ejército de Augias en una emboscada, tomó su ciudad y mató al rey y a todos sus hijos salvo Fileo. En agradecimiento a éste, quien había testificado en su favor, el héroe le entregó el trono del rey Augias. Además, para brindar prosperidad al reino de Fileo, Hércules fundó los primeros Juegos Olímpicos, que tendrían lugar cada cuatro años. 

El sexto trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue expulsar a las aves devoradoras de hombres del lago Estinfalo, que podían atravesar una armadura de bronce o hierro con sus afilados picos. Estas aves, que habitaban las boscosas orillas del lago, eran tan numerosas que Hércules no sabía cómo hacerlas salir a todas de la espesura. Sin embargo, la diosa Atenea acudió en su ayuda y le entregó unas castañuelas de bronce fabricadas por Hefesto, el dios herrero. Tocando los platillos de Hefesto entonces desde lo alto de una montaña que se alzaba junto a la laguna, el héroe logró a asustar a las aves. Cuando las aves abandonaron la espesura del bosque, las abatió una a una con su arco y sus flechas. 

 Para leer sobre los seis últimos trabajos de Hércules, haz click <aquí>.


Fuentes:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.
Teócrito, Idilio XXV.

Los doce trabajos de Hércules, primera parte: el nacimiento, la juventud y el matrimonio de Hércules

El dios Zeus, señor del Olimpo y rey de todos los dioses, decidió engendrar a un héroe que ganara gran renombre y combatiera junto a los dioses para poner fin a la guerra contra los gigantes. Así pues, habiendo ordenado a Helios detener su carro, Zeus se unió a la princesa Alcmena durante una noche de tres días de duración. De aquella unión nació Hércules, el mayor de todos los héroes, quien estaba destinado a llevar a cabo extraordinarias hazañas.

La diosa Hera, quien odiaba a Hércules por ser hijo de Zeus y una mortal, intentó causar la muerte del héroe desde un principio. Cuando Hércules tenía tan sólo diez meses, la reina de los dioses envió dos enormes serpientes a su cuna para que lo devoraran. Sin embargo, el bebé agarró a ambas serpientes por el cuello y, valiéndose de su fuerza sobrehumana, las asfixió hasta la muerte. 

Hércules Farnesio, siglo III. Copia 
romana en mármol del original griego 
en bronce del siglo IV a.C. 

En su juventud, Hércules fue educado por los mejores maestros de Grecia. Éurito, nieto de Apolo, el dios arquero, le enseñó el manejo del arco y las flechas. Autólico, el mejor de los ladrones, y Cástor, hijo de Zeus, lo instruyeron en el arte del combate cuerpo a cuerpo. Anfitrión, esposo de Alcmena, le enseñó a conducir carros de guerra. Y Lino, hermano del propio Orfeo, el mayor de los poetas, fue su profesor de música. 

Aunque tenía grandes aptitudes para el combate, a Hércules le costaba aprender a tocar la lira. En una ocasión, su maestro Lino, exasperado, llegó incluso a golpearlo. Entonces Hércules, en defensa propia, le devolvió el golpe con su cítara acabando sin quererlo con su vida. Aunque el joven había actuado en defensa propia, temiendo que volviera a ocurrir algo parecido, el rey Anfitrión envió a Hércules a cuidar bueyes. Así pues, Hércules llegó a la edad adulta atendiendo los rebaños de su familia. 

Siendo ya un hombre, por ser hijo de Zeus, Hércules aventajó a todos en fuerza y estatura, y sus ojos brillaban con el resplandor del fuego. Cuando un león procedente de la tierra de Citerón comenzó a devorar los ganados del rey Tespio y de la familia de Hércules, éste decidió darle caza. En los cincuenta días que duró su cacería, Hércules se hospedó en el palacio del rey Tespio. El rey, que deseaba que sus hijas tuvieran un hijo con Hércules, le entregó una cada noche para que se uniera con ellas. Y él, que pensaba que cada noche yacía con la misma joven, las dejó embarazadas. Finalmente, Hércules logró dar caza al león de Citerón, y, cuando regresaba de la cacería, se topó con los heraldos de la ciudad de Orcómeno.

Los heraldos se dirigían a Tebas, la ciudad de Hércules, para recaudar un desproporcionado tributo impuesto por la fuerza, pero Hércules les cortó la nariz y las orejas y se burló de ellos ordenándoles que se las llevaran como tributo a su rey en su lugar. Indignado por la burla de Hércules, Ergino, rey de Orcómeno, reunió a su ejército y marchó contra Tebas. Sin embargo, Hércules, tomando las armas de la diosa Atenea, logró matar a Ergino en la batalla y puso en fuga a sus soldados. El héroe obligó entonces a los habitantes de Orcómeno a pagar un tributo doble a la ciudad de Tebas. 

Ruinas de la fortaleza de Tebas, hogar de Hércules 
durante su infancia según la mitología.

Como recompensa por sus servicios, Creonte, rey de Tebas, entregó a Hércules a su hija Mégara por esposa, con quien fundaría una familia. Sin embargo, cuando la celosa diosa Hera infundió un terrible ataque de locura a Hércules, éste arrojó a sus hijos a una hoguera. Al recobrar la cordura, horrorizado por sus propias acciones, el héroe abandonó Tebas y se presentó ante el viejo rey Tespio, quien le había acogido durante la cacería del león. 

Tras ser purificado por el anciano, Hércules partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. En Delfos, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto. Asimismo, la Pitia le reveló que ganaría la inmortalidad como recompensa por dichas pruebas y le dio entonces por primera vez el nombre de Hércules, pues hasta aquel momento el héroe se había llamado Alcides, como su abuelo.

Para leer los doce trabajos de Hércules, pincha en los siguientes enlaces:



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

martes, 25 de marzo de 2014

La Atlántida y los dioses del Olimpo según la historia universal de Diodoro de Sicilia

Los llamados atlantes habitaban una tierra próspera y con grandes ciudades situada en las regiones junto al Océano. Tras enfrentarse al pueblo de las Amazonas y perder a manos de éstas la ciudad atlante de Cerne, establecieron con ellas un tratado de amistad y, juntos, ambos pueblos combatieron a las tribus de los gorgones, que acechaban constantemente a los atlantes. 

Los atlantes destacaban por su cortesía y una gran devoción hacia los dioses, y afirmaban que el nacimiento de éstos tuvo lugar entre ellos, pues los dioses no eran seres inmortales, sino hombres célebres y grandes reyes atlantes del pasado honrados tras su muerte. 

Urano fue su primer rey. Descubrió el uso y almacenamiento de los frutos cultivables y distintos artificios de la civilización que alejarían a su pueblo de la vida salvaje. Ideó leyes con las que regir a sus súbditos y dominó una enorme extensión de la tierra habitada, especialmente las regiones de occidente y el norte de Europa. Como gran observador de los astros, enseñó al pueblo a contar los años, las estaciones y los meses, y por ello las masas, asombrándose de sus conocimientos, atribuyeron cierta naturaleza divina a su señor y le rindieron culto como el dios de los cielos tras su muerte.

 Representación moderna de la Atlántida a imagen de los
 anillos descritos por Platón. Diodoro no menciona los anillos,
utiliza la palabra "Atlántida" ni llega a describir las tierras de 
los atlantes como una isla. 

Urano tuvo cuarenta y cinco hijos de numerosas mujeres. Dieciocho de ellos fueron hijos de Titea y se llamaron por lo tanto Titanes. Dos de sus hijas fueron más brillantes que el resto. Se llamaban Basilea y Rea, esta última conocida también como Pandora. Basilea, que recibió de sus súbditos el nombre de Gran Madre, se casó con su hermano Hiperión, sucesor de Urano, y engendró a Helios y Selene. Sin embargo, celosos del poder de Hiperión, sus hermanos degollaron a su rey y ahogaron a Helios en el río Erídano. 

Tras la muerte de su hijo, Basilea creyó hablar en sueños con el espíritu de Helios. En su sueño, Helios le rogó que no llorara, pues en el futuro los Titanes habrían de ser castigados por su crimen, mientras que el sol y la luna serían conocidos desde entonces por los nombres de Helios y Selene, alcanzado éstos renombre universal. Cuando Basilea compartió el contenido de su sueño con su pueblo, los hombres llamaron Helios y Selene al sol y la luna y más tarde elegirían a Zeus como soberano en lugar de los Titanes.

Tras la muerte de Hiperión, en efecto, los hijos de Urano se repartieron el reino, aunque habrían de perderlo más adelante. Sus dos hijos más preclaros fueron Atlas y Cronos. Atlas recibió las zonas costeras junto al Océano y llamó atlantes a sus habitantes, además de dar su nombre a la montaña más alta del lugar. El rey Atlas era experto en la astrología y fue el primero en idear la noción de la esfera. Por esta razón se llegó a creer que el mundo entero descansaba sobre sus hombros. En una ocasión, cuando descendía por las laderas del monte Atlas tras observar los cielos, un fuerte viento lo derribó y acabó con su vida. Desde entonces, apiadándose de su desgracia, los hombres le rindieron culto.

Cordillera Atlas en el noroeste africano, bautizada así por 
el Titán Atlas, quien según la narración de Diodoro
moriría al descender por sus laderas.

Cronos, hermano de Atlas, especialmente sacrílego y engreído, desposó a Rea o Pandora. De su unión nació Zeus, quien llegaría a reinar sobre todos los pueblos de la tierra. Existió otro rey Zeus, hermano de Urano y rey de Creta, pero éste gozó de mucha menos fama y un poder menor que el hijo de Cronos. 

El rey Zeus hijo de Cronos llevó una vida totalmente opuesta a la de su despreciable padre. Se mostró favorable y humanitario con todos sus súbditos, por lo que pronto fue llamado padre por la multitud. Cuando Cronos y los demás Titanes le declararon la guerra, Zeus los derrotó y visitó todas las tierras del mundo conocido, convirtiéndose entonces en el señor de todo el mundo y benefactor de la estirpe humana. Durante su reinado, Zeus puso todo su ardor para castigar a los impíos y los malvados a la vez que demostró su buena intención hacia las masas. En agradecimiento, tras su muerte, los hombres de todo el mundo lo adoraron como al mayor de los dioses y fue llamado Zen, nombre que recordaba la buena vida que había brindado a la raza humana. 


Fuente:
Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica (Libro III).

La Atlántida según los diálogos de Platón

Solón, miembro de los Siete Sabios y abuelo de Critias, escuchó de boca de los egipcios que las inscripciones de la ciudad de Sais, en el delta del Nilo, hablaban del origen y hundimiento de la legendaria isla de la Atlántida. Según las crónicas de los egipcios, cuando, al principio, los dioses se repartieron las distintas partes del mundo, Poseidón recibió la isla de la Atlántida. La isla, situada más allá de las Columnas de Hércules, era mayor que Libia y Asia juntas, y a través de ella se podía acceder a otras islas, desde las cuales se podía acceder a su vez a otro continente. 

 Representación moderna de la Atlántida imagen de 
una antigua ciudad griega. La vela del barco muestra el 
símbolo encontrado en el yacimiento tartésico de Cancho 
Roano, que ha llegado a ser relacionado con la Atlántida 
debido a su parecido con los anillos del continente perdido.
También se ha relacionado la Atlántida con el yacimiento 
de Marroquíes Bajos en la ciudad de Jaén.

Hacia el mar, justo en el medio de la Atlántida, existía la más bella de todas las llanuras, con una montaña de poca altura situada en el medio. El dios de los mares dejó aislada la colina haciendo círculos alternos de agua y tierra a su alrededor: dos anillos de tierra y tres de mar. Una de las fuentes que manaban de su subsuelo tenía agua caliente, mientras que en la otra fluía agua fría. 

Con una mujer mortal, Poseidón engendró cinco generaciones de gemelos en la Atlántida. Éstos gobernarían las diez regiones de la isla, que recibiría su nombre del mayor de sus gobernantes, el rey Atlas. Gadiro, que reinaba cerca de las Columnas de Hércules, dio su nombre a la cercana región de Gadírica, situada frente a la península ibérica. 

Bajo la tutela de Poseidón, los atlantes pronto desarrollaron una próspera civilización y poseyeron más riquezas que ningún otro pueblo. En la Atlántida era abundante el oricalco, un preciado mineral únicamente superado en valor por el oro. También era muy numerosa en la isla la especie de los elefantes. 

Los habitantes de la Atlántida construyeron su palacio real en la colina rodeada por los anillos de agua. Tendieron numerosos puentes sobre los tres círculos de mar haciendo caminos que comunicaban la parte de fuera y la residencia real. A continuación, excavaron un canal desde el mar hasta el anillo exterior y construyeron allí un puerto. También abrieron un canal a través de los círculos de tierra, uniendo así las aguas de los anillos con las del mar exterior. 

Representación de una ciudad asomada al mar en un 
fresco del segundo siglo antes de Cristo hallado en Santorini. 
El archipiélago de Santorini ha sido relacionado también 
con la civilización minoica debido al cataclismo que sumergió 
su isla central en el mar durante la Edad del Bronce.  

Los atlantes rodearon la isla central con enormes murallas, torres y puertas, construidas con piedra blanca, negra y roja. También revistieron las murallas de los anillos de tierra con bronce, casiterita y oricalco, que resplandecía como el fuego. En la acrópolis, en el palacio real, levantaron templos, estatuas y altares de marfil, plata, oro y oricalco en honor al dios Poseidón. También había en la acrópolis un enorme hipódromo. En los anillos que rodeaban la residencia real, construyeron asimismo templos consagrados a distintos dioses y numerosos gimnasios.

A lo largo de muchas generaciones, los atlantes conservaron la naturaleza divina de Poseidón. Fueron justos y fuertes, no se dejaron torcer por la avaricia y albergaron pensamientos verdaderos y elevados. Después, sin embargo, desapareció en ellos la parte del dios, pues se había mezclado mucho con la del hombre. Les dominó entonces el temperamento humano y se volvieron vulgares, aunque se creían aún enormemente bellos debido a su gran arrogancia. 

Nueve mil años antes de la época de Platón, la Atlántida llegó a controlar toda Europa hasta Italia y el norte de África hasta Egipto. Toda esta potencia, tras concentrarse en una sola, intentó conquistar las tierras de Grecia y esclavizar a sus habitantes. Sin embargo, la ciudad de Atenas se alzó contra el ejército atlante y, liderando a las ciudades vecinas, resistió su invasión. A continuación, los atenienses combatieron a los atlantes e impidieron que los pueblos que aún quedaban en libertad fueran esclavizados

Las olas de un tsunami destruyen las costas de Creta. 
Ilustración de Roger Payne. El colapso de la civilización 
minoica, quizás por la erupción de Santorini, y la subsiguiente 
invasión micénica de la isla han sido relacionados 
también con el hundimiento de la Atlántida.

Los atenienses liberaron finalmente a todos los pueblos del interior de las Columnas de Hércules, expulsando a los atlantes de regreso a su isla. En el tiempo siguiente, sobrevinieron un violento seísmo y un cataclismo. Durante un día y una noche terribles, la isla de la Atlántida se hundió bajo las aguas del mar, quizás por designio de Zeus, el rey de los dioses, a quien irritaba el orgullo desmedido de los atlantes. También se hundió bajo la tierra la casta guerrera de los atenienses que combatieron contra la Atlántida, antepasados de los griegos.


Fuentes:
Platón, Timeo y Critias.

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Para leer una extraña crónica histórica acerca del pueblo de los atlantes, pincha aquí.