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Los doce trabajos de Hércules, última parte: Los seis últimos trabajos de Hércules y su ascensión al monte Olimpo

Como séptimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevar el toro de Creta a las puertas de la ciudad. Esta bestia había surgido del mar por mandato de Poseidón para que el gran rey Minos la sacrificara en su honor. Pero cuando Minos contempló al toro, maravillado por su apariencia, decidió sacrificar otro animal. Como castigo, Poseidón volvió al toro salvaje y violento y, además, hizo que Pasífae, la esposa de Minos, cayera enamorada del animal y deseara unirse con él. Así pues, Pasífae encargó al inventor Dédalo crear una vaca de madera en la cual ella pudiera esconderse y atraer al toro. De la unión antinatural de Pasífae y el toro de Poseidón nació el terrible Minotauro, de nombre Asterión, una bestia mitad hombre, mitad toro. 

Cuando Hércules llegó a Creta, acudió al rey Minos en busca de ayuda para llevar a cabo su misión, pero éste se negó a escucharlo. Así pues, Hércules sometió al salvaje toro de Poseidón con sus propias manos, sin ayuda de nadie. Montado sobre su lomo, el héroe obligó a la bestia cruzar a nado el mar y, de regreso en Micenas, le mostró el toro al rey Euristeo. A continuación, Hércules liberó a la bestia, que se estableció en Maratón, donde años después moriría a manos de Teseo. 


 Hércules somete al toro de Creta. Cerámica del siglo V a.C.

Como octavo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las yeguas del rey Diomedes, hijo de Ares. El belicoso rey Diomedes alimentaba a sus yeguas con carne humana, por lo que éstas se habían vuelto extremadamente violentas. Para hacerse con las yeguas, Hércules reunió una tripulación y partió a Tracia junto a su compañero Abdero, hijo de Hermes. Allí, Hércules redujo a los guardias de los establos y capturó a los animales. Sin embargo, cuando el rey Diomedes descubrió el robo, reunió a sus hombres y acudió a los establos para enfrentarse a los ladrones. Hércules dejó a Abdero a cargo de las yeguas y, tras capturar a Diomedes, obligó a sus hombres a huir. Cuando Hércules regresó del combate, descubrió que Abdero había perdido el control de las yeguas y éstas lo habían destrozado. Afligido, el héroe enterró los restos de su compañero en aquel mismo lugar y fundó la ciudad de Abdera en su memoria. Tras hacerse con las yeguas, Hércules les dio de comer la carne del propio Diomedes, liberándolas así de su locura. Finalmente, antes de liberarlas, Hércules llevó a las yeguas ante el rey Euristeo. 


Hércules se hace con las yeguas de Diomedes.
Mosaico romano del siglo III a.C.

Como noveno trabajo, Euristeo ordenó a Hércules buscar el cinturón de guerra de Hipólita, la reina de las Amazonas. Las Amazonas, feroces guerreras, habitaban a orillas del río Termodonte. Según su costumbre, tan sólo criaban niñas, y se oprimían el pecho derecho para que no les impidiera disparar con el arco y las flechas. Tras reunir una tripulación, Hércules navegó hasta el puerto de Temiscira, la principal ciudad de las Amazonas. Allí, la reina Hipólita visitó el barco de Hércules con la intención de averiguar la razón de su visita, y. cuando Hércules le contó el motivo de su llegada, la reina prometió entregarle el cinturón, que había pertenecido al propio Ares. Sin embargo, la diosa Hera, haciéndose semejante a una de las Amazonas, convenció a las demás de que Hércules quería secuestrar a su reina. Así pues, las Amazonas tomaron sus armas y atacaron a caballo la nave del héroe. Cuando éste las vio armadas, creyendo que se trataba de una trampa, mató a Hipólita, le arrebató el cinturón y combatió con fiereza a las Amazonas. 


Hércules combate a las Amazonas, que tienen la piel 
clara correspondiente a las mujeres pero visten armadura 
y portan armas. Cerámica del siglo VI a.C.

De regreso a Micenas, Hércules se detuvo en la costa de Troya. Allí encontró abandonada a una muchacha llamada Hesíone. Ésta había sido expuesta por Laomedonte, su propio padre, como pasto para un monstruo marino enviado por Poseidón. Tras pedir a Laomedonte sus magníficas yeguas, regalo de Zeus, a cambio del rescate de su hija, Hércules mató al monstruo y salvó a Hesíone. Pero el rey no quiso pagar lo estipulado, y aunque Hércules regresó a Micenas con el cinturón de Hipólita, jamás olvidó aquella traición. 

Tiempo después de realizar el último de los trabajos de Euristeo, reunió un ejército y navegó hacia Troya con dieciocho naves. Una vez allí, dejó sus naves bajo la vigilancia de Oícles y partió contra la ciudad. Aprovechando su partida, Laomedonte ordenó a sus hombres prender fuego a las naves del héroe, pero los compañeros de Oícles los rechazaron. Junto con Telamón, padre de Áyax, Hércules abrió una brecha en la muralla de Troya y tomaron la ciudad. Una vez dentro, Hércules abatió con sus flechas a Laomedonte y a todos sus hijos salvo Príamo, futuro padre del gran héroe troyano Héctor. Entonces Hércules entregó como esposa a Hesíone a Telamón. 

Como décimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules hacerse con las vacas de Gerión, hijo del gigante Crisaor que vivía cerca del Océano en la isla de Eritia, llamada Gadira posteriormente. Gerión tenía la corpulencia de tres hombres juntos, fundidos en uno por la cintura pero separados en tres a partir de los flancos y muslos. Exterminando temibles fieras salvajes a su paso, Hércules cruzó Europa en busca de su ganado. A su paso por Tartessos, erigió dos columnas simétricas sobre los montes de Europa y Libia, y durante su viaje, abrasado por el sol, llegó a apuntar al dios Helios con su arco con la intención de abatirlo. Helios, admirado por su valor, le entregó la copa de oro en la que, cada noche, surcaba los mares de regreso a su palacio en el este. 

Montado en la copa de oro de Helios, Hércules navegó hasta Eritia. Ya en la isla, mató a mazazos al boyero Euritión y a Orto, un perro de dos cabezas, los cuales vigilaban el ganado de Gerión. Cuando el monstruoso Gerión fue alertado del suceso, se enfrentó a Hércules, pero el héroe logró darle muerte atravesándolo con sus flechas. A continuación, Hércules embarcó las vacas en la copa de Helios y navegó de regreso a Tartessos, donde devolvió la copa al dios. Hércules condujo el ganado de Gerión de regreso a Micenas. Sin embargo, Yalebión y Dercino, hijos de Poseidón, lograron robarle las vacas. Tras matar a los ladrones y recuperar el ganado, Hércules perdió a un toro que, cruzando Italia, llegó al llano del rey Érix. 


Hércules combate a Gerión, armado con tres escudos 
y tres yelmos. Cerámica del siglo VI a.C.

Después de confiar el resto del ganado al dios Hefesto, Hércules partió en busca de Érix, hijo de Poseidón, quien se negó a devolverle el toro si no era capaz de vencerlo en un combate. Así pues, Hércules se enfrentó a él a puñetazos y, tras derrotarlo tres veces seguidas, finalmente acabó con su vida. Habiendo recuperado el toro, Hércules guió el ganado hacia el mar Jonio, pero allí un tábano enviado por Hera hizo que las vacas se dispersaran. Hércules tan sólo pudo recuperar una parte del ganado y, después de entregarle las vacas restantes a Euristeo, el rey las sacrificó a Hera. 

Tras ocho años y un mes de interminables viajes y violentos combates, Hércules había realizado todos los trabajos del rey Euristeo. Sin embargo, Euristeo no aceptó el trabajo de los establos del rey Augias, ya que Hércules había pedido una recompensa a cambio de su labor. Tampoco reconoció el trabajo de la hidra puesto que Yolao había ayudado a Hércules a dar muerte a la serpiente. Así pues, el rey ordenó a Hércules dos nuevos trabajos. 

Como undécima labor, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, obsequio de la diosa Gea a Zeus como regalo de bodas. Las manzanas de oro estaban custodiadas por Ladón, un dragón inmortal de cien cabezas. También las vigilaban las las ninfas Hespérides, hijas de la antigua diosa Noche. Para averiguar la ubicación del jardín de las Hespérides, Hércules consultó a las ninfas del río Erídano, hijas de Zeus y Temis, quienes le aconsejaron que atrapara al anciano dios Nereo para sonsacarle el paradero del jardín de las Hespérides. Así pues, el héroe buscó y apresó al dios mientras dormía, y, a pesar de que éste adoptó todo tipo de formas para escaparse, logró inmovilizarlo y atarlo. Cuando averiguó dónde podría encontrar las manzanas, lo liberó y partió hacia Libia. 

Reinaba en Libia el corpulento Anteo, quien mataba a los extranjeros y utilizaba sus calaveras para techar el templo de su padre, Poseidón. Por ser también hijo de Gea, Anteo era invencible cuando tocaba la tierra. Viéndose obligado a pelear con Anteo, Hércules lo levantó en una presa y, reteniéndolo en el aire, lo aplastó hasta que murió. Después de Libia, Hércules atravesó Egipto, donde reinaba el rey Busiris, hijo de Poseidón. Para devolver la fertilidad a las tierras de su reino, el faraón Busiris sacrificaba a los extranjeros en el altar de Zeus. Aunque Hércules fue apresado y llevado a los altares, logró romper sus ataduras y mató a Busiris y a su hijo Anfidamante. Tras atravesar Arabia y matar a Ematión, hijo de Titono, amante de Eos, Hércules caminó a través de Libia hasta el mar Exterior. Allí, una vez más, Hércules recibió la copa de Helios, en la cual navegó hasta el gélido Cáucaso, donde se encontraba Prometeo. 


Hércules navega a bordo de la copa de Helios.
Cerámica del siglo IV a.C.

Un águila devoraba el hígado de Prometeo cada día desde que el titán fuera encadenado por entregar el fuego de los dioses a los hombres. Acercándose al titán, Hércules dio muerte al águila con sus flechas. Prometeo fue entonces liberado de su tormento, pues el centauro Quirón había renunciado a su inmortalidad a cambio de su libertad. En agradecimiento por la ayuda de Hércules, Prometeo le aconsejó que no tratara de coger las manzanas él mismo. En vez de ello, debería pedirle al titán Atlas, que sostenía la bóveda celeste cerca del jardín de las Hespérides, que lo hiciera por él. 

Así pues, cuando Hércules encontró a Atlas, se ofreció a sostener el cielo en su lugar hasta que el titán regresara con las manzanas. Cuando el titán volvió con las manzanas, no obstante, se negó a soportar la bóveda de nuevo. Pero Hércules logró engañar al titán diciéndole que deseaba colocarse una almohadilla en la cabeza para soportar mejor el peso del cielo. Oído aquello, Atlas dejó las manzanas en el suelo y recibió la bóveda celeste para permitir al héroe acomodarse. Entonces, Hércules recogió las manzanas y regresó a Micenas, donde se las enseñó a Euristeo. A continuación, Hércules entregó las manzanas a la diosa Atenea, quien las llevó de vuelta al jardín, el único lugar apropiado para ellas. 


Hércules en el jardín de las Hespérides. 
Mosaico romano del siglo III.

Como último trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer al temible Cerbero desde el inframundo. Cerbero, perro guardián de las puertas del Hades, tenía tres cabezas, cola de serpiente y multitud de cabezas también de serpiente a lo largo del lomo. Para descender al inframundo, Hércules se adentró en la cueva de Ténaro, en Lacedemonia. Tras un arduo descenso, Hércules se encontró con las almas de los muertos en la oscuridad. Cuando las almas vieron al héroe, huyeron de él, excepto las de Meleagro y la Gorgona Medusa. Desenvainando su espada, Hércules se lanzó contra la Gorgona, pero se detuvo cuando Hermes le indicó que se trataba tan sólo una forma vacía. 

Cuando se hallaba ya cerca de las puertas del Hades, Hércules encontró a Teseo y a Pirítoo, prisioneros del inframundo aun estando vivos. Junto con Teseo, Pirítoo había descendido al inframundo con la imprudente intención de pedir en matrimonio a Perséfone, la esposa del dios Hades. Ofendido ante tal atrevimiento, el dios de los muertos invitó a Teseo y a Pirítoo a sentarse en unas sillas, de donde ya no pudieron volver a levantarse. Hércules pudo separar a Teseo de su asiento tirando de él. Sin embargo, cuando intentó liberar a Pirítoo, la tierra comenzó a temblar, de modo que el héroe se vio obligado a abandonarlo. En su descenso al inframundo, Hércules liberó también a Ascálafo, quien había delatado a Perséfone cuando ésta se comió una semilla de granada y, por tanto, quedó ligada de por vida al mundo inferior.

Queriendo suministrar sangre a las almas de los muertos para que recuperaran su consciencia, Hércules degolló una de las vacas de Hades. Menetes, que apacentaba el ganado de Hades, desafió a Hércules a un combate, pero éste lo atrapó por la cintura y le quebrantó los flancos. Finalmente, el héroe se presentó ante Hades, dios del inframundo. Hades le permitió llevarse a Cerbero siempre y cuando lo redujera sin hacer uso de las armas que llevaba. Así pues, cuando Hércules encontró a Cerbero a las puertas del Aqueronte, se lanzó hacia él completamente desarmado. Echó las manos alrededor de las cabezas del perro y no lo soltó a pesar de resultar mordido por una de sus bocas de serpiente. Hércules estranguló a Cerbero hasta que éste cedió y, tras conducirlo hasta el mundo de los vivos, se lo mostró a Euristeo. 


Hércules lleva a Cerbero ante el asustado Euristeo, 
oculto en su tinaja de bronce. Cerámica del siglo VI a.C.

Tras llevar a cabo los doce trabajos que Euristeo le encomendó, Hércules quedó libre de su servicio al rey. Como premio por sus hazañas, los dioses otorgaron a Hércules el don de la inmortalidad, que habría de reclamar a su muerte, tras años de interminables conquistas y después de proteger el monte Olimpo de la invasión de los gigantes nacidos de Gea. Así, cuando Hércules murió, mientras su cuerpo se consumía en su pira funeraria, una nube de tormenta se puso debajo y, tronando, lo elevó hacia el cielo. Hércules se convirtió entonces en dios y, tras reconciliarse con Hera, se casó con su hija, la bella y jovial diosa Hebe. Desde entonces, habitó junto a los dioses en la cima del monte Olimpo, y los hombres levantaron numerosos templos en su honor.



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

Los doce trabajos de Hércules, segunda parte: Los seis primeros trabajos


Tras asesinar a sus propios hijos ofuscado por obra de la diosa Hera, Hércules acudió al palacio del rey Tespio, donde fue purificado tras haber cometido un crimen tan atroz. A continuación, partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. Allí, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto, tras los cuales ganaría la inmortalidad y renombre eterno. 


Ruinas de Micenas y Tirinto, ciudades de la región
 de la Argólide, donde reinaba Euristeo.

Cuando el héroe llegó a Tirinto, en primer lugar, el rey Euristeo le ordenó hacerse con la piel del temible león de Nemea, hijo del gigantesco monstruo Tifón. Para que el león no escapara por una de las dos bocas de la cueva, Hércules bloqueó una de las salidas y entró por la otra. Al enfrentarse a la bestia, el héroe descubrió que su piel era invulnerable a las flechas y las espadas. Así pues, aturdió al león golpeándolo con su garrote y después lo estranguló con sus propias manos. Tras dar muerte al monstruo, Hércules llevó su cadáver ante el rey Euristeo, el cual, asustado por la su horrendo aspecto, le ordenó que a partir de entonces exhibiera sus trofeos a las puertas de la ciudad. Antes de su siguiente trabajo, Hércules desolló al león con sus propias garras, ya que era invulnerable a cualquier otra arma, y se cubrió con la piel de la bestia utilizando la apertura de su boca como yelmo. Obtuvo así una protección impenetrable. 

Hércules estrangulando al león de Nemea.
Vaso de cerámica del siglo V a.C.

El segundo trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue matar a la hidra de Lerna, una serpiente de agua gigante con nueve cabezas. Montado en un carro de combate conducido por su sobrino Yolao, Hércules acudió a la madriguera de la hidra. Cuando la hidra abandonó su guarida, Hércules comenzó a aplastar sus cabezas golpeándolas con su garrote. Sin embargo, de cada cabeza aplastada nacían dos nuevas, por lo que el héroe pronto se vio rodeado por las múltiples bocas del dragón. Mientras intentaba defenderse de las cabezas de la hidra, además, la diosa Hera envió un enorme cangrejo contra él. El cangrejo le mordió en un pie, aunque el héroe logró aplastarlo. Entonces, Yolao le ayudó a derrotar a la hidra. Mientras Hércules aplastaba las cabezas de la hidra, su sobrino abrasaba con tizones las cabezas que renacían de las heridas. Así, finalmente, Hércules arrancó la última cabeza de la hidra, que era inmortal, y la enterró bajo una pierda junto a un camino. A continuación, abrió el cuerpo de la serpiente y envenenó la punta de sus flechas mojándolas en su bilis.


Hércules y Yolao combaten a la hidra. 
Cerámica del siglo VI a.C.

Como tercer trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules capturar y llevar a Micenas a la cierva de Cerinia. La cierva de Cerinia, que tenía los cuernos dorados, estaba consagrada a la diosa Artemisa y por esa razón no se le podía dar caza. Hércules, que no podía por tanto abatir al animal con sus flechas, corrió tras ella con la intención de atraparla, pero la cierva resultó ser mucho más veloz que él. No obstante, el héroe poseía una fuerza sobrehumana, de modo que corrió tras la cierva sin parar durante días y noches hasta que, rendido de agotamiento, el animal cayó exhausto. Hércules capturó a la cierva finalmente, pero al hacerlo ofendió a Artemisa, quien descendió del Olimpo junto con su hermano Apolo y le arrebató al animal de las manos. Sin embargo, Hércules apaciguó la cólera de Artemisa y recuperó a la cierva tras explicar a los dioses el motivo de su captura. Entonces, tras llevar a la cierva ante Euristeo, la dejó en libertad. 

Como cuarto trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer con vida al violento jabalí del monte Erimanto. En su búsqueda del jabalí, Hércules se hospedó con el centauro Folo, que vivía en una cueva situada al sur de la guarida de la bestia. El centauro ofreció de buen gusto carne asada a su invitado. Él, en cambio, como criatura salvaje, la comía cruda. Lo que Folo no le ofreció fue el vino de la tinaja común de los demás centauros, pues temía enfurecerlos. Sin embargo, Hércules terminó por convencer a su anfitrión, quien destapó la tinaja y le ofreció beber de su interior. Entonces, al percibir el aroma del vino, furiosos, los demás centauros irrumpieron en la cueva de Folo armados con pesadas piedras y blandiendo troncos de abeto. Hércules ahuyentó a los primeros centauros que entraron en la cueva lanzándoles brasas y, cuando los demás huyeron, los persiguió hasta Malea acosándolos con su arco y sus flechas. 

Los centauros acudieron a Quirón, hijo de Cronos y maestro de héroes, en busca de ayuda. Cuando el héroe los encontró, disparó una de sus flechas envenenadas contra uno de ellos, pero el proyectil atravesó el brazo del centauro y alcanzó a Quirón. Afligido, Hércules corrió hacia Quirón y le arrancó la flecha, pero la herida del centauro resultó ser incurable, pues el proyectil estaba envenenado con la sangre de la hidra de Lerna. Los demás centauros huyeron del lugar y, padeciendo terribles dolores, Quirón se retiró a su cueva. Aunque el maestro centauro deseaba morir para escapar del dolor, su vida jamás abandonaría sus miembros, pues era inmortal. Así pues, Quirón renunció a su inmortalidad ante Zeus a cambio de la liberación del titán Prometeo, logrando de ese modo escapar del dolor. Al regresar a la cueva del centauro Folo, Hércules descubrió que éste también había muerto, pues inspeccionando una de las flechas de Hércules, Folo se la había clavado accidentalmente, muriendo al instante. 


Hércules contra los centauros. 
Cerámica del siglo V a.C.

Tras enterrar a su amigo, Hércules continuó con la caza del jabalí. Lo hizo salir de la espesura aturdiéndolo con sus gritos y lo condujo después hacia la espesa nieve. Cuando el jabalí quedó atrapado en la nieve, Hércules lo apresó y lo llevó ante el rey Euristeo. Asustado, Euristeo, que aún recordaba el horrible aspecto del león de Nemea, recibió a Hércules escondido en una tinaja de bronce. 

Como quinto trabajo, Euristeo ordenó a Hércules limpiar los establos del rey Augias, hijo del dios Helios, en un solo día. Sin revelarle la orden de Euristeo, Hércules aseguró a Augias que limpiaría los establos a cambio de una décima parte de todos sus rebaños. Augias, que no creyó posible que el héroe fuera capaz de retirar todo el estiércol de los establos en un único día, accedió a su propuesta. Para llevar a cabo aquella labor imposible, Hércules recurrió a su ingenio. En vez de limpiar el estiércol a mano, Hércules desvió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo atravesar el interior de los establos. Pero cuando Augias se enteró de que Hércules había limpiado los establos por mandato de Euristeo, se negó a entregarle la recompensa acordada aduciendo que el héroe en realidad no tenía elección a la hora de limpiarlos. Augias incluso negó que hubiera prometido darle una compensación, y aunque Fileo, el propio hijo de Augias, testificó en favor de Hércules, el rey se negó a cumplir su parte del acuerdo. Finalmente, Augias expulsó a Hércules y a su propio hijo de sus tierras. 

Pero Hércules no olvidaría jamás la traición del rey y, años más tarde, tras realizar el último de sus trabajos, reunió un ejército para marchar contra su ciudad. Después de asesinar a los generales del ejército de Augias en una emboscada, tomó su ciudad y mató al rey y a todos sus hijos salvo Fileo. En agradecimiento a éste, quien había testificado en su favor, el héroe le entregó el trono del rey Augias. Además, para brindar prosperidad al reino de Fileo, Hércules fundó los primeros Juegos Olímpicos, que tendrían lugar cada cuatro años. 

El sexto trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue expulsar a las aves devoradoras de hombres del lago Estinfalo, que podían atravesar una armadura de bronce o hierro con sus afilados picos. Estas aves, que habitaban las boscosas orillas del lago, eran tan numerosas que Hércules no sabía cómo hacerlas salir a todas de la espesura. Sin embargo, la diosa Atenea acudió en su ayuda y le entregó unas castañuelas de bronce fabricadas por Hefesto, el dios herrero. Tocando los platillos de Hefesto entonces desde lo alto de una montaña que se alzaba junto a la laguna, el héroe logró a asustar a las aves. Cuando las aves abandonaron la espesura del bosque, las abatió una a una con su arco y sus flechas. 

 Para leer sobre los seis últimos trabajos de Hércules, haz click <aquí>.


Fuentes:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.
Teócrito, Idilio XXV.

Los doce trabajos de Hércules, primera parte: el nacimiento, la juventud y el matrimonio de Hércules

El dios Zeus, señor del Olimpo y rey de todos los dioses, decidió engendrar a un héroe que ganara gran renombre y combatiera junto a los dioses para poner fin a la guerra contra los gigantes. Así pues, habiendo ordenado a Helios detener su carro, Zeus se unió a la princesa Alcmena durante una noche de tres días de duración. De aquella unión nació Hércules, el mayor de todos los héroes, quien estaba destinado a llevar a cabo extraordinarias hazañas.

La diosa Hera, quien odiaba a Hércules por ser hijo de Zeus y una mortal, intentó causar la muerte del héroe desde un principio. Cuando Hércules tenía tan sólo diez meses, la reina de los dioses envió dos enormes serpientes a su cuna para que lo devoraran. Sin embargo, el bebé agarró a ambas serpientes por el cuello y, valiéndose de su fuerza sobrehumana, las asfixió hasta la muerte. 

Hércules Farnesio, siglo III. Copia 
romana en mármol del original griego 
en bronce del siglo IV a.C. 

En su juventud, Hércules fue educado por los mejores maestros de Grecia. Éurito, nieto de Apolo, el dios arquero, le enseñó el manejo del arco y las flechas. Autólico, el mejor de los ladrones, y Cástor, hijo de Zeus, lo instruyeron en el arte del combate cuerpo a cuerpo. Anfitrión, esposo de Alcmena, le enseñó a conducir carros de guerra. Y Lino, hermano del propio Orfeo, el mayor de los poetas, fue su profesor de música. 

Aunque tenía grandes aptitudes para el combate, a Hércules le costaba aprender a tocar la lira. En una ocasión, su maestro Lino, exasperado, llegó incluso a golpearlo. Entonces Hércules, en defensa propia, le devolvió el golpe con su cítara acabando sin quererlo con su vida. Aunque el joven había actuado en defensa propia, temiendo que volviera a ocurrir algo parecido, el rey Anfitrión envió a Hércules a cuidar bueyes. Así pues, Hércules llegó a la edad adulta atendiendo los rebaños de su familia. 

Siendo ya un hombre, por ser hijo de Zeus, Hércules aventajó a todos en fuerza y estatura, y sus ojos brillaban con el resplandor del fuego. Cuando un león procedente de la tierra de Citerón comenzó a devorar los ganados del rey Tespio y de la familia de Hércules, éste decidió darle caza. En los cincuenta días que duró su cacería, Hércules se hospedó en el palacio del rey Tespio. El rey, que deseaba que sus hijas tuvieran un hijo con Hércules, le entregó una cada noche para que se uniera con ellas. Y él, que pensaba que cada noche yacía con la misma joven, las dejó embarazadas. Finalmente, Hércules logró dar caza al león de Citerón, y, cuando regresaba de la cacería, se topó con los heraldos de la ciudad de Orcómeno.

Los heraldos se dirigían a Tebas, la ciudad de Hércules, para recaudar un desproporcionado tributo impuesto por la fuerza, pero Hércules les cortó la nariz y las orejas y se burló de ellos ordenándoles que se las llevaran como tributo a su rey en su lugar. Indignado por la burla de Hércules, Ergino, rey de Orcómeno, reunió a su ejército y marchó contra Tebas. Sin embargo, Hércules, tomando las armas de la diosa Atenea, logró matar a Ergino en la batalla y puso en fuga a sus soldados. El héroe obligó entonces a los habitantes de Orcómeno a pagar un tributo doble a la ciudad de Tebas. 

Ruinas de la fortaleza de Tebas, hogar de Hércules 
durante su infancia según la mitología.

Como recompensa por sus servicios, Creonte, rey de Tebas, entregó a Hércules a su hija Mégara por esposa, con quien fundaría una familia. Sin embargo, cuando la celosa diosa Hera infundió un terrible ataque de locura a Hércules, éste arrojó a sus hijos a una hoguera. Al recobrar la cordura, horrorizado por sus propias acciones, el héroe abandonó Tebas y se presentó ante el viejo rey Tespio, quien le había acogido durante la cacería del león. 

Tras ser purificado por el anciano, Hércules partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. En Delfos, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto. Asimismo, la Pitia le reveló que ganaría la inmortalidad como recompensa por dichas pruebas y le dio entonces por primera vez el nombre de Hércules, pues hasta aquel momento el héroe se había llamado Alcides, como su abuelo.

Para leer los doce trabajos de Hércules, pincha en los siguientes enlaces:



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

El oráculo del rey Leónidas


«¡Vosotros, oh habitantes de la extensa Esparta! O bien vuestra gloriosa ciudad será saqueada por los hijos de Persia, o bien, en compensación, toda Lacedemonia habrá de lamentar la pérdida del rey, descendiente de Heracles. Pues no podrá detener a Jerjes ni la fuerza de los toros ni la de leones, ya que es poderoso como Zeus. No se detendrá hasta haber devorado totalmente a uno de estos dos: vuestro rey o vuestra ciudad.»


Heródoto, Historias (libro VII), siglo V a.C. 
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jueves, 27 de marzo de 2014

Los doce trabajos de Hércules, última parte: Los seis últimos trabajos de Hércules y su ascensión al monte Olimpo

Como séptimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevar el toro de Creta a las puertas de la ciudad. Esta bestia había surgido del mar por mandato de Poseidón para que el gran rey Minos la sacrificara en su honor. Pero cuando Minos contempló al toro, maravillado por su apariencia, decidió sacrificar otro animal. Como castigo, Poseidón volvió al toro salvaje y violento y, además, hizo que Pasífae, la esposa de Minos, cayera enamorada del animal y deseara unirse con él. Así pues, Pasífae encargó al inventor Dédalo crear una vaca de madera en la cual ella pudiera esconderse y atraer al toro. De la unión antinatural de Pasífae y el toro de Poseidón nació el terrible Minotauro, de nombre Asterión, una bestia mitad hombre, mitad toro. 

Cuando Hércules llegó a Creta, acudió al rey Minos en busca de ayuda para llevar a cabo su misión, pero éste se negó a escucharlo. Así pues, Hércules sometió al salvaje toro de Poseidón con sus propias manos, sin ayuda de nadie. Montado sobre su lomo, el héroe obligó a la bestia cruzar a nado el mar y, de regreso en Micenas, le mostró el toro al rey Euristeo. A continuación, Hércules liberó a la bestia, que se estableció en Maratón, donde años después moriría a manos de Teseo. 


 Hércules somete al toro de Creta. Cerámica del siglo V a.C.

Como octavo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las yeguas del rey Diomedes, hijo de Ares. El belicoso rey Diomedes alimentaba a sus yeguas con carne humana, por lo que éstas se habían vuelto extremadamente violentas. Para hacerse con las yeguas, Hércules reunió una tripulación y partió a Tracia junto a su compañero Abdero, hijo de Hermes. Allí, Hércules redujo a los guardias de los establos y capturó a los animales. Sin embargo, cuando el rey Diomedes descubrió el robo, reunió a sus hombres y acudió a los establos para enfrentarse a los ladrones. Hércules dejó a Abdero a cargo de las yeguas y, tras capturar a Diomedes, obligó a sus hombres a huir. Cuando Hércules regresó del combate, descubrió que Abdero había perdido el control de las yeguas y éstas lo habían destrozado. Afligido, el héroe enterró los restos de su compañero en aquel mismo lugar y fundó la ciudad de Abdera en su memoria. Tras hacerse con las yeguas, Hércules les dio de comer la carne del propio Diomedes, liberándolas así de su locura. Finalmente, antes de liberarlas, Hércules llevó a las yeguas ante el rey Euristeo. 


Hércules se hace con las yeguas de Diomedes.
Mosaico romano del siglo III a.C.

Como noveno trabajo, Euristeo ordenó a Hércules buscar el cinturón de guerra de Hipólita, la reina de las Amazonas. Las Amazonas, feroces guerreras, habitaban a orillas del río Termodonte. Según su costumbre, tan sólo criaban niñas, y se oprimían el pecho derecho para que no les impidiera disparar con el arco y las flechas. Tras reunir una tripulación, Hércules navegó hasta el puerto de Temiscira, la principal ciudad de las Amazonas. Allí, la reina Hipólita visitó el barco de Hércules con la intención de averiguar la razón de su visita, y. cuando Hércules le contó el motivo de su llegada, la reina prometió entregarle el cinturón, que había pertenecido al propio Ares. Sin embargo, la diosa Hera, haciéndose semejante a una de las Amazonas, convenció a las demás de que Hércules quería secuestrar a su reina. Así pues, las Amazonas tomaron sus armas y atacaron a caballo la nave del héroe. Cuando éste las vio armadas, creyendo que se trataba de una trampa, mató a Hipólita, le arrebató el cinturón y combatió con fiereza a las Amazonas. 


Hércules combate a las Amazonas, que tienen la piel 
clara correspondiente a las mujeres pero visten armadura 
y portan armas. Cerámica del siglo VI a.C.

De regreso a Micenas, Hércules se detuvo en la costa de Troya. Allí encontró abandonada a una muchacha llamada Hesíone. Ésta había sido expuesta por Laomedonte, su propio padre, como pasto para un monstruo marino enviado por Poseidón. Tras pedir a Laomedonte sus magníficas yeguas, regalo de Zeus, a cambio del rescate de su hija, Hércules mató al monstruo y salvó a Hesíone. Pero el rey no quiso pagar lo estipulado, y aunque Hércules regresó a Micenas con el cinturón de Hipólita, jamás olvidó aquella traición. 

Tiempo después de realizar el último de los trabajos de Euristeo, reunió un ejército y navegó hacia Troya con dieciocho naves. Una vez allí, dejó sus naves bajo la vigilancia de Oícles y partió contra la ciudad. Aprovechando su partida, Laomedonte ordenó a sus hombres prender fuego a las naves del héroe, pero los compañeros de Oícles los rechazaron. Junto con Telamón, padre de Áyax, Hércules abrió una brecha en la muralla de Troya y tomaron la ciudad. Una vez dentro, Hércules abatió con sus flechas a Laomedonte y a todos sus hijos salvo Príamo, futuro padre del gran héroe troyano Héctor. Entonces Hércules entregó como esposa a Hesíone a Telamón. 

Como décimo trabajo, Euristeo ordenó a Hércules hacerse con las vacas de Gerión, hijo del gigante Crisaor que vivía cerca del Océano en la isla de Eritia, llamada Gadira posteriormente. Gerión tenía la corpulencia de tres hombres juntos, fundidos en uno por la cintura pero separados en tres a partir de los flancos y muslos. Exterminando temibles fieras salvajes a su paso, Hércules cruzó Europa en busca de su ganado. A su paso por Tartessos, erigió dos columnas simétricas sobre los montes de Europa y Libia, y durante su viaje, abrasado por el sol, llegó a apuntar al dios Helios con su arco con la intención de abatirlo. Helios, admirado por su valor, le entregó la copa de oro en la que, cada noche, surcaba los mares de regreso a su palacio en el este. 

Montado en la copa de oro de Helios, Hércules navegó hasta Eritia. Ya en la isla, mató a mazazos al boyero Euritión y a Orto, un perro de dos cabezas, los cuales vigilaban el ganado de Gerión. Cuando el monstruoso Gerión fue alertado del suceso, se enfrentó a Hércules, pero el héroe logró darle muerte atravesándolo con sus flechas. A continuación, Hércules embarcó las vacas en la copa de Helios y navegó de regreso a Tartessos, donde devolvió la copa al dios. Hércules condujo el ganado de Gerión de regreso a Micenas. Sin embargo, Yalebión y Dercino, hijos de Poseidón, lograron robarle las vacas. Tras matar a los ladrones y recuperar el ganado, Hércules perdió a un toro que, cruzando Italia, llegó al llano del rey Érix. 


Hércules combate a Gerión, armado con tres escudos 
y tres yelmos. Cerámica del siglo VI a.C.

Después de confiar el resto del ganado al dios Hefesto, Hércules partió en busca de Érix, hijo de Poseidón, quien se negó a devolverle el toro si no era capaz de vencerlo en un combate. Así pues, Hércules se enfrentó a él a puñetazos y, tras derrotarlo tres veces seguidas, finalmente acabó con su vida. Habiendo recuperado el toro, Hércules guió el ganado hacia el mar Jonio, pero allí un tábano enviado por Hera hizo que las vacas se dispersaran. Hércules tan sólo pudo recuperar una parte del ganado y, después de entregarle las vacas restantes a Euristeo, el rey las sacrificó a Hera. 

Tras ocho años y un mes de interminables viajes y violentos combates, Hércules había realizado todos los trabajos del rey Euristeo. Sin embargo, Euristeo no aceptó el trabajo de los establos del rey Augias, ya que Hércules había pedido una recompensa a cambio de su labor. Tampoco reconoció el trabajo de la hidra puesto que Yolao había ayudado a Hércules a dar muerte a la serpiente. Así pues, el rey ordenó a Hércules dos nuevos trabajos. 

Como undécima labor, Euristeo ordenó a Hércules llevarle las manzanas doradas del jardín de las Hespérides, obsequio de la diosa Gea a Zeus como regalo de bodas. Las manzanas de oro estaban custodiadas por Ladón, un dragón inmortal de cien cabezas. También las vigilaban las las ninfas Hespérides, hijas de la antigua diosa Noche. Para averiguar la ubicación del jardín de las Hespérides, Hércules consultó a las ninfas del río Erídano, hijas de Zeus y Temis, quienes le aconsejaron que atrapara al anciano dios Nereo para sonsacarle el paradero del jardín de las Hespérides. Así pues, el héroe buscó y apresó al dios mientras dormía, y, a pesar de que éste adoptó todo tipo de formas para escaparse, logró inmovilizarlo y atarlo. Cuando averiguó dónde podría encontrar las manzanas, lo liberó y partió hacia Libia. 

Reinaba en Libia el corpulento Anteo, quien mataba a los extranjeros y utilizaba sus calaveras para techar el templo de su padre, Poseidón. Por ser también hijo de Gea, Anteo era invencible cuando tocaba la tierra. Viéndose obligado a pelear con Anteo, Hércules lo levantó en una presa y, reteniéndolo en el aire, lo aplastó hasta que murió. Después de Libia, Hércules atravesó Egipto, donde reinaba el rey Busiris, hijo de Poseidón. Para devolver la fertilidad a las tierras de su reino, el faraón Busiris sacrificaba a los extranjeros en el altar de Zeus. Aunque Hércules fue apresado y llevado a los altares, logró romper sus ataduras y mató a Busiris y a su hijo Anfidamante. Tras atravesar Arabia y matar a Ematión, hijo de Titono, amante de Eos, Hércules caminó a través de Libia hasta el mar Exterior. Allí, una vez más, Hércules recibió la copa de Helios, en la cual navegó hasta el gélido Cáucaso, donde se encontraba Prometeo. 


Hércules navega a bordo de la copa de Helios.
Cerámica del siglo IV a.C.

Un águila devoraba el hígado de Prometeo cada día desde que el titán fuera encadenado por entregar el fuego de los dioses a los hombres. Acercándose al titán, Hércules dio muerte al águila con sus flechas. Prometeo fue entonces liberado de su tormento, pues el centauro Quirón había renunciado a su inmortalidad a cambio de su libertad. En agradecimiento por la ayuda de Hércules, Prometeo le aconsejó que no tratara de coger las manzanas él mismo. En vez de ello, debería pedirle al titán Atlas, que sostenía la bóveda celeste cerca del jardín de las Hespérides, que lo hiciera por él. 

Así pues, cuando Hércules encontró a Atlas, se ofreció a sostener el cielo en su lugar hasta que el titán regresara con las manzanas. Cuando el titán volvió con las manzanas, no obstante, se negó a soportar la bóveda de nuevo. Pero Hércules logró engañar al titán diciéndole que deseaba colocarse una almohadilla en la cabeza para soportar mejor el peso del cielo. Oído aquello, Atlas dejó las manzanas en el suelo y recibió la bóveda celeste para permitir al héroe acomodarse. Entonces, Hércules recogió las manzanas y regresó a Micenas, donde se las enseñó a Euristeo. A continuación, Hércules entregó las manzanas a la diosa Atenea, quien las llevó de vuelta al jardín, el único lugar apropiado para ellas. 


Hércules en el jardín de las Hespérides. 
Mosaico romano del siglo III.

Como último trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer al temible Cerbero desde el inframundo. Cerbero, perro guardián de las puertas del Hades, tenía tres cabezas, cola de serpiente y multitud de cabezas también de serpiente a lo largo del lomo. Para descender al inframundo, Hércules se adentró en la cueva de Ténaro, en Lacedemonia. Tras un arduo descenso, Hércules se encontró con las almas de los muertos en la oscuridad. Cuando las almas vieron al héroe, huyeron de él, excepto las de Meleagro y la Gorgona Medusa. Desenvainando su espada, Hércules se lanzó contra la Gorgona, pero se detuvo cuando Hermes le indicó que se trataba tan sólo una forma vacía. 

Cuando se hallaba ya cerca de las puertas del Hades, Hércules encontró a Teseo y a Pirítoo, prisioneros del inframundo aun estando vivos. Junto con Teseo, Pirítoo había descendido al inframundo con la imprudente intención de pedir en matrimonio a Perséfone, la esposa del dios Hades. Ofendido ante tal atrevimiento, el dios de los muertos invitó a Teseo y a Pirítoo a sentarse en unas sillas, de donde ya no pudieron volver a levantarse. Hércules pudo separar a Teseo de su asiento tirando de él. Sin embargo, cuando intentó liberar a Pirítoo, la tierra comenzó a temblar, de modo que el héroe se vio obligado a abandonarlo. En su descenso al inframundo, Hércules liberó también a Ascálafo, quien había delatado a Perséfone cuando ésta se comió una semilla de granada y, por tanto, quedó ligada de por vida al mundo inferior.

Queriendo suministrar sangre a las almas de los muertos para que recuperaran su consciencia, Hércules degolló una de las vacas de Hades. Menetes, que apacentaba el ganado de Hades, desafió a Hércules a un combate, pero éste lo atrapó por la cintura y le quebrantó los flancos. Finalmente, el héroe se presentó ante Hades, dios del inframundo. Hades le permitió llevarse a Cerbero siempre y cuando lo redujera sin hacer uso de las armas que llevaba. Así pues, cuando Hércules encontró a Cerbero a las puertas del Aqueronte, se lanzó hacia él completamente desarmado. Echó las manos alrededor de las cabezas del perro y no lo soltó a pesar de resultar mordido por una de sus bocas de serpiente. Hércules estranguló a Cerbero hasta que éste cedió y, tras conducirlo hasta el mundo de los vivos, se lo mostró a Euristeo. 


Hércules lleva a Cerbero ante el asustado Euristeo, 
oculto en su tinaja de bronce. Cerámica del siglo VI a.C.

Tras llevar a cabo los doce trabajos que Euristeo le encomendó, Hércules quedó libre de su servicio al rey. Como premio por sus hazañas, los dioses otorgaron a Hércules el don de la inmortalidad, que habría de reclamar a su muerte, tras años de interminables conquistas y después de proteger el monte Olimpo de la invasión de los gigantes nacidos de Gea. Así, cuando Hércules murió, mientras su cuerpo se consumía en su pira funeraria, una nube de tormenta se puso debajo y, tronando, lo elevó hacia el cielo. Hércules se convirtió entonces en dios y, tras reconciliarse con Hera, se casó con su hija, la bella y jovial diosa Hebe. Desde entonces, habitó junto a los dioses en la cima del monte Olimpo, y los hombres levantaron numerosos templos en su honor.



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

Los doce trabajos de Hércules, segunda parte: Los seis primeros trabajos


Tras asesinar a sus propios hijos ofuscado por obra de la diosa Hera, Hércules acudió al palacio del rey Tespio, donde fue purificado tras haber cometido un crimen tan atroz. A continuación, partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. Allí, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto, tras los cuales ganaría la inmortalidad y renombre eterno. 


Ruinas de Micenas y Tirinto, ciudades de la región
 de la Argólide, donde reinaba Euristeo.

Cuando el héroe llegó a Tirinto, en primer lugar, el rey Euristeo le ordenó hacerse con la piel del temible león de Nemea, hijo del gigantesco monstruo Tifón. Para que el león no escapara por una de las dos bocas de la cueva, Hércules bloqueó una de las salidas y entró por la otra. Al enfrentarse a la bestia, el héroe descubrió que su piel era invulnerable a las flechas y las espadas. Así pues, aturdió al león golpeándolo con su garrote y después lo estranguló con sus propias manos. Tras dar muerte al monstruo, Hércules llevó su cadáver ante el rey Euristeo, el cual, asustado por la su horrendo aspecto, le ordenó que a partir de entonces exhibiera sus trofeos a las puertas de la ciudad. Antes de su siguiente trabajo, Hércules desolló al león con sus propias garras, ya que era invulnerable a cualquier otra arma, y se cubrió con la piel de la bestia utilizando la apertura de su boca como yelmo. Obtuvo así una protección impenetrable. 

Hércules estrangulando al león de Nemea.
Vaso de cerámica del siglo V a.C.

El segundo trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue matar a la hidra de Lerna, una serpiente de agua gigante con nueve cabezas. Montado en un carro de combate conducido por su sobrino Yolao, Hércules acudió a la madriguera de la hidra. Cuando la hidra abandonó su guarida, Hércules comenzó a aplastar sus cabezas golpeándolas con su garrote. Sin embargo, de cada cabeza aplastada nacían dos nuevas, por lo que el héroe pronto se vio rodeado por las múltiples bocas del dragón. Mientras intentaba defenderse de las cabezas de la hidra, además, la diosa Hera envió un enorme cangrejo contra él. El cangrejo le mordió en un pie, aunque el héroe logró aplastarlo. Entonces, Yolao le ayudó a derrotar a la hidra. Mientras Hércules aplastaba las cabezas de la hidra, su sobrino abrasaba con tizones las cabezas que renacían de las heridas. Así, finalmente, Hércules arrancó la última cabeza de la hidra, que era inmortal, y la enterró bajo una pierda junto a un camino. A continuación, abrió el cuerpo de la serpiente y envenenó la punta de sus flechas mojándolas en su bilis.


Hércules y Yolao combaten a la hidra. 
Cerámica del siglo VI a.C.

Como tercer trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules capturar y llevar a Micenas a la cierva de Cerinia. La cierva de Cerinia, que tenía los cuernos dorados, estaba consagrada a la diosa Artemisa y por esa razón no se le podía dar caza. Hércules, que no podía por tanto abatir al animal con sus flechas, corrió tras ella con la intención de atraparla, pero la cierva resultó ser mucho más veloz que él. No obstante, el héroe poseía una fuerza sobrehumana, de modo que corrió tras la cierva sin parar durante días y noches hasta que, rendido de agotamiento, el animal cayó exhausto. Hércules capturó a la cierva finalmente, pero al hacerlo ofendió a Artemisa, quien descendió del Olimpo junto con su hermano Apolo y le arrebató al animal de las manos. Sin embargo, Hércules apaciguó la cólera de Artemisa y recuperó a la cierva tras explicar a los dioses el motivo de su captura. Entonces, tras llevar a la cierva ante Euristeo, la dejó en libertad. 

Como cuarto trabajo, el rey Euristeo ordenó a Hércules traer con vida al violento jabalí del monte Erimanto. En su búsqueda del jabalí, Hércules se hospedó con el centauro Folo, que vivía en una cueva situada al sur de la guarida de la bestia. El centauro ofreció de buen gusto carne asada a su invitado. Él, en cambio, como criatura salvaje, la comía cruda. Lo que Folo no le ofreció fue el vino de la tinaja común de los demás centauros, pues temía enfurecerlos. Sin embargo, Hércules terminó por convencer a su anfitrión, quien destapó la tinaja y le ofreció beber de su interior. Entonces, al percibir el aroma del vino, furiosos, los demás centauros irrumpieron en la cueva de Folo armados con pesadas piedras y blandiendo troncos de abeto. Hércules ahuyentó a los primeros centauros que entraron en la cueva lanzándoles brasas y, cuando los demás huyeron, los persiguió hasta Malea acosándolos con su arco y sus flechas. 

Los centauros acudieron a Quirón, hijo de Cronos y maestro de héroes, en busca de ayuda. Cuando el héroe los encontró, disparó una de sus flechas envenenadas contra uno de ellos, pero el proyectil atravesó el brazo del centauro y alcanzó a Quirón. Afligido, Hércules corrió hacia Quirón y le arrancó la flecha, pero la herida del centauro resultó ser incurable, pues el proyectil estaba envenenado con la sangre de la hidra de Lerna. Los demás centauros huyeron del lugar y, padeciendo terribles dolores, Quirón se retiró a su cueva. Aunque el maestro centauro deseaba morir para escapar del dolor, su vida jamás abandonaría sus miembros, pues era inmortal. Así pues, Quirón renunció a su inmortalidad ante Zeus a cambio de la liberación del titán Prometeo, logrando de ese modo escapar del dolor. Al regresar a la cueva del centauro Folo, Hércules descubrió que éste también había muerto, pues inspeccionando una de las flechas de Hércules, Folo se la había clavado accidentalmente, muriendo al instante. 


Hércules contra los centauros. 
Cerámica del siglo V a.C.

Tras enterrar a su amigo, Hércules continuó con la caza del jabalí. Lo hizo salir de la espesura aturdiéndolo con sus gritos y lo condujo después hacia la espesa nieve. Cuando el jabalí quedó atrapado en la nieve, Hércules lo apresó y lo llevó ante el rey Euristeo. Asustado, Euristeo, que aún recordaba el horrible aspecto del león de Nemea, recibió a Hércules escondido en una tinaja de bronce. 

Como quinto trabajo, Euristeo ordenó a Hércules limpiar los establos del rey Augias, hijo del dios Helios, en un solo día. Sin revelarle la orden de Euristeo, Hércules aseguró a Augias que limpiaría los establos a cambio de una décima parte de todos sus rebaños. Augias, que no creyó posible que el héroe fuera capaz de retirar todo el estiércol de los establos en un único día, accedió a su propuesta. Para llevar a cabo aquella labor imposible, Hércules recurrió a su ingenio. En vez de limpiar el estiércol a mano, Hércules desvió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y los hizo atravesar el interior de los establos. Pero cuando Augias se enteró de que Hércules había limpiado los establos por mandato de Euristeo, se negó a entregarle la recompensa acordada aduciendo que el héroe en realidad no tenía elección a la hora de limpiarlos. Augias incluso negó que hubiera prometido darle una compensación, y aunque Fileo, el propio hijo de Augias, testificó en favor de Hércules, el rey se negó a cumplir su parte del acuerdo. Finalmente, Augias expulsó a Hércules y a su propio hijo de sus tierras. 

Pero Hércules no olvidaría jamás la traición del rey y, años más tarde, tras realizar el último de sus trabajos, reunió un ejército para marchar contra su ciudad. Después de asesinar a los generales del ejército de Augias en una emboscada, tomó su ciudad y mató al rey y a todos sus hijos salvo Fileo. En agradecimiento a éste, quien había testificado en su favor, el héroe le entregó el trono del rey Augias. Además, para brindar prosperidad al reino de Fileo, Hércules fundó los primeros Juegos Olímpicos, que tendrían lugar cada cuatro años. 

El sexto trabajo que Euristeo encomendó a Hércules fue expulsar a las aves devoradoras de hombres del lago Estinfalo, que podían atravesar una armadura de bronce o hierro con sus afilados picos. Estas aves, que habitaban las boscosas orillas del lago, eran tan numerosas que Hércules no sabía cómo hacerlas salir a todas de la espesura. Sin embargo, la diosa Atenea acudió en su ayuda y le entregó unas castañuelas de bronce fabricadas por Hefesto, el dios herrero. Tocando los platillos de Hefesto entonces desde lo alto de una montaña que se alzaba junto a la laguna, el héroe logró a asustar a las aves. Cuando las aves abandonaron la espesura del bosque, las abatió una a una con su arco y sus flechas. 

 Para leer sobre los seis últimos trabajos de Hércules, haz click <aquí>.


Fuentes:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.
Teócrito, Idilio XXV.

Los doce trabajos de Hércules, primera parte: el nacimiento, la juventud y el matrimonio de Hércules

El dios Zeus, señor del Olimpo y rey de todos los dioses, decidió engendrar a un héroe que ganara gran renombre y combatiera junto a los dioses para poner fin a la guerra contra los gigantes. Así pues, habiendo ordenado a Helios detener su carro, Zeus se unió a la princesa Alcmena durante una noche de tres días de duración. De aquella unión nació Hércules, el mayor de todos los héroes, quien estaba destinado a llevar a cabo extraordinarias hazañas.

La diosa Hera, quien odiaba a Hércules por ser hijo de Zeus y una mortal, intentó causar la muerte del héroe desde un principio. Cuando Hércules tenía tan sólo diez meses, la reina de los dioses envió dos enormes serpientes a su cuna para que lo devoraran. Sin embargo, el bebé agarró a ambas serpientes por el cuello y, valiéndose de su fuerza sobrehumana, las asfixió hasta la muerte. 

Hércules Farnesio, siglo III. Copia 
romana en mármol del original griego 
en bronce del siglo IV a.C. 

En su juventud, Hércules fue educado por los mejores maestros de Grecia. Éurito, nieto de Apolo, el dios arquero, le enseñó el manejo del arco y las flechas. Autólico, el mejor de los ladrones, y Cástor, hijo de Zeus, lo instruyeron en el arte del combate cuerpo a cuerpo. Anfitrión, esposo de Alcmena, le enseñó a conducir carros de guerra. Y Lino, hermano del propio Orfeo, el mayor de los poetas, fue su profesor de música. 

Aunque tenía grandes aptitudes para el combate, a Hércules le costaba aprender a tocar la lira. En una ocasión, su maestro Lino, exasperado, llegó incluso a golpearlo. Entonces Hércules, en defensa propia, le devolvió el golpe con su cítara acabando sin quererlo con su vida. Aunque el joven había actuado en defensa propia, temiendo que volviera a ocurrir algo parecido, el rey Anfitrión envió a Hércules a cuidar bueyes. Así pues, Hércules llegó a la edad adulta atendiendo los rebaños de su familia. 

Siendo ya un hombre, por ser hijo de Zeus, Hércules aventajó a todos en fuerza y estatura, y sus ojos brillaban con el resplandor del fuego. Cuando un león procedente de la tierra de Citerón comenzó a devorar los ganados del rey Tespio y de la familia de Hércules, éste decidió darle caza. En los cincuenta días que duró su cacería, Hércules se hospedó en el palacio del rey Tespio. El rey, que deseaba que sus hijas tuvieran un hijo con Hércules, le entregó una cada noche para que se uniera con ellas. Y él, que pensaba que cada noche yacía con la misma joven, las dejó embarazadas. Finalmente, Hércules logró dar caza al león de Citerón, y, cuando regresaba de la cacería, se topó con los heraldos de la ciudad de Orcómeno.

Los heraldos se dirigían a Tebas, la ciudad de Hércules, para recaudar un desproporcionado tributo impuesto por la fuerza, pero Hércules les cortó la nariz y las orejas y se burló de ellos ordenándoles que se las llevaran como tributo a su rey en su lugar. Indignado por la burla de Hércules, Ergino, rey de Orcómeno, reunió a su ejército y marchó contra Tebas. Sin embargo, Hércules, tomando las armas de la diosa Atenea, logró matar a Ergino en la batalla y puso en fuga a sus soldados. El héroe obligó entonces a los habitantes de Orcómeno a pagar un tributo doble a la ciudad de Tebas. 

Ruinas de la fortaleza de Tebas, hogar de Hércules 
durante su infancia según la mitología.

Como recompensa por sus servicios, Creonte, rey de Tebas, entregó a Hércules a su hija Mégara por esposa, con quien fundaría una familia. Sin embargo, cuando la celosa diosa Hera infundió un terrible ataque de locura a Hércules, éste arrojó a sus hijos a una hoguera. Al recobrar la cordura, horrorizado por sus propias acciones, el héroe abandonó Tebas y se presentó ante el viejo rey Tespio, quien le había acogido durante la cacería del león. 

Tras ser purificado por el anciano, Hércules partió a Delfos para preguntar al oráculo dónde habría de establecerse en el futuro. En Delfos, la Pitia le indicó que debería llevar a cabo una serie de trabajos al servicio de Euristeo, rey de Tirinto. Asimismo, la Pitia le reveló que ganaría la inmortalidad como recompensa por dichas pruebas y le dio entonces por primera vez el nombre de Hércules, pues hasta aquel momento el héroe se había llamado Alcides, como su abuelo.

Para leer los doce trabajos de Hércules, pincha en los siguientes enlaces:



Fuente:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica.

lunes, 24 de marzo de 2014

El oráculo del rey Leónidas


«¡Vosotros, oh habitantes de la extensa Esparta! O bien vuestra gloriosa ciudad será saqueada por los hijos de Persia, o bien, en compensación, toda Lacedemonia habrá de lamentar la pérdida del rey, descendiente de Heracles. Pues no podrá detener a Jerjes ni la fuerza de los toros ni la de leones, ya que es poderoso como Zeus. No se detendrá hasta haber devorado totalmente a uno de estos dos: vuestro rey o vuestra ciudad.»


Heródoto, Historias (libro VII), siglo V a.C.